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Justin Gaethje se prepara para defender su cinturón contra Islam Makhachev

Justin Gaethje no se esconde: defendería su cinturón ante cualquiera, incluido Islam Makhachev.

La noche en la que se coronó como campeón indiscutido de peso ligero no fue una velada cualquiera. Fue en el césped de la Casa Blanca, escenario insólito para un evento que ya forma parte de la historia de la compañía: UFC Freedom 250. Un cartel que, sobre el papel, generó más quejas que ilusión entre los aficionados, convencidos de que se trataba de una versión menor de una gran gala. Se equivocaron.

Desde la primera campana hasta el último segundo del combate estelar, la velada ardió. Ningún juez tuvo trabajo: todas las peleas terminaron por detención. Ni una sola decisión. Solo nocauts, sumisiones y paradas. Puro riesgo.

Y por encima de todo ese caos controlado, emergió Justin Gaethje.

El nuevo rey ligero y un viejo nombre en el horizonte

Gaethje firmó una actuación de campeón ante un rival duro, de esos que no se quiebran fácil. Salió con el cinturón, sí, pero también con algo más pesado que el oro: la diana en la espalda. Ahora, sentado en la cima de la división, el estadounidense ya habla del siguiente gran reto.

Ese nombre, inevitable, es Islam Makhachev.

Gaethje ya había pedido enfrentarse al ruso antes de que este dejara el peso ligero para perseguir gloria en welter. Era entonces un posible choque campeón contra campeón. Para que esa superpelea cobre vida, el estadounidense tendría que aceptar de nuevo. Y lo haría.

«Diría que sí», admitió Gaethje sobre un posible duelo con Makhachev. «Siempre me defendería a mí mismo; defendería mi cinturón contra quien quisieran que lo hiciera. Sin embargo, sé que hay una posibilidad negativa de un millón por ciento de que ese hombre vuelva a dar 155. No hay manera».

La frase resume bien la paradoja: Gaethje no rehúye a nadie, pero tampoco cree que el ruso pueda volver jamás al peso ligero.

Respeto absoluto, gusto personal aparte

Gaethje no oculta la enorme admiración que siente por la carrera de Islam Makhachev. Respeta su trayectoria, su dominio y el modo en que ha elevado el estándar de los luchadores de su estilo.

Pero otra cosa es encender la televisión para verlo. Ahí, el campeón ligero se permite ser aficionado.

«Me gustan los ganadores», explicó. «Así que soy un gran fan de Islam Makhachev. Yo deseo otra cosa cuando veo MMA. Todos tenemos nuestros propios sesgos. Entonces, ¿es mi noche favorita cuando pelea Islam Makhachev? No, pero respeto absolutamente lo que es y por qué está donde está».

Gaethje separa el espectáculo del mérito. No niega la calidad del daguestaní, simplemente admite que su estilo no es el que más le entretiene como espectador.

La fábrica de campeones del Sambo

Cuando habla de Makhachev, Gaethje no se queda en la superficie del resultado. Mira al origen. A la formación. A la cultura.

«Es un factor enorme que estos chicos que hacen Sambo en esas partes del mundo vean sumisiones desde tan jóvenes», señaló. Para el estadounidense, ese aprendizaje precoz marca la diferencia en la jaula.

Y no se queda ahí. También subraya la disciplina férrea que, a su juicio, define a muchos peleadores de esa región. «No solo eso, son musulmanes. Nunca han bebido ni fumado nada en su vida. Su disciplina es insuperable. Y se merece cada reconocimiento y logro que tiene. Cómo pelea y lo que la gente piensa no significan nada».

En la boca de un hombre como Gaethje, que ha construido su nombre a base de guerras, el elogio pesa. Reconoce en Makhachev algo que trasciende el gusto personal: una ética de trabajo, un compromiso casi religioso con la profesión.

El campeón ligero ya ha dejado clara su postura: cinturón en juego, rival que pongan delante. Si algún día Islam Makhachev decide intentar lo imposible y volver a 155, la pregunta no será si Justin Gaethje lo acepta. Será si alguien en el deporte puede detener a dos de las fuerzas más implacables del octágono chocando en el mismo peso.