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Peor serie de aperturas de Pakistán en 35 años

La estadística es demoledora y casi cruel en su simpleza: 20 carreras en seis asociaciones de apertura a lo largo de tres Tests contra Inglaterra. Nada más. Nada menos. Es el registro conjunto más pobre de Pakistán en 35 años y una herida abierta en el corazón de su alineación.

El último golpe llegó en Edgbaston, en el tercer Test, cuando la pareja inicial de Pakistán cayó sin añadir un solo run al marcador en la segunda entrada. Un cero que no solo pesó en el tanteador, sino en el ánimo de todo el equipo.

Ese agregado de 20 carreras es el más bajo para las aperturas de Pakistán en una serie de Test desde la visita de West Indies en 1990‑91. Tres décadas y media después, la historia se repite con un tono aún más áspero.

Tres parejas, ninguna respuesta

El cuerpo técnico movió piezas. Probó tres combinaciones diferentes en la cima del orden. Ninguna funcionó.

Seis entradas. Tres dúos distintos. Ni una sola vez lograron una asociación de doble dígito. El mejor esfuerzo: apenas ocho carreras. En el cricket de Test, donde la solidez inicial suele marcar el tono de todo un partido, esa cifra suena casi a rendición.

Cada vez que los abridores se marchaban, la sensación era la misma: la puerta quedaba abierta de par en par para los lanzadores ingleses y el resto de la alineación pakistaní entraba al crease con el marcador en contra y la presión al máximo.

Azan Awais, solo contra la tormenta

En medio del caos, un nombre se sostuvo con algo de dignidad: Azan Awais. El joven fue el único abridor que ofreció un mínimo de consistencia a lo largo de la serie.

Sumó 129 carreras en seis entradas, a un promedio de 21,50. No es una cifra que cambie series, pero lo que la rodeó la vuelve significativa: prácticamente no recibió respaldo de ninguno de sus compañeros en la cima.

Imam-ul-Haq dejó una tarjeta desconcertante: 42 en una entrada, 0 en la otra. Shan Masood aportó 1 y 26. Saim Ayub, en su breve paso como abridor, se marchó con dos ducks consecutivos: 0 y 0. Mientras Awais peleaba, el resto se desmoronaba a su alrededor.

El resultado fue inmediato: el orden medio de Pakistán entraba a escena casi siempre bajo asedio, con la nueva pelota aún fresca, los lanzadores ingleses en pleno vuelo y el marcador en situación delicada desde el primer acto.

Edgbaston, símbolo del derrumbe

Lo ocurrido en la cima no fue un problema aislado del tercer Test; fue el síntoma más visible de un colapso colectivo. En la primera entrada en Edgbaston, Pakistán se desplomó hasta 133 all out. Una cifra baja, pero lo verdaderamente histórico estuvo en la forma.

Los cinco primeros bateadores del orden pakistaní cayeron todos con puntuaciones de una sola cifra. Uno tras otro, sin margen para respirar, sin una entrada de contención que frenara la hemorragia.

Nunca antes un equipo había perdido sus cinco primeros wickets con todos sus bateadores en dígitos simples en una primera entrada de Test en Inglaterra. El registro quedó sellado allí, en un día que Pakistán querrá olvidar, pero que las estadísticas no le permitirán borrar.

La serie deja una conclusión incómoda y directa: sin cimientos en la apertura, cualquier edificio se tambalea. Pakistán ya ha tocado un suelo histórico con sus abridores. La pregunta, de cara a los próximos Tests, es si encontrará la valentía y las soluciones para reconstruir desde esa ruina.