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Racing Bulls y el futuro incierto de Liam Lawson

En Sao Paulo, mientras los monoplazas rugen, en Racing Bulls manda el silencio. Dos asientos sin dueño para 2025, un jefe que pide paciencia y un piloto, Liam Lawson, que ya no sabe qué más ofrecer para quedarse en la parrilla.

Alan Permane, director del equipo, lo dejó claro en Interlagos: esta vez no habrá decisiones impulsivas. Nada de ascensos relámpago ni castigos exprés. Un dardo elegante, pero evidente, hacia la histórica política de Red Bull con sus jóvenes.

«Red Bull ha tenido un programa de jóvenes muy exitoso», recordó, antes de matizar que, cuando se mira con lupa, algunos pilotos quizá no tuvieron “el tiempo suficiente para asentarse” y que en ocasiones “se han tomado decisiones precipitadas”. La frase quedó flotando en el paddock. Sonó a diagnóstico… y a advertencia.

Ciencia, calma y dos asientos vacíos

Permane insiste en que Racing Bulls quiere hacer las cosas de otra manera. Menos instinto, más datos. Menos prisa, más análisis.

«Estamos intentando aplicar un poco de ciencia, y eso lleva tiempo», explicó. «Estamos mirando todo, estudiando, analizando, y el tiempo está de nuestro lado. No tenemos prisa por hacer nada y estoy muy confiado en que se tomará la decisión correcta».

Mientras tanto, ni Lawson ni su compañero Arvid Lindblad tienen garantizado su futuro. El jefe admite la frustración, pero pide fe. Dice que el anuncio llegará “en las próximas semanas”. Lo mismo que prometió antes del Gran Premio de Singapur. Un mes después, los dos coches siguen sin nombre.

La lista de candidatos sigue abierta. Permane no descarta ninguna combinación y entre los nombres que se manejan aparece el de Nikola Tsolov, aspirante destacado en Formula 2. Señal de que el radar de Racing Bulls sigue barriendo todo el ecosistema Red Bull.

El equilibrio imposible: formar o ganar

En el fondo, la discusión en Faenza es vieja: ¿equipo de desarrollo o equipo de resultados? Permane lo resume con crudeza.

Lo primero sigue siendo la velocidad. «Los factores principales son, como siempre, ritmo y velocidad. Es lo primero que buscamos». Pero recuerda que Racing Bulls no existe solo para sumar puntos: su razón de ser es pulir talento joven. Eso no significa, matiza, convertir el coche en una cinta transportadora de debutantes.

Hace falta una referencia. Un piloto con experiencia que sirva de vara de medir. Ese equilibrio, admite, convierte cada decisión en un rompecabezas. «No es una decisión fácil», reconoce. Y entiende el enfado de sus pilotos: «Ambos están rindiendo de forma excelente, así que no sé si esa frustración está ayudando. Quizá estén aún mejor cuando se tomen las decisiones».

No hay fecha. Solo una promesa: «Estamos llegando, y no tardará».

Lawson, sin plan B y sin margen

Para Liam Lawson, el reloj suena más fuerte que para nadie. Noveno en el campeonato de pilotos con 83 puntos, mejor clasificado entre los que no pertenecen a los cuatro grandes equipos, el neozelandés ha hecho de Racing Bulls un escaparate de su talento. Y aun así, sigue sin contrato.

Antes del fin de semana en Brasil, lo dijo sin rodeos. En las últimas cuatro carreras había sumado 26 puntos. Preguntado por qué más podía hacer, respondió: «No sé qué más quieren que haga. Pero sí, es una de esas cosas en este momento».

Su problema ya no es solo convencer. Es el calendario. «Es duro, ¿no? Es el final de la temporada. Cuando algo así se empuja hasta el final, te quedas prácticamente sin opciones», admitió. Sin asiento confirmado, el mercado se cierra delante de sus narices.

El paddock toma partido

El rendimiento de Lawson no ha pasado desapercibido. Bernie Collins, analista de Sky Sports F1, subrayó su peso en el quinto puesto de Racing Bulls en el campeonato de constructores. No sabe qué se cuece en las reuniones técnicas, pero desde fuera, dijo, “parece que ha hecho suficiente”.

Naomi Schiff fue un paso más allá. Planteó un escenario alternativo: si Racing Bulls se gestionara como una entidad totalmente independiente, con su propia misión deportiva, quizá Lawson ya tendría contrato. Pero el equipo vive atado a los planes de desarrollo de Red Bull y a la eterna pregunta: ¿quién puede llegar algún día al coche campeón?

En ese tablero, el mérito deportivo no siempre gana la partida.

El roce con Verstappen y las viejas cicatrices de Brundle

El debate se calentó aún más tras el incidente de Lawson con Max Verstappen en los entrenamientos de México. Hubo colisión, hubo sanciones para ambos y hubo disculpas del neozelandés. También hubo un comentario público del tricampeón, que cuestionó el juicio de su excompañero y recordó, de paso, su frágil situación contractual.

¿Podría un choque en libres pesar en su futuro? Martin Brundle lo consideró inaceptable. Para el comentarista de Sky Sports F1, si compartir pista con Verstappen en una vuelta de preparación se convierte en motivo para despedir a Lawson, sería “patético” y “infantil”. Y remató: no cree que llegue a ese extremo.

Brundle tiró entonces de memoria. Recordó cuando empezó a batir a Michael Schumacher en Benetton y, aun así, perdió su asiento al final del año. Una lección que en la Fórmula 1 nunca caduca: los resultados no siempre bastan. Cuentan los contratos, la política interna, las proyecciones a largo plazo. A veces, piezas de un puzle que desde fuera no encajan, pero que dentro del equipo parecen inevitables.

Pese a todo, Brundle fue tajante: Lawson ha hecho “un trabajo tremendo” para Racing Bulls.

Rendimiento en pista, dudas en el despacho

En Sao Paulo, Lawson volvió a responder donde mejor sabe: en el cronómetro. Décimo en la primera sesión de libres, decimotercero en la segunda. Nada deslumbrante, pero sólido, consistente, sin errores graves. Justo el tipo de base sobre la que muchos equipos construyen proyectos.

Racing Bulls, en cambio, sigue mirando más allá del próximo domingo. Permane tiene contrato hasta 2031 y una misión doble: seguir siendo vivero de Red Bull sin renunciar a la competitividad propia. El mensaje es de calma, casi de frialdad. El de Lawson, de urgencia.

Entre la ciencia de los despachos y la presión del volante, alguien tendrá que ceder. Y cuando Racing Bulls por fin anuncie su alineación, quedará una sola pregunta: ¿habrá sitio en ese futuro para el piloto que ya está entregando resultados en el presente?