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Celtic resucita en Europa con un cambio brillante

En una noche que en Glasgow no olvidarán pronto, Celtic se asomó al abismo europeo… y volvió rugiendo. El equipo de Martin O'Neill pasó de acariciar una quinta derrota continental consecutiva a tumbar a Besiktas por 3-2 en Celtic Park, impulsado por unos cambios que olieron a genio más que a simple ajuste táctico.

Durante casi una hora, el guion apuntaba al desastre. El penalti transformado en dos tiempos por Junior Olaitan, tras la parada inicial de Sam Johnstone, parecía la enésima puñalada a una campaña europea que se desangraba. Era el tipo de golpe que en las últimas semanas habría derrumbado a este Celtic. Esta vez no.

O'Neill miró al banquillo y decidió cambiarlo todo.

El giro del partido: tres cambios, un nuevo Celtic

Callum Osmand, Camilo Duran y Colby Donovan saltaron al césped poco después de la hora de juego. Tres nombres, un mensaje: o reaccionar, o morir.

La respuesta fue inmediata. Demoledora.

A los 65 minutos, Osmand tocó su primer balón y lo mandó a la red. Control, disparo y explosión en las gradas. El empate no solo cambió el marcador; cambió el ánimo, el lenguaje corporal, la energía de un equipo que llevaba semanas bajo sospecha.

Besiktas, que hasta entonces había manejado los tiempos con cierta comodidad, empezó a sufrir. Liam Scales obligó a Alexander Nubel a una gran intervención en un córner, y el ambiente en Celtic Park se volvió eléctrico, casi de vieja noche europea.

El siguiente golpe llegó al 79. De nuevo Osmand en el corazón de la jugada, filtrando un pase que dejó a Duran mano a mano. El delantero encaró, dribló al guardameta y definió con calma. De 0-1 a 2-1 en un cuarto de hora. El estadio temblaba.

Un mazazo turco y una respuesta de carácter

Cuando el partido parecía encarrilado, Besiktas lanzó su último dardo. Orkun Kokcu entró desde el banquillo y, a cinco minutos del final, soltó un derechazo seco desde unos 25 metros. El balón salió raso, ajustado al palo, imposible para Johnstone. 2-2. Silencio, incredulidad, ese murmullo de “otra vez no”.

Pero este Celtic, al menos por una noche, se negó a repetir viejos errores.

Dos minutos después, Kieran Tierney apareció por la izquierda, levantó la cabeza y encontró a Duran. El delantero, frío donde otros se habrían precipitado, controló, esperó el momento justo y empujó el balón a la red con un toque sutil. 3-2. Estallido definitivo. No había espacio para el miedo, solo para el alivio y la euforia.

Duran firmaba su doblete. Osmand se marchaba con un gol y una asistencia. Y las decisiones de O'Neill se convertían, de golpe, en la historia central de la noche.

Una reacción que el club llevaba meses esperando

Lo llamativo no fue solo el resultado, sino la manera. Durante dos meses, a este Celtic se le había acusado de falta de intensidad, de piernas, de carácter. Ante Besiktas, el segundo tiempo fue todo lo contrario: carreras constantes, agresividad en los duelos, ambición con balón.

Sebastian Tounekti había encendido la primera chispa en el minuto 8 con una gran acción por banda que Benjamin Nygren no acertó a convertir. James Forrest probó a Nubel nada más arrancar la segunda parte con un disparo duro y raso. Jordan Lotomba, pese al penalti absurdo que cometió sobre Ernest Poku, se rehízo con una cabalgada memorable desde su propio campo que a punto estuvo de acabar en gol.

En la retaguardia, Cameron Carter-Vickers apareció en el momento justo para bloquear una ocasión clara de Leandro Trossard. La zaga, con Tierney y Scales muy serios, sostuvo al equipo cuando el 0-1 podía haber hecho mucho daño.

O'Neill, satisfecho y desafiante, no escondió su orgullo tras el pitido final. Habló de un triunfo “terrífico en todos los aspectos”, de un equipo que “vino rugiendo de vuelta” después del penalti, y de unos suplentes que cambiaron el partido con su velocidad y determinación. Señaló a Tierney, a Colby Donovan, a Mika Baur en el medio, como ejemplos de carácter y rendimiento. Y subrayó algo esencial: “Había que encontrar la red, y lo hicimos”.

Europa sigue abierta… y el vestuario, encendido

La clasificación sigue siendo incómoda: Celtic continúa en la parte baja de la tabla de la Europa League. Pero con cuatro partidos por delante, el panorama ya no es el de una misión imposible. Este 3-2 no garantiza nada en términos matemáticos, pero sí lo cambia todo en términos emocionales.

La pregunta que sobrevolaba la noche la lanzó desde la banda un analista: ¿inspiración desde el banquillo o once inicial equivocado? Quizá la respuesta pueda esperar. Lo tangible es que el equipo encontró, por fin, la mezcla de calidad, orgullo y energía que había perdido.

En una fecha que en el Reino Unido siempre trae recuerdos, el cinco de noviembre quedará marcado en la memoria de Celtic por otra razón: fue la noche en la que un equipo tocado decidió rebelarse. Y ahora, con la Europa League aún al alcance, la verdadera incógnita es si este arrebato será solo una chispa… o el inicio de una auténtica remontada continental.