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Neemias Queta brilla en victoria histórica de Portugal sobre España

España llegaba como gigante. Favorita por 12,5 puntos, plagada de jugadores con pasado o presente NBA, con el prometedor Hugo Gonzalez y el ex de los Celtics Juancho Hernangomez al frente de una selección acostumbrada a mandar en cualquier pista FIBA. Al otro lado, Portugal, sin tradición de élite, con un solo jugador NBA: el pívot de Boston, Neemias Queta.

Y fue precisamente Portugal la que derribó la puerta que siempre había estado cerrada.

Victoria por 95-89. Primera vez en la historia que la selección portuguesa derrota a España en un torneo oficial. Un resultado que no solo rompe un muro simbólico, también mantiene vivo el sueño de un billete inédito para el Mundial, con un balance de 4-3 en la fase de clasificación.

En el centro de todo, Queta.

El pívot de los Celtics firmó 16 puntos con 5/10 en tiros de campo y capturó 9 rebotes, creciendo a medida que avanzaba la segunda parte y convirtiéndose en el ancla de un equipo que ya no se conforma con competir: quiere estar en la mesa grande.

Un líder para una selección que ya no se esconde

Portugal viene asomando. El pasado año regresó a Eurobasket por cuarta vez en su historia y por primera desde 2011. No es un detalle menor para un país sin tradición profunda en la élite continental. Es el síntoma de algo que se está moviendo.

Queta se ha colocado en la primera línea de ese cambio. No solo como referencia interior, también como rostro visible de una generación que empieza a creérselo.

“Es algo que está creciendo”, explicó a Eurohoops. “Estamos mejorando muchísimo como país en este deporte. Siento que es lógico que yo también siga mejorando. Solo quiero estar aquí compitiendo al máximo y aceptar los resultados”.

La frase encaja con lo que se vio ante España: un jugador que ya no se limita a ocupar espacio en la zona, sino que marca el tono físico y emocional del equipo. Cada rebote, cada continuación, cada defensa larga contra un rival acostumbrado a mandar en Europa suma a una narrativa clara: Portugal ya no sale a cumplir el expediente.

Y ese crecimiento internacional no llega en un vacío. Encaja de lleno con el momento que vive Queta en su carrera NBA.

Un contrato que cambia el tablero en Boston

Este verano, los Celtics enviaron un mensaje nítido a su pívot: confían en él a largo plazo. Queta acordó una extensión de cuatro años y 56 millones de dólares que entrará en vigor después de esta temporada. Es su primer gran contrato en la liga. Un salto económico y de estatus.

Los números del curso pasado sostienen la apuesta. El interior firmó 10,2 puntos y 8,4 rebotes de media en 76 partidos, con 75 de ellos como titular. Para un jugador que apenas había participado en 48 encuentros en sus tres primeras campañas, entre Sacramento y Boston, el salto de responsabilidad fue enorme.

Pero el nuevo contrato trae también otra cara: la exigencia. Ya no es un proyecto interesante ni un recurso puntual. Es una pieza a la que se le pedirá impacto constante, sobre todo en los momentos en los que se decide una temporada.

La última primavera dejó una herida abierta. Boston dejó escapar una serie ante los Sixers tras ir 3-1 arriba. En ese contexto, el presidente de operaciones, Brad Stevens, fue claro al analizar el papel de su pívot. Señaló que Queta no logró imponer su presencia en el aro y sufrió para contener a Joel Embiid sin cargar de faltas.

“Para ser honesto, una de las cosas con Neemi fue simplemente averiguar cómo mantenerlo en pista”, reconoció Stevens. “Porque tuvo dos partidos en los que estaba fuera en cuatro minutos”.

Son frases que pesan. Y que explican los movimientos posteriores de la franquicia.

Mitchell Robinson, presión directa en el puesto de cinco

Boston no se quedó de brazos cruzados. Si el equipo necesitaba más intimidación y control del aro, la dirección deportiva decidió buscarla en el mercado. La respuesta fue la firma del ex pívot de los Knicks, Mitchell Robinson, uno de los mejores reboteadores e intimidadores interiores cuando está sano.

El mensaje es doble. Por un lado, los Celtics se blindan en una posición clave, conscientes de que el duelo en la pintura suele decidir series de playoffs. Por otro, envían un reto directo a Queta: nada está garantizado.

Robinson llega con reputación defensiva y experiencia en grandes escenarios, pero también con un historial de lesiones que abre una ventana clara de minutos para el pívot portugués. Aunque el ex de New York se quede con la titularidad, la rotación interior necesitará a un Queta sólido, disciplinado y capaz de traducir su impacto FIBA al contexto NBA.

Para el jugador, la ecuación es simple: mejorar o quedarse atrás. Y el escenario actual, entre la selección y Boston, le obliga a acelerar su evolución.

Portugal, un examen inmediato antes del gran año

Mientras tanto, el presente de Queta pasa por la camiseta de su país. La victoria ante España ha encendido todas las alarmas en Europa: Portugal ya no es un rival cómodo para nadie. El 4-3 en el grupo mantiene intacta la carrera por un billete al Mundial, pero no deja margen para la relajación.

El próximo escollo es Georgia, también con 4-3, en un duelo directo que se siente como una final anticipada. Un partido que puede definir no solo la clasificación, sino la percepción internacional de esta selección.

Para Queta, cada minuto en esa pista es un laboratorio de alta exigencia: contacto físico, lectura táctica, responsabilidad como referencia ofensiva y defensiva. Todo lo que Boston le pedirá a partir del próximo curso, comprimido en ventanas FIBA.

Portugal persigue su primer Mundial. Los Celtics, otro anillo. En medio, un pívot que acaba de tumbar a España y que entra en la temporada más determinante de su carrera. La pregunta ya no es si puede estar a la altura. Es cuánto tiempo tardará en demostrar que ese techo, quizá, se ha quedado corto.