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Mundial FIBA 2026: Team USA sin A’ja Wilson

En menos de 24 horas, el balón volará en Berlín. El Mundial FIBA femenino 2026 se abre paso y, con él, la primera gran prueba de un Team USA que llega tocado, pero con la misma exigencia de siempre: oro o fracaso. Cinco títulos consecutivos pesan. También inspiran.

El debut será este viernes 4 de septiembre ante China, en Berlín, a las 8:15 a.m. ET. Un estreno incómodo, frente a una potencia en pleno crecimiento, para una selección que aterriza sin dos de sus grandes referentes: A’ja Wilson y Kelsey Plum, fuera por lesión.

Sin red de seguridad: Lawson, ante su primer gran rompecabezas

Kara Lawson no tendrá margen para la nostalgia. Sin Wilson ni Plum, la seleccionadora está obligada a reinventar su rotación y a exprimir al máximo el talento disponible, manteniendo a cada pieza en su rol natural para sostener el equilibrio del grupo.

La idea es clara: experiencia al mando, piernas jóvenes alrededor, y una estructura que proteja el aro sin perder colmillo ofensivo. Con ese prisma, el quinteto proyectado en Berlín apunta a ser tan reconocible como exigente.

Chelsea Gray: la brújula veterana

Todo empieza con Chelsea Gray (Las Vegas Aces) al timón. Lawson necesita una base que haya sentido el vértigo de los grandes torneos, y Gray encaja de lleno en ese perfil en un perímetro repleto de debutantes en Mundiales y Juegos Olímpicos con la absoluta.

Su rol, eso sí, tiene matices. En el torneo clasificatorio FIBA de marzo jugó poco y produjo aún menos: 5,6 puntos y 4,8 asistencias por partido en cinco encuentros. No fue el centro del proyecto, fue parte del laboratorio. Ahora la pregunta es otra: ¿cuántos minutos y cuánta responsabilidad le dará Lawson como auténtica generala en pista?

La respuesta marcará el tono del torneo para Estados Unidos.

Jackie Young: el candado y el cuchillo

A su lado, Jackie Young (Las Vegas Aces) se perfila como escolta titular. Nunca ha jugado un Mundial, pero su perfil es oro puro para este tipo de torneos: una de las mejores jugadoras de dos vías del plantel, capaz de anotar desde tres niveles, generar para las demás y castigar atrás.

En París 2024 con la selección, promedió 9,5 puntos, 2,3 rebotes, 2,3 asistencias y lideró al equipo en robos con 1,5 por noche. Producción silenciosa, pero constante. Ese tipo de jugadora que no pide el foco, pero cambia partidos.

Con Gray y Young, Lawson asegura control del balón, dureza defensiva en el perímetro y oficio en finales apretados.

Napheesa Collier: sacrificio por el colectivo

El siguiente movimiento táctico apunta a Napheesa Collier (Minnesota Lynx). Habitual ala-pívot, todo indica que se desplazará al puesto de alero para este Mundial. Un ajuste que habla tanto de su versatilidad como de las necesidades del equipo.

Collier tampoco ha jugado un Mundial con la absoluta, pero ya sabe lo que es ganar el oro olímpico: estuvo en los equipos campeones de Tokio 2020 y París 2024, donde firmó 6,7 puntos, 6,5 rebotes y 1,3 asistencias de media. No es una estrella de números desbordados en la selección, es una pieza que engrasa sistemas.

Su presencia en el “tres” permitirá a Lawson alinear tamaño, rebote y defensa en las alas sin renunciar a movilidad. Una apuesta valiente en un torneo donde cada emparejamiento puede decidir medallas.

Breanna Stewart: la columna vertebral

En el puesto de ala-pívot, el nombre es innegociable: Breanna Stewart (New York Liberty). Tres oros mundiales la convierten en la voz más autorizada del vestuario en este tipo de escenarios. También en el ancla de casi todo lo que quiere construir Lawson.

Stewart será la encargada de liderar la producción en la pintura, proteger el aro y sostener la estructura defensiva. En el Mundial 2022 firmó 12,8 puntos, 6,6 rebotes, 3,0 asistencias, 1,3 robos y 1,4 tapones por partido, ganándose un lugar en el Quinteto Ideal del torneo.

En Berlín, su responsabilidad irá más allá de las estadísticas: será la que tape agujeros, cambie de posición cuando haga falta —pudiendo actuar de pívot en momentos clave— y marque el estándar competitivo del grupo.

Aliyah Boston: el vacío de Wilson, en manos de la nueva torre

Sin A’ja Wilson, el centro de la zona tiene nueva dueña: Aliyah Boston (Indiana Fever). El plan es claro: explotar su defensa en el uno contra uno, su lectura en la pintura y su capacidad para castigar a interiores menos móviles.

Boston no estuvo en la plantilla del torneo clasificatorio del Mundial 2026 —se retiró antes de la competición—, pero sí en el Preolímpico 2024, donde promedió 5,0 puntos, 5,5 rebotes, 1,0 robo y 1,0 tapón en casi 23 minutos por encuentro.

Es una apuesta directa: confiar en que su impacto atrás y su presencia física compensen la ausencia de la estrella de Las Vegas. Si Boston impone su ley en la zona, Estados Unidos mantendrá su identidad defensiva intacta.

El banquillo: dinamita joven y muchas incógnitas

Ahí es donde el torneo puede cambiar de tono. Las rotaciones aún son una incógnita, pero hay un grupo de jugadoras llamadas a aparecer pronto desde el banco:

  • Caitlin Clark (Indiana Fever), en relevo de Chelsea Gray
  • Paige Bueckers (Dallas Wings), como relevo de Jackie Young
  • Kahleah Copper (Phoenix Mercury), detrás de Napheesa Collier
  • Kiki Iriafen (Washington Mystics), sustituyendo a Breanna Stewart
  • Angel Reese (Atlanta Dream), como relevo de Aliyah Boston

La gestión de minutos de Gray abrirá la puerta a Caitlin Clark. Y ahí el guion cambia. MVP del torneo clasificatorio del Mundial, la base firmó 11,6 puntos y 6,4 asistencias de media en marzo. Visión de juego de élite, tiro desde tres niveles, capacidad para acelerar o frenar el ritmo a su antojo.

Cada vez que Clark entre, la selección se transformará. Más vértigo, más rango de tiro, más riesgo. Un arma que puede desbordar a defensas europeas, pero también exigir máxima concentración al resto.

Al lado de ella, Paige Bueckers debería asumir minutos como escolta suplente. Su juego de dos vías encaja bien con el molde de Young: aporta en ambos lados de la pista, entiende el juego y no necesita monopolizar el balón para influir.

Kahleah Copper, por su parte, ofrece un relevo ideal a Collier. Una combinación que mezcla físico, agresividad hacia el aro y versatilidad defensiva en las alas. Un “uno-dos” que puede asfixiar a cualquier perímetro rival.

En la pintura, todas las miradas irán hacia Kiki Iriafen y Angel Reese. Las dos deberían disfrutar de muchos minutos, aunque el uso exacto que hará Lawson de ellas sigue siendo una de las grandes dudas.

Reese ya ha actuado como pívot en Atlanta Dream esta temporada por las lesiones del equipo. Esa experiencia abre la puerta a verla también como “cinco” en este Mundial, permitiendo quintetos más móviles y agresivos en el rebote ofensivo.

Clark lo resume: “Cada vez es más difícil ganar”

En medio de todas estas piezas, una frase de Caitlin Clark encaja con el momento del baloncesto femenino mundial. “Jugar aquí en el Mundial ya es algo especial en sí mismo. A veces esta es una competición incluso más dura que los Juegos Olímpicos. Una de las partes más divertidas es que el juego internacional y el talento están creciendo y creciendo. Estas competiciones son cada vez más difíciles de ganar”, dijo a FIBA.

No es una frase vacía. El contexto la respalda: más selecciones competitivas, más estrellas repartidas por el mundo, menos margen para el error.

Estados Unidos sigue siendo el rival a batir. Pero ya no llega con la sensación de invulnerabilidad de otros tiempos. Llega sin Wilson, sin Plum, con un núcleo que mezcla leyendas de Mundial con debutantes hambrientas.

El telón se levanta en Berlín. El objetivo es el mismo de siempre: colgarse el oro el 13 de septiembre. La pregunta es otra: ¿bastará este nuevo equilibrio entre experiencia y juventud para mantener viva la dinastía?