Lakers: ¿Son suficientes los cambios para volver a pelear por el anillo?
¿Han hecho realmente los Lakers lo suficiente para volver a pelear por el anillo? La pregunta lleva todo el verano sobrevolando Los Ángeles, desde el momento en que la franquicia permitió la salida de LeBron James y entregó las llaves del proyecto a Luka Doncic, con Austin Reaves como socio principal y una plantilla casi completamente rehecha a su alrededor.
ESPN, a través de Zach Kram, lo resumió con crudeza: los Lakers han sido uno de los equipos más hiperactivos del mercado, pero la actividad no siempre equivale a progreso. Llegaron Walker Kessler, Sandro Mamukelashvili, Quentin Grimes, Collin Sexton, Kevon Looney, Jaden Hardy, Matisse Thybulle y Ziaire Williams. Se marcharon James, Rui Hachimura, Marcus Smart, Luke Kennard, Deandre Ayton y Jaxson Hayes. Mucho movimiento. Mucho ruido. No tantas certezas.
Kram valoró positivamente las incorporaciones de profundidad, como Thybulle y Williams, piezas útiles para dar consistencia a la rotación. El problema es otro: ¿cómo se reemplaza el impacto global de LeBron, incluso ya en la cuarentena? La respuesta, por ahora, es que no se ha hecho. Y con menos flexibilidad salarial y estructural, cuesta sostener que este grupo esté más cerca del título que el anterior.
La teoría se pondrá a prueba más adelante. Hoy, el examen es otro: si las piezas que rodean a Doncic realmente potencian al que ya es el rostro de la franquicia a sus 27 años.
Sexton, ¿solución o dilema en los minutos decisivos?
Una de esas piezas es Collin Sexton. Sobre el papel, un fichaje lógico: un base capaz de generar su propio tiro, de organizar en ataque y de asumir balón cuando Doncic descansa. En la práctica, el encaje no es tan limpio, sobre todo cuando el reloj aprieta.
El periodista Jovan Buha, muy cercano al día a día de la franquicia, puso el dedo en la llaga: los Lakers podrían tener serios problemas para utilizar a Sexton en los cierres de partido si comparten pista él, Doncic y Reaves. Tres pequeños. Mucho talento ofensivo. Demasiadas dudas atrás.
“Creo que este ha sido mi mayor problema con la construcción de la plantilla de los Lakers”, explicó Buha. Valora la importancia de contar con un buen base suplente y reconoce que el equipo cubre esa necesidad con Sexton. Pero ve un techo claro: sus limitaciones defensivas reducen el margen para alinearlo junto a Austin y Luka. En su opinión, eso le saca de la ecuación en los minutos de máxima exigencia y ante rivales de élite en playoffs como Oklahoma City, San Antonio o New York.
La etiqueta es dura: un jugador útil, pero no necesariamente un hombre de cierre.
Un base fiable… con minutos contados
Sexton, 27 años, llega con un rol bien definido: ser el organizador de referencia cuando Doncic se sienta. Más allá del All-NBA esloveno, quizá sea el único base puro de la plantilla con capacidad real para iniciar la ofensiva y marcar ritmo. Esa es su puerta de entrada a la rotación.
Buha, sin embargo, ve su impacto ideal en una escala menor. No como un jugador de 24 a 26 minutos por noche, como en temporada regular, sino en un rango de 16 a 18. Un recurso, no un pilar. Un seguro, no una pieza estructural.
Y ahí aparece la crítica de fondo: si no puede cerrar partidos al máximo nivel junto a las dos estrellas exteriores, ¿era Sexton la mejor inversión posible para un equipo que vive obsesionado con su techo competitivo? El periodista lo plantea sin rodeos: habría preferido dedicar ese espacio a un perfil capaz de complementar mejor a Doncic y Reaves en los minutos clave, alguien que pudiera compartir pista con ellos sin que la defensa se resquebraje.
Sexton cubre una necesidad. No necesariamente potencia a los mejores.
El debate del “qué hubiera pasado si…”
Los números recuerdan que Sexton no es un cualquiera. En la 2020-21, con Cleveland Cavaliers, firmó más de 24 puntos y 4 asistencias por partido, un rendimiento de nivel All-Star. La temporada pasada, con Charlotte Hornets, promedió 14,2 puntos y 3,7 asistencias. Producción contrastada, capacidad para anotar y crear. No es un experimento.
La cuestión es de encaje, no de talento.
Si los Lakers hubieran apostado ese contrato multianual por un ala-pívot titular, un interior versátil capaz de dar tamaño, rebote y defensa, ¿estaríamos hablando hoy de tantas dudas estructurales? Es discutible, pero el debate existe dentro y fuera de la liga.
Buha entiende el argumento del “seguro”: puedes casi dar por hecho que Luka y Austin se perderán entre 10 y 15 partidos cada uno. En ese escenario, Sexton es oro, porque sostiene el ataque, mantiene el sistema funcional y evita que el equipo se derrumbe sin su estrella. El problema aparece cuando se mira más arriba.
Según su lectura, el techo de estos Lakers se agrieta precisamente ahí. Lo que realmente importa en una franquicia como esta no es tanto el suelo —la capacidad de sobrevivir a las bajas en temporada regular— como el techo: qué tan alto pueden llegar cuando todo está en juego y todos están disponibles.
Y ese techo dependerá, casi exclusivamente, de la salud y la disponibilidad de Doncic y Reaves.
Sexton ofrece versatilidad, puntos y organización. Puede tener noches de impacto alto. Pero si sus virtudes quedan limitadas por la imposibilidad de compartir pista con las dos figuras principales en los tramos más calientes, su influencia se reduce a un contexto muy concreto.
Los Lakers han cambiado de era, han apostado por un nuevo núcleo y han movido medio vestuario para construir a su alrededor. Ahora la pregunta ya no es cuántos nombres han sumado, sino si han elegido a los correctos para los minutos que realmente definen una temporada.




