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Mark Chapman deja New Zealand Cricket por la Big Bash

Mark Chapman ha tomado una decisión clara y valiente: renuncia a su contrato central con New Zealand Cricket para 2026-27 y se pasa a un acuerdo casual con el objetivo de quedar libre para disputar la Big Bash League. Un movimiento que refleja el pulso actual del cricket mundial, donde las ligas T20 más potentes compiten de frente con el calendario internacional.

Chapman, sin embargo, no se baja del barco de los BLACKCAPS. Seguirá disponible para la inminente serie en casa frente a India, igual que otros cuatro internacionales que también operarán bajo contratos casuales: Finn Allen, Lockie Ferguson, Adam Milne y Tim Seifert. Es una fórmula híbrida, a medio camino entre la estructura tradicional de selecciones y la realidad económica y deportiva que marca el circuito de franquicias.

Calendario de la BBL

La razón de fondo es el calendario. La BBL 2026-27 se disputará del 12 de diciembre al 26 de enero, fechas que chocan de lleno con la exigente agenda de Nueva Zelanda: una gira de cuatro Tests en Australia del 9 de diciembre al 8 de enero y, de vuelta a casa, el tramo de bola blanca de la serie ante Sri Lanka, con tres ODIs y el primer T20I fijado precisamente para el 26 de enero. Para un jugador con perfil de bola blanca como Chapman, el dilema era evidente.

“Estoy agradecido a New Zealand Cricket por su apoyo ahora y durante toda mi carrera”, señaló Chapman. “La próxima serie contra India es una que todos los jugadores esperamos con muchas ganas, y estoy totalmente comprometido con rendir al máximo en esa serie”.

El mensaje es nítido: prioriza la Big Bash, pero no se desvincula de la camiseta negra.

Fisher entra en escena

La plaza que deja Chapman en la lista de contratos centrales no ha tardado en encontrar dueño. El elegido es Matthew Fisher, rápido de Northern Districts, que firma su primer contrato central con New Zealand Cricket. Un salto importante para un jugador al que el entorno de los BLACKCAPS ve como pieza clave para el futuro inmediato.

Con la promoción de Fisher al grupo de contratos nacionales, se abre a su vez un hueco en Northern Districts para incorporar a otro jugador a su lista contractual y seguir alimentando la base de talento. Es un movimiento en cadena que ilustra cómo una decisión individual, la de Chapman, termina reconfigurando varias capas de la estructura.

Daryl Gibson, Chief High Performance Officer de New Zealand Cricket, subrayó el valor de la velocidad de Fisher y la intención de cuidarla. Según explicó, el rápido ha impresionado en las oportunidades que ha tenido con los BLACKCAPS y su ritmo es un recurso que la organización quiere proteger y desarrollar.

Profundidad para un calendario implacable

La elección de Fisher no responde solo al potencial, sino a la necesidad. Gavin Larsen, seleccionador de Nueva Zelanda, lo dejó claro al apuntar al calendario que se avecina. Los BLACKCAPS encaran una temporada cargada, con especial peso en el formato largo: Tests contra India, Australia y Sri Lanka en pocos meses. Sin una batería de rápidos profunda, competir a ese nivel se convierte en una quimera.

Larsen destacó que Fisher aporta “pace” genuino, esa velocidad de élite que cambia partidos y equilibra cualquier once. En un año en el que la rotación de seamers será obligatoria por volumen de juego y carga física, contar con un brazo capaz de lanzar a alta velocidad se vuelve casi un seguro de vida.

El verano neozelandés no da tregua. Todo arranca con una serie gigantesca ante India en casa: 12 partidos entre el 22 de octubre y el 1 de diciembre, repartidos en cinco ODIs, cinco T20Is y dos Tests. Una prueba total, en todos los formatos, frente a una de las potencias más completas del planeta.

Tras ese bloque, el equipo cruzará el Tasman para medirse a Australia en una serie de cuatro Tests, un reto histórico y emocional para cualquier jugador neozelandés. Y, desde mediados de enero, regreso a casa para recibir a Sri Lanka durante un mes: tres ODIs, tres T20Is y dos Tests para cerrar un tramo de competición de máxima exigencia.

En ese contexto, la decisión de Chapman simboliza la encrucijada del cricket moderno: jugadores que buscan maximizar sus opciones en las grandes ligas T20 sin romper del todo el vínculo con su selección. Para New Zealand Cricket, el reto es otro: mantener un núcleo competitivo, gestionar egos y calendarios, y seguir encontrando perfiles como Matthew Fisher que permitan sostener el nivel cuando la temporada aprieta de verdad.