Pakistán desata la tormenta en Edgbaston
Durante dos días, Pakistán había ido a remolque en Edgbaston. El viernes, al cierre de la tercera jornada, se marchó del campo con 449 en el marcador, su mayor total de la serie, una ventaja de 119 y el partido súbitamente girado. Inglaterra tendrá que perseguir 130 en el cuarto día. Nadie lo vio venir con tanta fuerza.
Una mañana de resistencia y oficio
Azan Awais y Shan Masood, los dos bateadores que habían sobrevivido a la víspera, salieron con calma, casi con frialdad. Sabían lo que esperaba: Jofra Archer, corto de longitud y largo de intención, hostigando con bouncers desde el primer momento. Gus Atkinson se sumó al plan, duro de castigar, pero fue Josh Tongue quien ofreció resquicios.
Había algo de movimiento en el aire y desde el pitch, pero no lo suficiente para desarmar a dos zurdos bien plantados. Awais y Masood fueron limando la ventaja, golpe a golpe, sin prisas. Alrededor de la pausa para bebidas, ambos alcanzaron el medio centenar. Pakistán, por fin, respiraba.
La asociación, sin embargo, se rompió en seco con el primer intento serio de Inglaterra por cambiar el guion: el spin. Dan Lawrence entró al ataque y, en una pelota que parecía inofensiva, Awais intentó rozarla hacia la pierna. Toque mínimo, casi imperceptible. El árbitro dio “no out”, los cercanos apenas se inmutaron. Joe Root no dudó. Revisión rápida, decisión revertida. Inglaterra encontraba un respiro.
Masood y Babar devuelven el golpe
Lejos de frenar, Masood mantuvo la inercia. Esta vez con un socio de peso: Babar Azam, el capitán, que arrastraba una serie pobre, sin siquiera una entrada de dos dígitos. Entre los dos construyeron un stand de 89 carreras que cambió el tono del encuentro. No fue sólo volumen, fue autoridad: selección de golpes, paciencia, control.
Masood se quedó a las puertas de un centenar que parecía escrito. Lawrence, otra vez él, se lanzó a su derecha en el gully y atrapó una pelota baja con una mano. Una intervención de esas que se recuerdan en el vestuario. Pakistán perdía a su ancla, pero no su convicción.
Babar lucía cómodo, dueño del centro del escenario. Inglaterra, sin ideas claras, volvió a la receta más primitiva: bola corta, insistencia, desafío al orgullo. El capitán pakistaní aguantó una fase dura frente a Archer, pero terminó cayendo ante Tongue, cazado con una pelota hacia la pierna cuando el camino hacia el siglo parecía despejado. Siete overs más tarde, Saud Shakeel mordió el mismo anzuelo, gloving un short ball a short leg al intentar defenderse.
Colapso… y luego un huracán llamado Razaullah
El último acto del día arrancó con Pakistán a sólo 23 de Inglaterra, cinco wickets en mano y la sensación de que el control estaba cerca. Inglaterra respondió con un zarpazo triple: Saud Shakeel, Ghazi Ghori y Mohammad Imran Randhawa cayeron en rápida sucesión. De repente, la posibilidad de una ventaja sólida se tambaleaba. Dos wickets en pie. El margen, estrecho. El partido, en el aire.
Ahí apareció Razaullah. Veintiún años, debutante, sin el peso de la historia sobre los hombros. Entró y decidió que el partido no iba a morir a base de singles tímidos. Su 81 de 63 bolas fue una declaración de guerra al contexto y a la lógica. Nueve seis, récord para un debutante, y un estadio que pasó del murmullo a la incredulidad.
El asalto comenzó pronto. Tres veces mandó a Gus Atkinson por encima de la cuerda en un mismo over. Inglaterra, sorprendida, reculó de campo, pero la intención no cambió. Hubo un pequeño parón en la metralla, un par de overs de contención, y entonces Razaullah descargó otro golpe: seis monumental a Archer por encima de long off para sellar su medio siglo. Era ya su partido.
Mohammad Abbas, desde el otro extremo, aportó justo lo que necesitaba su joven compañero: serenidad, rotación de strike, criterio. No fue un espectador, sumó 42 valiosas carreras, pero su mayor aportación fue permitir que Razaullah se soltara. Con cada asociación, el novato se liberaba más, buscando la grada sin complejos.
Juntos sumaron 121 para el noveno wicket, una alianza que transformó una desventaja en una ventaja de 119. Inglaterra, que olfateaba la posibilidad de cerrar la entrada con una diferencia manejable, se encontró de repente mirando un marcador incómodo.
Abbas cayó ante Tongue en 42, cuando el daño ya era evidente. Razaullah aún añadió 10 más al total antes de que Lawrence, otra vez decisivo, lo cazara con un stumping para apuntarse su segundo wicket de la entrada y cerrar el telón pakistaní en 449.
Edgbaston se fue a dormir con una pregunta clara: ¿tendrá Inglaterra la calma y el temple para gestionar esos 130, o este joven Pakistán ha encendido una llama que no se apaga en un solo día?




