Preocupaciones sobre la subasta de derechos del IPL
El trofeo del IPL brilla en las fotos, pero detrás del metal pulido hay una preocupación que recorre la industria: el mayor producto del deporte indio se acerca a una nueva subasta de derechos mediáticos sin un verdadero mercado competitivo.
Faltan unos seis meses para que arranque la última temporada del ciclo de derechos 2023-27 del IPL, y el ruido de fondo es inquietante. Grandes actores del ecosistema del críquet temen que, sin un postor creíble más allá de JioStar, el torneo se quede sin una valoración real de su potencial y, sobre todo, sin la tensión competitiva que durante una década empujó los precios al alza.
No lo dice un crítico externo. Lo admite, con crudeza, Uday Shankar, vicepresidente de JioStar y una de las figuras más influyentes del negocio audiovisual deportivo, en el reciente ET World Leaders Forum. Hace diez años, recuerda, cuatro o más compañías pujaban de verdad por los grandes derechos. Se peleaban por las propiedades. Hoy, la sensación es muy distinta: “cada vez más, parece que somos los únicos en pie. Y eso no es sano”.
El problema no es solo de apetito. Es de ecuación económica. Shankar lo define sin rodeos: el coste de los derechos se ha disparado, la capacidad de monetizarlos no al mismo ritmo. El valor del deporte es enorme, pero si titular de los derechos, operador y plataforma no comparten un ecosistema sostenible, la burbuja se resiente.
En ese escenario, lo que más inquieta es la ausencia de un plan alternativo para el críquet indio. Que JioStar vaya a pujar fuerte por el IPL se da por hecho: su base de suscriptores vive, en gran parte, del consumo de críquet. Lo desconcertante es otra cosa: la incapacidad de la BCCI para sentar a más jugadores en la mesa.
El mundo ofrece pistas. Plataformas como YouTube y Netflix han ido entrando en el deporte en los mercados occidentales con una agresividad calculada. El movimiento de YouTube hacia la agregación y el empaquetado de derechos ya marca tendencia. La compañía ha dejado de ver el deporte como un conjunto de contratos aislados y lo ha convertido en ancla de un ecosistema de televisión de pago y suscripción.
Su acuerdo de siete años para la distribución exclusiva en Estados Unidos del NFL Sunday Ticket —valorado en unos 2.000 millones de dólares por temporada— funciona en dos niveles: refuerza el atractivo de YouTube TV y, al mismo tiempo, se vende como producto independiente a través de los canales de YouTube. Es un modelo híbrido, pensado para exprimir cada usuario.
El problema para India es que el ingreso medio por usuario en Occidente no se parece en nada al del subcontinente. No basta con decir “tenemos volumen”. La aritmética no cierra tan fácil. Aun así, si hay un mercado en esta parte del mundo donde tendría sentido que un gigante como YouTube probara suerte con derechos de críquet, es el de la India.
La otra gran plataforma mira también de reojo. El co-CEO de Netflix, Ted Sarandos, explicó recientemente a The Economic Times que la empresa está interesada en el deporte en directo, incluido el críquet, pero sin intención de convertirse en un “difusor deportivo convencional de temporada completa”. En ese matiz se abre una puerta. Una propiedad como el IPL encaja de lleno en ese terreno intermedio.
El torneo ofrece algo más que horas de directo: una mina de historias. Es un producto nacido en India, con un relato que conecta con más de mil millones de aficionados en casa, con una diáspora global inmensa y con mercados donde el críquet sigue siendo una de las exportaciones más eficaces del país y un discreto instrumento de poder blando.
Shankar lo resume con una frase que pesa: “en algún momento, la economía tiene que tener sentido”. Para que eso ocurra, la responsabilidad no puede recaer solo en los posibles postores. La federación debe vender, de forma activa y estratégica, un producto que, por cualquier métrica, es de altísimo valor.
El IPL es quizá el activo más codiciado del prime time indio. Pero confiar en que una plataforma a varios husos horarios de distancia entienda por completo la historia de la India sin escucharla de primera mano de quienes la escriben es, como poco, optimista.
Por eso importa tanto cómo llegue la BCCI a esta licitación. No basta con colgar el cartel y esperar a que llamen a la puerta. Hace falta una estrategia de mercado real, agresiva, que ponga el IPL delante de decenas de plataformas de medios, tecnología y streaming en todo el mundo que podrían tener un interés razonable.
JioStar es el Plan A. La pregunta ya no es si ese Plan A funcionará. La pregunta, incómoda y urgente, es si el críquet indio se atreverá a diseñar un Plan B. O incluso un Plan C. Porque un producto de este calibre no puede vivir eternamente con un solo comprador en la sala.




