Vijay Bharadwaj: el talento oculto del cricket indio
Una temporada de Ranji Trophy con 1.280 carreras a un promedio de 106,66 suele bastar para construir una carrera completa. Cuatro siglos, siete medios siglos y el récord de más carreras en una sola edición del torneo en ese momento. Cifras que obligan a cualquier seleccionador a tomar nota. Sin embargo, en el caso de Vijay Bharadwaj, los números con el bate solo contaban la mitad de la historia.
Karnataka alcanzó la final ante Madhya Pradesh con él como motor absoluto. Firmó 86 carreras en la primera entrada, añadió 75 en la segunda y, cuando el título parecía escaparse en la última tarde, se giró hacia el umpire, tomó la pelota… y cambió el guion con su off-spin. Se llevó 6/24, Madhya Pradesh se desplomó a 150 y Karnataka ganó por 96 carreras. Una temporada desbordante de runs terminó con su bateador estrella levantando el trofeo con el balón en la mano.
Pocos meses después llegó la llamada de India. Y la historia se volvió todavía más extraña.
En su primer torneo internacional, el debutante tomó 10 wickets a 12,20, encadenó tres partidos seguidos con tres wickets y sumó 89 carreras a un promedio de 89. Tras cuatro ODIs, el premio al Jugador de la Serie llevaba su nombre. El país creía haber encontrado un nuevo allrounder. Él, no.
Bharadwaj se veía a sí mismo como un bateador especialista que, de paso, podía ofrecer off-spin útil. Pero su estreno en la élite lo presentó al mundo como lo contrario: un lanzador que también podía batear. El arranque ideal para una carrera larga. Acabó siendo un espejismo: solo disputó 13 partidos con India.
El corazón de la generación dorada de Karnataka
Mucho antes de aquel desembarco en la escena internacional, Bharadwaj ya era algo más que otro nombre en la brillante generación de Karnataka. A su alrededor, gigantes: Rahul Dravid, Anil Kumble, Javagal Srinath, Venkatesh Prasad, Sunil Joshi. Un núcleo que dominó el cricket doméstico, con tres Ranji Trophy en cuatro temporadas entre 1995-96 y 1998-99.
En esos títulos, Vijay aparecía siempre en el centro de la foto. En la final de 1995-96 ante Tamil Nadu, firmó 146 carreras en un total de 620/8 declarados que bastó para asegurar el trofeo por ventaja en la primera entrada. Dos años más tarde, su 122 frente a Uttar Pradesh fue parte de otro aluvión de 617/9 declarados camino de un nuevo campeonato.
Y entonces llegó 1998-99, la temporada que lo cambió todo. En 15 entradas, 1.280 carreras, promedio de 106,66. Terminó 243 runs por delante de Jacob Martin, el segundo máximo anotador de ese curso. Cuatro siglos, siete medios siglos, un tope de 200* ante Kerala. Con la bola también sumó: 19 wickets a 22,10.
La final ante Madhya Pradesh fue el resumen perfecto de su año. Karnataka concedió 75 de desventaja en la primera entrada pese a su 86. En la segunda, su 75 ayudó a dejar un objetivo de 247. A la hora del té del último día, Madhya Pradesh resistía en 130/4, con opciones reales de aguantar, incluso de soñar con la victoria. Entonces Bharadwaj volvió a recurrir a su off-spin. Cayó Chandrakant Pandit poco después del descanso, luego Raja Ali, y el colapso se aceleró. Cerró con 6/24 en 14,5 overs. Madhya Pradesh, 150 all out. Karnataka, campeón por 96 carreras. Vijay, Jugador del Partido.
Para alguien que insistía en que su habilidad principal era el bate, el guion rozaba lo cómico: el “bateador” que ganaba finales con la bola. Pero esos días también sembraron una etiqueta que le acompañaría: India había encontrado un off-spinner que podía batear.
Debut en Tests, viaje a Australia y un giro cruel
El salto al Test cricket fue casi inmediato. Contra New Zealand en Mohali, en octubre de 1999, India cayó por 83 runs y Bharadwaj apenas duró cuatro bolas: duck ante Chris Cairns. Al menos se llevó el wicket de Shayne O’Connor, el único de su breve carrera en Tests. En el siguiente partido, en Kanpur, resistió 106 bolas para anotar 22 en una victoria por ocho wickets.
Después llegó la gira a Australia. Jugó solo el tercer Test, en Sydney, en una serie que India perdió 3-0. Hizo seis carreras en la primera entrada y quedó listado como absent hurt en la segunda. Para el equipo fue otro capítulo de una gira desastrosa. Para él, fue algo mucho peor.
Años después revelaría que en ese Test sufrió una grave lesión de espalda. El problema fue tan serio que lo apartó del cricket durante un largo periodo. Según su propio recuerdo, pasó alrededor de año y medio prácticamente postrado en cama.
Mientras intentaba recuperarse, apareció otro golpe, esta vez desde un ángulo inesperado. Bharadwaj siempre había jugado con gafas. En 2000 se sometió a un procedimiento ocular, aconsejado con la promesa de librarlo de la dependencia de las lentes. Según su propio testimonio, la operación salió mal y afectó a su capacidad para seguir la pelota.
“Mi visión se fue al traste. Después de eso, ya no fui el mismo cricketer”, recordaría tiempo después. Para un bateador, no hay sentencia más dura. Contó que le costaba seguir la trayectoria de la bola incluso en el campo, ya no solo frente al lanzamiento. Aun así, trató de reconstruir su carrera y regresó al entorno de India A, pero el jugador que había dominado la Ranji y forzado la puerta de la selección ahora luchaba contra algo mucho más cruel que una simple mala racha o una decisión de los seleccionadores.
Un ODI brillante, un vacío y una despedida silenciosa
Su carrera en ODIs ya se había frenado para entonces. Entre septiembre y noviembre de 1999 disputó nueve partidos, con 136 carreras a 34 y 15 wickets a 18,33. Un rendimiento sólido, incluso llamativo para un recién llegado. Después, un vacío de más de dos años.
Hubo una última oportunidad. Volvió a vestir la camiseta de India ante Zimbabwe en Guwahati, en marzo de 2002. El regreso con el bate duró una sola bola: run out sin anotar. Con la bola, 1/32 y el wicket de Stuart Carlisle, en una victoria por 101 carreras.
Ese partido fue a la vez su regreso y su adiós. Cerró su hoja internacional con tres Tests y 10 ODIs. En Tests, apenas 28 carreras y un wicket, cifras que no se acercan a describir al jugador que llegó a la selección. Su registro en ODIs deja ver algo más: 136 carreras y 16 wickets a 19,18.
De romper récords a descubrir talento
Tras el último capítulo con India, siguió compitiendo en el circuito doméstico. Terminó su carrera de first-class con 5.553 carreras a 41,75, 14 siglos y 26 medios siglos. Su off-spin añadió 59 wickets. En la recta final dejó Karnataka y representó a Jharkhand antes de retirarse en 2006, con solo 31 años.
El cricket, sin embargo, nunca salió de su vida. Bharadwaj se volcó en el coaching, el scouting y la identificación de talento, ocupando distintos roles alrededor del cricket indio y la IPL. Hoy está ligado a Delhi Capitals como Head Talent Scout.
Hay una ironía evidente en el lugar donde ha terminado su viaje. Pasa sus días buscando jugadores que merezcan una oportunidad. Más de dos décadas atrás, él mismo se había vuelto imposible de ignorar para los seleccionadores de India.
Una temporada récord de Ranji, un 6/24 para ganar una final, Jugador de la Serie en su primer torneo internacional, 10 wickets a 12,20 en sus primeros cuatro ODIs. Todo apuntaba al inicio de algo grande. En cambio, la carrera de Vijay Bharadwaj con India se cerró tras 13 partidos, dejando uno de los “qué hubiera pasado si…” más intrigantes de su generación.




