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Kyle Lowry y Vince Carter: trayectorias hacia la gloria en Toronto

CALEDON, Ont. — Algunas camisetas se discuten, se debaten, se ponen en una balanza histórica. La de Kyle Lowry nunca fue una de ellas. Era una contraataque a campo abierto, bandeja sola, mate asegurado.

En enero, el número 7 subirá al techo del Scotiabank Arena. Y lo hará al lado del 15 de Vince Carter, la otra figura fundacional de una franquicia que, por fin, ha aprendido a contar su propia historia.

Dos leyendas, dos rutas opuestas

En la pista, Carter y Lowry no podían ser más distintos. Carter vivía en el aire, un fenómeno que convirtió a los primeros Raptors en un espectáculo global. Lowry construyó su legado desde el suelo: cuerpo a cuerpo, lectura, sacrificio, esa mezcla de dureza y astucia que lo transformó de trotamundos de la liga en cerebro de un campeón.

Sus caminos hacia el mismo honor también fueron opuestos.

El de Carter fue largo, áspero, lleno de heridas abiertas. El de Lowry, en cambio, ha sido casi quirúrgico: planificado, consensuado, sin sobresaltos. Una despedida a la altura de un jugador que siempre quiso controlar la narrativa de su salida de Toronto.

En noviembre de 2024, el 15 de Carter inauguró el cielo de los Raptors. En enero, el 7 de Lowry se convertirá en el segundo número retirado de una franquicia que ya suma 32 años de vida. Dos camisetas, dos eras, un mismo mensaje: Toronto ya sabe cuidar a sus íconos.

El adiós perfecto de Lowry

El último capítulo de Lowry como jugador de la NBA se escribió donde tenía que escribirse: en Toronto. El 7 de julio firmó un contrato simbólico de un día para retirarse oficialmente como Raptor. No fue un gesto improvisado. Era la confirmación de algo que él mismo había adelantado en plena temporada 2020-21, cuando el equipo jugaba exiliado en Tampa por la pandemia y su salida vía traspaso parecía inminente: su último contrato sería con Toronto.

Lo cumplió.

Se va como líder histórico de la franquicia en asistencias, robos, triples, victorias y triunfos en playoffs. Y, sobre todo, como el director de orquesta del título de 2019, el punto más alto de la historia del club.

Su retiro activó una celebración por etapas. Este fin de semana, Toronto vive la Fase 2 de la despedida.

Todo empezó donde Lowry se siente cómodo fuera de la cancha: en un campo de golf. El KLOW Invitational, torneo benéfico en el TPC Toronto at Osprey Valley, recauda fondos para la MLSE Foundation. Desde ahí, el homenaje se traslada al corazón de la ciudad.

El sábado, Kyle’s Block Party tomará Jurassic Park, el icónico espacio frente al Scotiabank Arena, en un evento gratuito para aficionados. Por la noche, A Night For Seven, una gala también en apoyo a la MLSE Foundation, pondrá el broche a 36 horas de fiesta en torno al base que cambió la identidad de los Raptors.

La lista de invitados deja claro el peso del número 7: Fred VanVleet, DeMar DeRozan, Serge Ibaka, CJ Miles, Danny Green y el exentrenador Nick Nurse compartieron hoy los hoyos con Lowry. Vieja guardia, viejos lazos.

“Es algo que no esperaba y lo aprecio”, reconoció Lowry. “Las palabras no pueden describir lo que siento por lo que han hecho”.

Las cicatrices de Carter, la madurez de los Raptors

Para entender por qué todo fluye con tanta naturalidad con Lowry, hay que volver atrás. A Carter. A cómo terminó aquello.

El entonces joven superestrella salió de Toronto envuelto en polémica, traspasado a comienzos de la temporada 2004-05. Se le acusó de haber bajado los brazos, de haber abandonado al equipo justo cuando despegaba hacia el estrellato. Con los años, quedó claro que también podía reclamar que la franquicia no estuvo a la altura de sus obligaciones con su jugador franquicia.

Carter nunca rompió con la ciudad ni con los aficionados. Muchos aficionados sí rompieron con él. Dolió. Y tardó en curar.

Hicieron falta casi diez años para que las emociones se enfriaran lo suficiente como para reconstruir el vínculo. El perdón no llegó de un día para otro, se trabajó poco a poco, hasta desembocar en aquella noche de noviembre de 2024, cuando el 15 subió al techo entre lágrimas, ovaciones y una sensación de círculo cerrado.

“El club estaba en un lugar muy distinto cuando Vince estaba aquí”, resume alguien que conoce bien los pasillos de la franquicia. “Kyle se benefició de las lecciones aprendidas entonces”.

Nurse, ahora al frente de unos renovados Philadelphia 76ers —precisamente el rival el 10 de enero, día del retiro del 7—, lo ve como un síntoma de crecimiento institucional: “La organización está madurando con los años. Ahora tiene ocasiones y éxitos que celebrar. Es una franquicia relativamente nueva en el gran esquema de las cosas. En nuestro gimnasio en Filadelfia tenemos a Moses (Malone) y Dr. J en lo alto. Ahora los Raptors empiezan a contar sus historias también”.

Toronto ya no improvisa. Diseña. Planifica. Entiende que estos actos no son solo nostalgia: son cultura, identidad, un mensaje hacia dentro y hacia fuera.

Un modelo de homenaje… y un mensaje para la liga

El guion de Lowry no se parece al de Carter en lo emocional, pero sí en la puesta en escena. En ambos casos, los Raptors han apostado por algo más que una simple ceremonia en el descanso de un partido.

Con Carter, la franquicia rescató una cancha construida por su fundación en sus años de jugador y hasta puso en el aire un avión con decoración especial de Air Canada en honor a “Air Canada”. Con Lowry, la agenda se extiende a golf, fiestas de aficionados, gala benéfica, presencia masiva de excompañeros.

Nada es casual. Toronto quiere que sus grandes figuras sientan que tienen un hogar permanente en la organización. Es una inversión emocional interna, pero también un mensaje muy concreto al resto de la NBA.

“Los jugadores hablan, los agentes hablan”, apunta una fuente. “Se fijan en estas cosas”.

El mensaje es simple: aquí se cuida a los nuestros.

¿Quién será el próximo en subir?

Con Carter y Lowry ya asegurados en el techo, la gran incógnita es quién será el siguiente Raptor en ver su número retirado.

El candidato más evidente es DeMar DeRozan. Máximo anotador histórico del club, líder en partidos disputados, símbolo de una era y ahora a las puertas de su temporada número 18, esta vez con Denver Nuggets.

“Eso espero”, confesó DeRozan cuando le preguntaron si imaginaba su número 10 junto a los de Carter y Lowry. “Esto siempre será casa para mí”.

Lowry, en este asunto, no duda: “El 10 debería estar ahí arriba, sin ninguna duda”.

El otro gran nombre es Pascal Siakam. Hoy en Indiana Pacers, dejó en Toronto dos apariciones en los mejores quintetos de la liga, un puesto de titular en el equipo campeón de 2019 y quizá la mejor historia de desarrollo que ha producido la franquicia.

Ni DeRozan ni Siakam se marcharon por decisión propia. En ambos casos hubo, y puede que aún haya, heridas por cómo terminó su etapa en los Raptors. Pero el ejemplo de Carter demuestra que el tiempo lima incluso los bordes más afilados. Y el de Lowry confirma que la organización está decidida a reconocer a quienes marcaron su camino.

¿Y Kawhi? ¿Y Scottie?

El caso de Kawhi Leonard es distinto, casi único. Su impacto en Toronto fue devastador… en un solo año. Un título, una temporada irrepetible, un recuerdo imborrable. ¿Alcanza una campaña, por brillante que sea, para el máximo honor de una franquicia? No, hoy no.

Pero el futuro abre una rendija. Si el número 2 termina su carrera como Raptor, si los próximos tres años traen varias apariciones en playoffs y alguna carrera profunda en postemporada, la conversación cambiaría de tono. Y Leonard no parece cerrar esa puerta.

Fuentes cercanas al jugador señalan que una de las razones por las que eligió volver a Toronto es precisamente la posibilidad de convertirlo en su hogar definitivo en la liga, una opción que no tenía tan clara después de cómo acabaron sus etapas en San Antonio y, sobre todo, en Los Angeles Clippers.

Más intrigante aún es el caso de Scottie Barnes. Entra en su sexta temporada como dos veces all-star y con una presencia en el segundo mejor quinteto de la liga ya en su currículum. Tiene solo 25 años y ya figura entre los diez primeros de la franquicia en puntos (octavo), rebotes (octavo), asistencias (sexto) y tapones (séptimo). Si mantiene el ritmo, antes de Navidad también se colará en el top 10 de robos.

Con Barnes, los Raptors han llegado dos veces a playoffs y, con Leonard ahora en el vestuario, el plan es apuntar más alto, mucho más alto, en los próximos años.

Estuvo presente en la gran noche de Carter. Estará en el pabellón cuando el 7 de Lowry suba al techo. Si algún día le toca a él, tendrá la certeza de algo clave para cualquier estrella: en Toronto, ya saben cómo escribir finales a la altura de sus leyendas.