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Surrey supera a Somerset y avanza a la One-Day Cup

En The Oval, con la luz cayendo y los nervios a flor de piel, Surrey se aferró a la One-Day Cup por un solo wicket y con solo tres bolas de margen. Un final de infarto para sellar la última plaza en la fase de eliminación directa. Somerset, que había mandado durante buena parte del día, se marchó con la amarga sensación de haber dejado escapar una clasificación que ya acariciaba.

La ecuación era clara: siete carreras necesarias en el último over para que Surrey alcanzara los 295-7 que Somerset había construido en sus 50 overs. La ejecución, en cambio, fue puro caos controlado.

Ellie Anderson abrió el over final con un wide. Primer regalo. Después, una bola baja a la que Kate Coppack se lanzó con decisión; el tiro a mid-off parecía rutinario, pero el fallo en el fildeo convirtió el error en cuatro carreras. De repente, Surrey ya casi estaba.

Un leg-bye igualó el marcador. Y eso, por la ventaja de un punto con la que las locales habían iniciado la jornada, ya les bastaba para dejar a Somerset por detrás en la tabla. Pero no se conformaron con el empate. Otra carrera a la carrera, una nueva carrera desesperada entre Coppack (16* vitales) y la última bateadora, Dani Gregory, y The Oval estalló: victoria, clasificación y billete a Southampton para medirse a Hampshire el miércoles. El ganador jugará la final ante The Blaze el sábado en el Utilita Bowl.

El día grande de Luff y Holland, sin premio

Hasta ese último over, el guion parecía escrito para Somerset. Surrey decidió empezar con la bola y lo pagó caro ante una sociedad monumental entre Sophie Luff y Niamh Holland. Para el tercer wicket, ambas tejieron 196 carreras que silenciaron al público local.

Luff, capitana y referencia, firmó 108, una entrada de autoridad que marcó el tono del innings. Cuando cayó, el trabajo parecía hecho, pero Holland no se conformó. Alcanzó su centena en 113 bolas y, ya lanzada, añadió 30 más en apenas 15 entregas, un arreón final que empujó el total hasta un desafiante 295-7.

Era un total que olía a semifinal. Más aún viendo el contexto: con The Blaze y Hampshire ya instalados en los dos primeros puestos, todas las miradas estaban puestas en The Oval. Somerset hizo casi todo bien con el bate. No fue suficiente.

La respuesta de Surrey: del temblor a la hazaña

Surrey arrancó la persecución con calma, pero el punto de inflexión llegó con Sune Luus. La sudafricana sostuvo la entrada con 54 carreras que parecían enderezar la persecución. Cuando cayó, el marcador se desplomó anímicamente: 142-5 y la sensación de que Somerset olía sangre.

La capitana Kira Chathli asumió el mando con 51, mientras Phoebe Franklin aportaba 46 para mantener viva la esperanza. Entre ambas reconstruyeron, ajustaron el ritmo, eligieron bien los riesgos. Surrey volvía a estar en la pelea.

Hasta que Franklin se marchó en el over 45, con el marcador en 257-8. Otra vez el abismo.

Ahí emergió Kalea Moore, número nueve en el orden de bateo, con una contribución que no aparecerá en los grandes titulares, pero que cambió el destino del partido: 23 carreras de enorme valor. Jugó con inteligencia, seleccionó bien los golpes y llevó el partido hasta el penúltimo over. Entonces, el golpe cruel: lbw, justo una bola después de pedir corredor. El 23 quedaba congelado en el marcador, y Somerset volvía a creer.

Alex Griffiths, con 5-54, había destrozado la mitad baja del orden de Surrey y parecía haber firmado el pasaporte de Somerset a los cruces. Pero el cricket, una vez más, se reservaba un giro final.

Un adiós con victoria en Headingley

En el resto de la jornada, otro foco emocional se encendió lejos de Londres. En Headingley, Kate Cross cerró su carrera profesional con una actuación a la altura de su trayectoria. La ex jugadora de Inglaterra tomó 2-54 en su último partido antes de la retirada, en la victoria de Lancashire sobre Yorkshire por siete wickets.

Durham completó el cuadro de resultados del día con un triunfo por cuatro wickets ante Warwickshire, en un choque mucho más discreto en cuanto a drama, pero clave para cerrar la fase de grupos.

Camino a Southampton

El relato, sin embargo, se queda en The Oval. Surrey, a un wicket del adiós, transformó la angustia en impulso competitivo. Somerset, con los 108 de Luff y el soberbio 130* de Holland, se marcha con una mezcla de orgullo y frustración: pocas veces un total así, construido con tanta autoridad, se queda corto.

Ahora espera Hampshire, ya instalado en la zona noble junto a The Blaze. Surrey llega herido, pero reforzado por una victoria que une vestuarios y afila el carácter.

Si en un día de grupo The Oval ofreció este nivel de tensión, ¿qué tipo de final puede estar esperando en el Utilita Bowl?