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Novak Djokovic y su comparación con Alcaraz y Sinner

Novak Djokovic lleva años instalado en la cima del tenis. A estas alturas, cada palabra suya pesa casi tanto como sus títulos. Y sus últimas declaraciones no han pasado de puntillas.

A sus 39 años, el serbio sigue compitiendo contra rivales que podrían ser sus hermanos pequeños. O casi sus hijos tenísticos. Tiene en su hoja de servicios una victoria sobre Jannik Sinner en 2026 y llevó al límite a Carlos Alcaraz en la final del Open de Australia posterior. No se ha bajado del tren de la élite. Ni parece dispuesto a hacerlo.

Pero esta vez no se habla de él por un triunfo, sino por cómo se ve reflejado en la nueva generación.

“Han copiado mi estilo”

En un avance de una charla con Kevin Hart en su pódcast, Djokovic aseguró que tanto Alcaraz como Sinner han tomado como referencia su forma de jugar. Según explicó, ve en ellos rasgos de su propio estilo y lo atribuye a la influencia que ha tenido en la evolución del deporte.

El mensaje, en su intención, era de orgullo. No buscaba restar mérito a los jóvenes, sino subrayar que su legado va más allá de los trofeos y se proyecta en la manera en que compiten las nuevas estrellas.

La comparación con Sinner encajó mejor. El italiano, sólido desde el fondo, ordenado tácticamente y con una capacidad notable para convertir defensa en ataque, sí recuerda por momentos a la versión más quirúrgica de Djokovic.

Con Alcaraz, en cambio, la reacción fue distinta.

Críticas por el paralelismo con Alcaraz

El nombre del murciano apareció en la misma frase y las redes se encendieron. Muchos aficionados consideran que el español representa una ruptura estilística, un torbellino creativo más cercano a un híbrido entre potencia y improvisación que a la sobriedad milimétrica del serbio.

Un usuario en X lo resumió con crudeza: “Estoy genuinamente sin palabras a estas alturas. Lo digo totalmente en serio. No sé qué decir”. Un reflejo del desconcierto que provocó escuchar a Djokovic atribuirse parte del molde de un jugador al que muchos ven como algo completamente nuevo.

El debate se disparó. ¿Hasta qué punto un campeón tiene derecho a reclamar influencia sobre quienes vienen detrás? ¿Dónde acaba la admiración y empieza la apropiación?

Un legado bajo la lupa

Djokovic ha construido su carrera a base de romper barreras, sobrevivir a la era de Roger Federer y Rafael Nadal y, después, seguir sumando cuando la nueva ola ya apretaba. Su vigencia ante Sinner y Alcaraz, con casi dos décadas de diferencia entre generaciones, sostiene su discurso de influencia.

Pero el tenis también vive de percepciones. Y en la figura de Alcaraz muchos ven precisamente lo contrario: una energía distinta, un riesgo permanente, un tenis menos calculado y más visceral. Escuchar que “ha copiado” el estilo de Djokovic choca con esa narrativa.

El serbio, sin embargo, no se movió en el terreno del desprecio. Habló de orgullo, de legado, de huella. El problema no fue el fondo, sino la sensibilidad de una afición que defiende con uñas y dientes la singularidad de su nueva estrella.

Djokovic sigue sumando victorias, polémicas y debates. A los 39 años, todavía marca el ritmo. La cuestión es cuánto de ese ritmo están realmente siguiendo Alcaraz y Sinner, y cuánto están reinventando por su cuenta.