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Sanju Samson brilla con 57 en T20I contra Afganistán

Mohammad Nabi se lanzó hacia su izquierda, un pequeño salto, las manos por debajo de la pelota justo en la cuerda de long-off. Unos centímetros más y el balón habría volado por encima para seis. No ocurrió. Señaló out hacia el árbitro y hacia un Rashid Khan expectante. El afgano miró el apoyo del pie, confirmó que todo estaba dentro del campo y, en cuanto tuvo el visto bueno, celebró su segundo wicket del over.

Sanju Samson se marchaba con 57 de 22 bolas. Siete fours, cuatro sixes. Un vendaval.

Era algo más que una entrada brillante en el Arun Jaitley Stadium de Nueva Delhi. Era una declaración. De sus 57, 52 llegaron en límites. Un sello, casi desesperado, en una silla musical que comparte desde hace meses con Vaibhav Sooryavanshi. En ese juego, Samson suele quedarse con la parte más áspera del trato. Esta vez, dejó claro que no piensa desaparecer en silencio.

Llega a esta serie después de un T20 World Cup soberbio, pieza clave en el título de India. Y, aun así, un mal partido ante Irlanda bastó para que lo mandaran al banquillo sin demasiadas contemplaciones. Entró Sooryavanshi, que no arrancó con la misma chispa en su estreno internacional. Samson volvió para los dos últimos T20I ante Inglaterra y luego se quedó fuera del vuelo a Zimbabue. Allí, Sooryavanshi arrasó y se llevó el premio al Player of the Match.

Un powerplay a su manera

Azmatullah Omarzai y Mohammad Nabi fueron las primeras víctimas de su furia. Omarzai concedió 23 en 10 bolas. Nabi, 22 en apenas siete. Más que los números, impactó la forma. La facilidad casi insultante con la que Samson limpia el infield. Esa sensación de que, si la bola se queda un poco corta o un poco pasada, está condenada.

Quinta over. Primera bola: demasiado plena de Omarzai, Samson se adelanta y la levanta por encima de mid-on. Siguiente entrega: corta y hacia la pierna, el indio gira las muñecas y la manda sobre fine leg. La tercera, otra vez algo adelantada, vuela por encima de cover; un bote y termina en manos de los voluntarios fuera del campo. Para cerrar el over, un low full toss que él convierte, con la cara completa del bate, en un tiro rasante que derriba los stumps del no-striker y aun así supera al fielder para cuatro. Pura confianza.

Ni Rashid Khan se libró. Un four, un six al maestro afgano, antes de que el propio Rashid y el resto del ataque respiraran aliviados con su wicket en la frontera.

En la sala de prensa, Samson explicó sin rodeos su enfoque en esos primeros seis overs: “Se trata de mirar la bola y tratar de sacar el máximo en el powerplay. A veces sale bien, a veces no. Después de algunos fracasos, pasas por mucho. Siendo un cricketer indio, no es fácil afrontar los fracasos, pero ahí entra mi experiencia”.

No habló como alguien que busca excusas, sino como un bateador que sabe exactamente el precio de cada error en un país que no perdona. “Intento apagar el ruido, ser confiado, salir y seguir anotando a un strike rate alto, tomando riesgos aun sabiendo que, si fallo otra vez, voy a enfrentar mucho ruido. Pero creo que así estamos hechos en el cricket indio. Solo salgo a intentar anotar al máximo y contribuir”.

El dilema del asiento caliente

Su presencia en el primer T20I, y no la de Sooryavanshi, abrió un debate inmediato en los platós y estudios. Kris Srikanth defendió que Sooryavanshi “no estaba siendo tratado adecuadamente”. R Ashwin pidió a seleccionadores, cuerpo técnico y a todo el ecosistema que “entendieran su situación”.

Samson no se esconde del tema. Lo comprende mejor que nadie. “Es un lugar muy desafiante”, admitió. “Desde la dirección del equipo, el capitán, el entrenador y los seleccionadores. Es una elección muy dura. Todos (él, Sooryavanshi y Abhishek Sharma) son muy buenos, todos están rindiendo y todos tienen que recibir la oportunidad adecuada para seguir haciéndolo a nivel internacional”.

Habla como capitán de franquicia, con la experiencia de tomar decisiones que siempre dejan a alguien descontento. “Lidero una franquicia de IPL, así que sé lo difíciles que son estas decisiones y que todos han estado rindiendo muy bien”.

La clave, para él, está en la gestión interna de esa competencia feroz. “He estado en este tipo de espacio durante bastantes años, así que sé cómo equilibrarlo. Pensar en lo que está bajo mi control y tratar de ser muy positivo también con tus competidores”.

Luego matizó algo que define el vestuario moderno de India: “Creo que son competidores para el mundo de fuera, pero nosotros somos un equipo y jugamos por un país. Queremos ganar el partido primero, y luego ya vienen los individuos. Intentamos ser lo más positivos posible y, juegue quien juegue, queremos que le vaya bien. Solo tenemos que estar listos para nuestra oportunidad. No podemos estar tristes o en un marco mental negativo, pensando: ‘Yaar, mujhe nahi mila, usko kyun diya?’. Ese tipo de mentalidad no funciona aquí”.

¿Golpe definitivo o solo una pausa?

Por ahora, su 57 en Nueva Delhi ha frenado la discusión. Nadie puede ignorar una entrada así en un contexto tan delicado, con el eco de las rotaciones recientes todavía resonando. El ruido se ha reducido, al menos por una noche.

La cuestión es cuánto durará ese silencio. ¿Ha comprado Samson un billete de ida hacia una racha de titularidades o solo otro viaje corto en este carrusel de opciones que no se detiene? En un equipo tan rico en talento, incluso una entrada perfecta no garantiza nada.

Lo único seguro es que, mientras haya hueco en la alineación y una nueva bola blanca en el aire, Samson seguirá haciendo lo que hizo en el Arun Jaitley Stadium: mirar, golpear fuerte y dejar que el bate hable por encima de todo el ruido.