Kawhi Leonard regresa a Toronto: un nuevo capítulo para los Raptors
Siete años después de tocar el cielo con el título de 2019 y marcharse en cuanto se abrió la agencia libre, Kawhi Leonard vuelve a Toronto. El círculo se cierra con un traspaso tan agresivo como inequívoco: los Raptors quieren dejar de ser una promesa y volver a ser un problema serio en el Este.
El acuerdo, oficial desde el lunes, es pesado en nombres y en futuro. Toronto recupera a su antiguo Finals MVP desde LA Clippers a cambio de:
- Gradey Dick y Brandon Ingram
- Dos primeras rondas sin protección
- Un intercambio de primera ronda
- Dos segundas rondas
Un precio alto. Del tipo que solo se paga cuando el plan ya no es crecer, sino competir.
Un muro que se refuerza
Los Raptors ya venían de una temporada de salto evidente: 16 victorias más que en 2024-25 y su mejor diferencial en seis años, +2,9 puntos por 100 posesiones. Quinto mejor rating defensivo de la liga (112,1 encajados por 100). Un equipo largo, agresivo, que vive de manos rápidas y de negar triples cómodos.
Pero contra los mejores se vio el techo. Ante los 10 mejores ataques de la NBA, esa defensa bajó al 12.º lugar (117,3 puntos permitidos por 100 posesiones). En el primer tramo de playoffs, también 12.ª defensa. Sólidos, sí. Aplastantes, no.
Y hubo un problema que se repitió: las faltas. Toronto terminó 23.º en frecuencia de tiros libres del rival, con 27,9 intentos por cada 100 tiros de campo concedidos. En postemporada la cifra se disparó a 31,8. Demasiados regalos.
Ahí entra Leonard. Ya no es el terror absoluto de hace cinco o seis años, pero sigue siendo un defensor positivo, con lectura, manos activas… y una virtud que encaja perfecto en este contexto: casi no hace faltas. En la última temporada firmó 122 robos, 27 tapones y solo 78 personales. Entre 378 jugadores con al menos 500 minutos, nadie tuvo una ratio (robos + tapones) / faltas tan alta como la suya.
En la pintura, Jakob Poeltl ha pasado de ancla fiable a foco de preocupación. Ha sufrido en espacio abierto y acaba de registrar su peor marca protegiendo el aro: los rivales anotaron un 63,9% en el aro cuando él estaba ahí. En playoffs, pese a ser titular en los siete partidos, el novato Collin Murray-Boyles jugó muchos más minutos (191 por 134).
La idea es clara: una primera línea con Leonard, Scottie Barnes y Murray-Boyles sería más baja, pero tremendamente intercambiable, agresiva y móvil. Cambios automáticos, brazos por todas partes y una intensidad que debería sostener un nivel top 5… esta vez también frente a las élites ofensivas.
Cambiar a Ingram por Leonard no es solo un golpe de efecto mediático. Es una declaración defensiva.
El cierre de partidos que faltaba
Toronto corre. Y corre bien. Tercero de la liga en puntos en transición, con 28,6 por noche. Su defensa genera pérdidas, y de ahí nace buena parte de su ataque.
Pero cuando el reloj baja de seis segundos, el equipo se apaga. Solo Indiana Pacers tuvo peor porcentaje de tiro efectivo que los Raptors (43,3%) en los últimos seis segundos de posesión. En playoffs, esos detalles matan.
Leonard vive justo en esa zona gris donde la mayoría de los ataques se ahogan. En las últimas tres temporadas, firmó un 53,0% de eFG en los últimos seis segundos de posesión, noveno mejor registro entre 131 jugadores con al menos 250 intentos en ese tramo. Cuando todo se atasca, él encuentra un tiro.
También en el uno contra uno la diferencia con Ingram es notable. Ambos están entre los 28 jugadores que más han aislado en las últimas tres campañas (mínimo 1.000 posesiones de aclarado). Los Clippers anotaron 1,07 puntos por posesión en las isolations de Leonard, sexto mejor dato de ese grupo. En cambio, Pelicans y Raptors se quedaron en 0,99 puntos por posesión con Ingram, 24.º de esos 28.
La foto global es contundente: los Raptors han tenido el sexto peor ataque de la NBA en los últimos tres años. Si mantienen la avalancha en transición y, cuando el balón quema, se apoyan en Leonard, el techo ofensivo cambia de planta. No se trata solo de sumar puntos, sino de tener una respuesta fiable cuando el plan A se rompe.
Toronto no ha tenido un cierre de partidos así desde la primera etapa de Kawhi. Y lo sabe.
Un gigante de mayo y junio
El recuerdo de 2019 domina cualquier conversación sobre Leonard en Toronto, pero su currículum de playoffs va mucho más allá de ese anillo. En términos de producción y eficiencia, está en la mesa de los más grandes.
En la historia de la NBA hay 89 jugadores que han promediado al menos 20 puntos en 10 o más partidos de playoffs. Leonard, con 21,5 puntos de media en 146 encuentros, tiene la segunda mejor eficiencia real de tiro (true shooting) de ese grupo: 62,1%, solo una décima por debajo de Anthony Davis (62,2%), que ha disputado menos de la mitad de partidos (60).
Desde 2017, sus números en postemporada son de superestrella total: 28,6 puntos por partido con un 63,2% de true shooting en 71 duelos. Es uno de los cinco jugadores en la historia con al menos tres playoffs (2017, 2019 y 2021) promediando 25 o más puntos y un 60% o más de TS en 10 partidos o más.
Toronto, en su reciente eliminación en siete partidos ante Cleveland Cavaliers, anotó ligeramente por encima de la media de la primera ronda (111,9 puntos por 100 posesiones). Competitivo, sí. Demoledor, no.
La llegada de Leonard apunta justo a ese hueco: un anotador primario capaz de sostener volumen alto con una eficiencia de élite cuando las defensas se cierran, las piernas pesan y cada posesión vale una vida.
Clippers: fin de una era, inicio de otra
Mientras Toronto mira hacia arriba, LA Clippers aprieta el botón de reinicio. Y lo hace después de años de caminar por la cuerda floja entre el talento y la frustración.
Durante el ciclo de Leonard en Los Ángeles, la franquicia firmó el cuarto mejor balance de temporada regular de toda la liga. El matiz duele: fue el mejor registro entre todos los equipos que no levantaron el trofeo en esos siete años.
Hace solo un año, el proyecto seguía apostando por la vía veterana. Bradley Beal, John Collins, Brook Lopez y Chris Paul se sumaban a un núcleo con Leonard, James Harden e Ivica Zubac. Una constelación de nombres, un plan claro: ganar ya.
Hoy, de esos siete solo sigue Brook Lopez. Paul tuvo una segunda etapa fugaz en la ciudad, Harden y Zubac salieron en el cierre de mercado, Leonard se marcha a Toronto y Beal y Collins, ambos agentes libres sin restricciones, parecen lejos de continuar.
El dato de continuidad es demoledor. Con Kobe Sanders previsto para seguir, los jugadores bajo contrato (o con acuerdos ya cerrados) para 2026-27 representan solo el 42% de los minutos disputados por Clippers en 2025-26. Ningún equipo de la liga tiene una tasa tan baja. Si renuevan a los restringidos Bennedict Mathurin y Jordan Miller, subirían hasta el 52%, aún así el segundo porcentaje más bajo, apenas por encima de Los Angeles Lakers.
Cinco meses atrás, Clippers era uno de los proyectos más veteranos: solo el 12% de sus minutos venían de rookies o jugadores de segundo año, 24.º puesto de la NBA en ese apartado. Desde el 1 de febrero, el giro ha sido radical.
El futuro se construirá alrededor de Darius Garland y el novato Keaton Wagler, con más juventud, más margen de error y menos urgencias inmediatas. El precio emocional es alto: decir adiós a Leonard significa cerrar definitivamente la ventana del gran experimento angelino.
Toronto, en cambio, vuelve a abrir la suya con el hombre que ya una vez cambió la historia de la franquicia. La pregunta es sencilla y brutal: ¿queda todavía una última carrera de campeón en las piernas de Kawhi Leonard?




