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Surrey sobrevive al thriller y se enfrenta a Hampshire en el eliminatorio

El Kia Oval contuvo la respiración hasta la última bola. Surrey, con la última pareja en el crease, necesitaba un simple para mantenerse vivo en la Metro Bank One-Day Cup. Un leg bye agónico, arañado por Kate Coppack y Dani Gregory, selló una victoria de infarto ante Somerset y aseguró el billete para enfrentarse a Hampshire en el eliminatorio del miércoles.

Un final a la altura de un partido que nunca se decidió del todo. Que subió y bajó como un electrocardiograma.

El gran golpe de Somerset

Somerset había dejado el listón altísimo. Niamh Holland (130) y Sophie Luff (108) firmaron una exhibición de madurez y autoridad, construyendo un tercer wicket de 196 carreras, récord del equipo, que parecía haber roto el encuentro.

Antes, Bex Odgers y Emma Corney habían caído pronto, bowled por Sune Luus y Alice Monaghan, respectivamente. A partir de ahí, Luff y Holland tomaron el mando. Luff arrancó con calma, pero su innings cambió de ritmo cuando empezó a perforar la zona de covers con dos drives exquisitos, antes de alcanzar su cincuenta con un golpe de autoridad: un full toss de Dani Gregory enviado con violencia a la valla.

Holland fue otra cosa: agresiva, dominante, casi intocable hasta llegar al centenar. Su golpe del día, un pull brutal para seis, resumió su control sobre las bowlers de Surrey. Cada bola ancha era castigada sin piedad, cortando y conduciendo hacia el punto con una precisión fría, impropia de sus 21 años. Tras el triple dígito sufrió un par de sustos con dos drops, pero aun así empujó el marcador con fuerza. Los 19 runs en el último over dejaron un 295/7 que olía a sentencia.

Luus y Chathli sostienen la persecución

Para seguir con vida, Surrey necesitaba carácter. Y lo encontró. Sune Luus (54) y Kira Chathli (51) firmaron medio siglos cruciales, mientras Phoebe Franklin aportaba un 46 que, por momentos, cambió por completo el pulso del partido.

Sophia Dunkley marcó el tono de la respuesta con cuatro boundaries tempraneros. Parecía lista para imponer su ley hasta que Alex Griffiths, que había dejado caer un catch sobre ella, se redimió por la vía más dura: la seamer derribó a la opener de Inglaterra cuando esta intentó un ramp que nunca llegó a concretarse. Rachel King también arrancó con intención, pero Liv Barnes la atrapó lbw y volvió a inclinar la balanza hacia Somerset.

Monaghan y Luus sobrevivieron a dos drops, en backward point y midwicket, y empezaron a tejer un amago de reconstrucción. Duró poco. Monaghan, en pleno intento de acelerar, mandó un full toss directo a la garganta de la fielder en midwicket. Otro giro de guion.

Luus, sin embargo, se negó a ceder. Un lofted drive que se quedó a un suspiro de la cuerda y un sweep para seis ante Chloe Skelton la llevaron a un cincuenta en 46 bolas, golpeando justo cuando Surrey más lo necesitaba. Pero el descanso de bebidas cortó su inercia. Nada más reanudarse, Griffiths regresó y cambió de nuevo el libreto: primero derribó a Alice Davidson-Richards, y poco después cazó a la ex capitana de Sudáfrica con la colaboración de Katie Jones, que, subida a los stumps, completó una gran toma down the leg side.

Griffiths brilla, Surrey resiste

Con Luus fuera, Somerset olió sangre. Griffiths, en su mejor día, siguió sumando víctimas hasta cerrar una actuación de cinco wickets por 54 runs, la mejor de su carrera. Skelton también se apuntó a la fiesta con un over clave, en el que se llevó dos wickets, incluida a Chathli justo después de que esta alcanzara su cincuenta.

Entre medias, Chathli y Franklin habían devuelto la iniciativa a Surrey con una asociación de 95 carreras para el sexto wicket, levantada en 81 bolas. En uno de los momentos más dominantes de la tarde, se comieron un over de Lola Harris para 13 runs, cambiando el tono del estadio y devolviendo la esperanza al vestuario local. Franklin, sólida y serena, firmó su mejor marca con 46, hasta que Griffiths volvió a aparecer para cortar su avance.

Cuando Kalea Moore se lesionó el isquiotibial, pidió runner y cayó en la siguiente bola, completando el five-fer de Griffiths, la escena parecía escrita: Somerset, superior; Surrey, al borde del abismo.

Un leg bye para seguir vivos

Quedaba, sin embargo, un último giro. Con la presión al máximo y la ecuación apretándose bola a bola, Coppack encontró un cuatro vital en el último over, un golpe que cambió el cálculo y el ánimo. Somerset, que había manejado el partido durante largos tramos, veía cómo el margen se deshacía en sus manos.

La tensión se condensó en esa última entrega. No fue un drive perfecto ni un golpe de manual lo que decidió el duelo, sino un simple leg bye, trabajado, peleado, casi robado. Suficiente. Surrey cruzó la línea. Somerset se quedó con el vacío de una gran actuación individual sin premio colectivo.

Ahora espera Hampshire en el eliminatorio. Surrey llega herido, pero reforzado por una victoria que habla de carácter tanto como de cricket. Y con esa mezcla peligrosa de sufrimiento y confianza que ningún rival quiere encontrarse en un partido a vida o muerte.