logo

Razaullah desata el caos en Edgbaston y deja a Inglaterra sin plan

En un solo atardecer en Edgbaston, un debutante de 21 años obligó a Inglaterra a mirarse al espejo. No fue un gran nombre del top order, ni un veterano con mil batallas. Fue Razaullah, número nueve en su primer Test, el que convirtió un trámite en un pequeño terremoto táctico.

Entró con el partido aparentemente controlado, salió dejando a Inglaterra cuestionada y a Pakistán con el orgullo inflamado.

Un número nueve que bate récords

Razaullah, 21 años, número nueve, debut en Test. Y 81 carreras de 63 bolas. Nueve seis. Golpeo puro, sin complejos, con una violencia tan desinhibida que desordenó por completo a Inglaterra.

Su asociación de 121 carreras por el noveno wicket con Muhammad Abbas arrastró el Test a un improbable cuarto día y fijó un objetivo de 130 para Inglaterra. Una cifra que debería ser rutinaria para cerrar un 3-0, pero que llega teñida de alarma por la forma en que se derrumbó el control en la última sesión.

El joven pakistaní igualó el récord de más seis en una entrada de debut en Test y también la marca de Ben Stokes de más seis en un Test disputado en Inglaterra. No fue una ráfaga aislada; fue una exhibición sostenida que desnudó la falta de ideas del ataque inglés.

“Sin plan” y “fuera de control”

Alastair Cook no se anduvo con rodeos en Test Match Special. El ex capitán vio algo que le resultó intolerable en un equipo que aspira a dominar el cricket de Test.

“Lo que vi fue que no había plan, se les fue de las manos”, sentenció. Para Cook, el caos no fue solo mérito de Razaullah, sino síntoma de una estructura que no reaccionó.

“Ahí es cuando el cuerpo técnico y los entrenadores tienen que dar un paso al frente. Me habría encantado ver un mensaje y un liderazgo real desde el banquillo”, añadió, apuntando directamente al palco.

El señalamiento no es menor. Joe Root acaba de iniciar su segunda etapa como capitán. Su primera etapa ya estuvo marcada por críticas a su manejo táctico, y las dudas reaparecieron cuando tuvo que sustituir a Ben Stokes este verano. Lo de Edgbaston alimenta la sensación de que viejos problemas siguen ahí.

Tarde de decisiones incomprensibles

Inglaterra está dirigida de forma interina por Marcus Trescothick, a la espera de que el neozelandés Stephen Fleming tome el mando a partir de la gira de diciembre por Sudáfrica. A su lado, Tim Southee como entrenador de bolos, visible en la cuerda de la frontera durante la asociación que cambió el tono del día.

Nada de eso impidió una secuencia de decisiones que dejó boquiabiertos a varios ex jugadores. La táctica frente a la pareja Razaullah–Abbas fue, como mínimo, extraña.

Los seamers insistieron una y otra vez con el plan de bola corta, con los fielders hundidos en la cuerda. Cuando intentaron volver a atacar los stumps, fallaron el objetivo. El contraste entre la teoría del plan agresivo y la ejecución fue brutal.

Lo más desconcertante llegó con el segundo nuevo balón. Root se lo entregó a Dan Lawrence, un off-spinner ocasional que apenas había lanzado en toda la serie. Lawrence abrió paso por delante de Ollie Robinson, líder del ataque este verano y en plena forma.

Jonathan Agnew, ex rápido de Inglaterra y voz principal de cricket en la BBC, no suavizó el juicio: calificó las tácticas de “espantosas”.

“No puedes ni debes lanzar así a los tailenders en cuanto entran”, criticó. “Tienes que marcar el tono contra el tail. Sí, agresivo, pero con control. Son nueve y diez por una razón. Fue amargamente decepcionante. Dan Lawrence es un off-spinner a tiempo parcial y tomó el segundo nuevo balón. Si buscas el momento más absolutamente disparatado del día, es ese”.

Un ataque potente, pero lejos de ser producto acabado

Mientras Razaullah se divertía lanzando bolas por encima de las gradas, el lenguaje corporal inglés se desplomaba. Root parecía sin respuestas. La energía se evaporó.

Jofra Archer mostró toda su frustración cuando el debutante le conectó dos seis rectos consecutivos. En otro tramo, Gus Atkinson fue obligado a bombardear con bouncers con ocho hombres en la cuerda. Una imagen más cercana a la desesperación que a un plan.

Michael Vaughan, otro ex capitán, fue igual de duro: “No deberíamos sorprendernos con Inglaterra, han ofrecido este tipo de táctica de forma regular”, apuntó. Confía en que ganen este partido, sí, pero lanza una advertencia clara: “Los fundamentos del cricket de Test suelen funcionar, y eso es golpear la parte alta de los stumps. Es una señal de aviso: este ataque es muy bueno, pero aún no es el producto terminado”.

Su pregunta va al corazón del asunto: “¿Quiénes son los personajes en el equipo que van a agarrar a todos y decir ‘vale, este es mi momento’? Hoy no lo vi en nadie”.

Root incluso abandonó el campo en un momento dado para consultar con el cuerpo técnico. El efecto fue mínimo. La marea ya estaba en contra.

El cierre… y un regusto amargo

El desenlace de la entrada de Pakistán llegó tarde, casi a regañadientes. Abbas acabó empujando una bola de Josh Tongue hacia point. Razaullah, después de incendiar la tarde, cayó stumped ante Lawrence con la última bola del día. Pakistán, 453 all out. Daño hecho.

Trescothick no escondió su decepción: “Claro que estoy decepcionado. Estábamos en una posición en la que ellos estaban ocho abajo y los marcadores igualados. Esperábamos pasar por encima de ellos bastante rápido”.

Defendió, eso sí, la variedad de intentos: “Probamos muchas cosas diferentes. Tienes variaciones de planes. Lanzamos corto un periodo, luego a longitud, luego algo de spin. Siempre estás cambiando, con distintas ideas”.

Y dejó la reflexión que resume la noche: “Siempre piensas que puedes hacerlo mejor y lo analizas después: ‘¿hubo un área o táctica que nos faltó?’. Esperas que, en esas situaciones, cuando lanzas en el sitio correcto, que lo hicimos en muchas ocasiones, consigas la edge o los bowlees. Hay que reconocerlo: ellos jugaron bastante bien”.

Lo hicieron. Razaullah, sobre todo, jugó como si el contexto no pesara, como si la lógica del Test cricket no le afectara. Inglaterra sigue siendo favorita para completar el 3-0 con 130 por perseguir. Pero la pregunta ya no es si ganará este partido.

La cuestión, tras este descontrol en Edgbaston, es si este equipo y este cuerpo técnico sabrán aprender de un número nueve que, en su primera tarde grande, les enseñó lo frágil que puede ser un plan cuando, sencillamente, no existe.