Nigar Sultana deja la capitanía de Bangladesh en T20I para centrarse en su bateo
Nigar Sultana salió del campo en Korogi Sports Park con dos certezas bajo el brazo: Bangladesh había sido barrido por India y su etapa como capitana en el formato T20I se acercaba al final. La wicketkeeper, referente absoluta del equipo, confirmó que renuncia al brazalete para centrarse en lo que siempre la definió primero: su bateo.
La decisión no llegó por impulso ni por enfado. Ya había comunicado a la federación que no seguiría como capitana tras los Asian Games. Entre rumores de descontento con la directiva y versiones de falta de apoyo, Nigar fue tajante.
“No, es totalmente falso que me haya ido porque estaba dolida”, dijo ante la prensa tras la durísima derrota en semifinales ante India. “Como bateadora, como jugadora, tengo mucho más que darle a mi país y a mi equipo. Quiero centrarme en eso, y por eso tomé esta decisión”.
Un golpe de realidad ante India
El marcador fue contundente y, a la vez, revelador: India 195/4, Bangladesh 81 all out en 15,4 overs. Una diferencia de 114 carreras que no deja margen para excusas.
Bangladesh fue invitado a lanzar primero y nunca encontró la forma de frenar a una India desatada. Shafali Verma firmó su primer centenar en T20I, un 100* de apenas 49 bolas que destrozó cualquier plan de contención. Cada error en longitud, cada bola suelta, fue castigada sin piedad.
Con casi 200 carreras en contra, la respuesta de Bangladesh se desmoronó desde el inicio. No hubo resistencia real. No hubo ancla en el orden alto. Solo una sucesión de salidas que reflejaron, de manera cruda, la fragilidad de la alineación.
Nigar no escondió nada. “Cuando persigues un total tan grande, este tipo de colapso es natural”, admitió. Pero no se quedó ahí. “Con un poco mejor de bowling, podríamos haberlas limitado a menos carreras”.
El análisis fue más duro cuando miró a su propio grupo de bateadoras: “Cuando un equipo se derrumba por tan pocas carreras, nosotras, como bateadoras, claramente no asumimos ninguna responsabilidad. Si al menos una bateadora del top order se hubiera quedado hasta el final, podríamos haber sumado más carreras”.
La comparación con el otro partido del día dolía aún más: Sri Lanka había logrado 107 carreras en la misma superficie frente a Pakistan. Bangladesh ni siquiera se acercó a esa cifra.
Preparación mínima, consecuencias máximas
El contexto tampoco ayudó. Lluvia, sesiones interrumpidas, planes rotos. El equipo llegó al duelo grande con apenas dos días de práctica real en Japón. Demasiado poco para un torneo de este nivel.
El choque ante China, que debía servir de entrada en calor, se fue al agua. El amistoso que habían planificado también se esfumó. Sin ritmo, sin partidos, sin adaptación al terreno.
“Prácticamente no tenemos instalaciones de entrenamiento aquí”, lamentó Nigar. “Si hubiéramos jugado ese primer partido contra China, habría sido mucho mejor para todo el equipo. Pero perdimos también esa oportunidad. En general, diré que todo el equipo jugó un cricket muy pobre”.
No era una excusa. Era un diagnóstico. Y sonaba a aviso para quienes organizan, planifican y exigen resultados sin asegurar las condiciones mínimas.
Un último partido al mando y una medalla en juego
El torneo no ha terminado para Bangladesh. Queda el partido por el bronce ante Pakistan. Un duelo que, más allá del metal, lleva una carga emocional especial: será la última vez que Nigar Sultana lidere al equipo en T20I.
La capitana saliente, sin embargo, no se instala en el drama. Mira a Pakistan con confianza, apoyada en la historia reciente. “Tenemos un buen registro contra Pakistan. Hay un sentido de positividad ahí”, aseguró.
No hay promesas grandilocuentes ni discursos épicos. Solo una idea clara: cerrar su etapa como capitana con una respuesta competitiva, con carácter, tras una semifinal que dejó cicatrices.
Después, Nigar volverá a lo esencial. Al bate. A esa versión de sí misma que siente que todavía no ha alcanzado su techo. Bangladesh, golpeado pero no vencido, necesita precisamente eso: una líder que, sin brazalete, vuelva a marcar el camino desde el crease. Y un equipo que decida si esta goleada fue solo una mala noche… o el punto de inflexión que llevaba tiempo esperando.



