Liam Lawson logra tercer puesto en Interlagos tras clasificación caótica
En un fin de semana en el que su porvenir en la Fórmula 1 se decide lejos del asfalto, Liam Lawson eligió la mejor respuesta posible: el cronómetro. Tercero en la parrilla del Gran Premio de Brasil tras una sesión de clasificación caótica, empapada y retrasada más de una hora en Interlagos. Un mensaje directo a quien tenga que tomar decisiones en Red Bull.
La lluvia convirtió la clasificación en una lotería peligrosa. Bandera roja a menos de dos minutos de iniciarse la Q1, coches patinando, estrategias hechas trizas y un circuito que cambiaba de cara en cada vuelta. Cuando la sesión se reanudó, casi 90 minutos después, lo que quedó fue un auténtico “shootout”: pista secándose, tiempos cayendo y la obligación de clavar la vuelta en el momento exacto.
Lawson no titubeó. Mientras la tabla de tiempos se movía sin parar, el neozelandés se mantuvo fuera de la zona de peligro con autoridad. Su 1:32.085 en Q1 le dio el séptimo puesto, con más de 1,2 segundos de margen para entrar en Q2. Tranquilo, limpio, eficaz.
Golpe doble para Racing Bulls: los dos Alpine quedaron fuera a la primera. Franco Colapinto partirá 17º y Pierre Gasly 18º. En la batalla por el campeonato de constructores, es oro puro.
Sin Verstappen en pista, Lawson se abre camino
La Q2 arrancó con un detalle clave: Max Verstappen ni siquiera volvió a salir. Con una penalización de 30 posiciones por cambio de unidad de potencia, Red Bull optó por guardar neumáticos. Un rival menos en la lucha por el top 10, un hueco más que aprovechar.
Con la pista mejorando, Lawson marcó un primer intento de 1:30.922 que lo dejó cómodo en la zona de clasificación. Cuando el asfalto ofreció un poco más de agarre, el equipo arriesgó: cambio a intermedios y vuelta decisiva. El cronómetro marcó 1:27.049. Segundo en la sesión, a solo 0,304 de George Russell, líder de la Q2. Velocidad pura, sin excusas.
No todos en Racing Bulls tuvieron la misma fortuna. Arvid Lindblad sufrió un problema mecánico y se quedó tirado en la curva cinco. Eliminado en la 12ª posición. Para rematar el caos, el debutante de Haas, Rafael Camara, golpeó las barreras y provocó una nueva bandera roja a menos de un minuto del final. Fin abrupto para una Q2 que ya venía en modo supervivencia.
Una Q3 imposible… y el mejor Lawson
Entre Q2 y Q3, el cielo volvió a abrirse. Más agua, menos agarre. Las condiciones ya no permitían mejorar lo hecho en la fase anterior. Lawson lo entendió rápido: no se trataba de volar, sino de no cometer errores.
Su mejor giro en Q3, 1:28.321, solo alcanzó para el quinto puesto en la tabla. Pero Interlagos aún guardaba un giro de guion. Las sanciones a George Russell (cinco posiciones) y Charles Leclerc (diez) empujaron al neozelandés hasta la segunda fila. Tercero en la parrilla. Igualando su mejor posición de clasificación, la lograda en el Gran Premio de Azerbaiyán del año pasado, donde también firmó su mejor resultado en carrera: quinto.
El contexto hace que el logro pese todavía más. Lawson fue el coche más rápido del universo Red Bull en Interlagos, por delante de todos los monoplazas de la estructura. Su compañero más cercano, Isack Hadjar, clasificó séptimo y saldrá quinto. Verstappen, lastrado por su sanción de 30 posiciones, arrancará 21º. Lindblad, tras el problema en Q2, partirá 12º.
En la punta, Lando Norris se llevó la pole con un registro inalcanzable: Lawson se quedó a 0,851 del McLaren. A su lado saldrá el flamante campeón del mundo, Kimi Antonelli, completando una primera fila de altísimo voltaje. Justo detrás, en la segunda, un invitado inesperado: Nico Hülkenberg, con el Audi, compartirá fila con Lawson. Una imagen que resume bien el caos de la tarde.
Oportunidad bajo la lluvia
Para Racing Bulls, la clasificación roza lo perfecto: un coche en segunda fila, Alpine hundido desde la Q1 y un domingo que se anuncia otra vez pasado por agua. Son las condiciones donde Lawson se siente más cómodo. Donde suele marcar diferencias.
El Gran Premio de Brasil, a 71 vueltas, comenzará el lunes a las 6 de la mañana. Si el cielo vuelve a romperse sobre Interlagos, el neozelandés sabe que no solo se juega puntos. Se juega argumentos. Y quizá, un asiento definitivo en la parrilla del año que viene.




