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Robertson revela el dolor de Liverpool: "No nos importaba el fútbol"

Andy Robertson ha puesto palabras a una herida que en Liverpool todavía escuece. El lateral escocés, ahora jugador de Tottenham, reconoció que el vestuario “no se preocupaba por el fútbol” la temporada pasada, devastado por la muerte de su excompañero y amigo íntimo Diogo Jota.

El internacional con Escocia, capitán de su selección, describió un club roto anímicamente, incapaz de encontrar su nivel en el campo mientras procesaba una tragedia que golpeó de lleno al grupo.

Un vestuario sin alma

Jota falleció el pasado julio en un accidente de tráfico en el que también perdió la vida su hermano, Andre Silva. El impacto emocional fue inmediato y profundo. Robertson, en una conversación con el podcast Stick to Football, abrió una ventana a lo que se vivió puertas adentro.

“Acabas de perder a uno de tus mejores amigos en el vestuario”, confesó. No es una frase hecha. Es el núcleo de todo lo que vino después.

El lateral explicó cómo ese filo competitivo que suele definir a los profesionales de élite simplemente desapareció: “Todos los futbolistas tenemos ese punto, ¿no? Y creo que la temporada pasada lo perdimos. Cuando lo miro ahora, perdimos un poco esa determinación porque había momentos en los que pensábamos: ‘¿Cuál es el sentido?’”.

El dolor se imponía a cualquier objetivo deportivo. “Mira por lo que está pasando la familia de Jota, mira a sus hijos. Estábamos de luto. Era un compañero, era un amigo. Fue increíblemente difícil”.

De la boda al duelo

Robertson relató un contraste brutal que todavía le persigue. “La semana antes de que muriera estuve en su boda. Es una de las cosas más difíciles por las que vas a pasar nunca. Verle en el día más feliz de su vida y, a la semana siguiente, ver a su familia destrozada”.

No es solo la pérdida. Es la cercanía del recuerdo. El fútbol, en ese contexto, se convirtió en algo secundario, casi irrelevante.

Un club campeón, emocionalmente derrumbado

Liverpool arrancó la temporada como vigente campeón. Sobre el papel, un equipo preparado para defender el título. En la realidad, un grupo que apenas podía sostenerse anímicamente.

El desplome fue evidente: nueve derrotas en doce partidos entre septiembre y noviembre, una caída libre que acabó con el equipo en la quinta posición de la liga y con el técnico Arne Slot destituido. Los números explican el resultado. Las palabras de Robertson explican la causa.

“Lo que vivimos fue horrendo”, resumió el escocés. No buscaba excusas. Describía un contexto.

Los fichajes, atrapados en el dolor

En medio de ese escenario llegaron nuevas caras, llamadas a impulsar otro ciclo ganador: Alexander Isak, Florian Wirtz y otros fichajes de peso aterrizaron en un club irreconocible.

Robertson se detuvo en ellos. “Los nuevos fichajes llegaban a un club con el corazón roto y por eso sentí pena por esos chicos”, admitió. “Habían firmado por mucho dinero y tardaron meses en asentarse porque no nos importaba el fútbol. Esa era la verdad”.

No se trataba de adaptación táctica ni de presión mediática. Era algo más crudo: intentaban integrarse en un equipo que estaba de duelo.

Un sueño compartido que ya no se cumplirá

El vínculo entre Robertson y Jota iba más allá del día a día en el club. El escocés ya había hablado de él el pasado noviembre, justo después de sellar la clasificación de Escocia para el Mundial. Entonces recordó que era un sueño compartido: ambos querían estar en la cita después de quedarse fuera en 2022.

Ese sueño solo lo verá cumplido uno de los dos.

En Liverpool, la temporada pasada quedará marcada por derrotas, por una quinta plaza y por un entrenador despedido. Pero, a la luz de las palabras de Robertson, la verdadera historia de ese año no se escribió en la tabla de clasificación, sino en el vacío que dejó un amigo perdido demasiado pronto.