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La voz de Taika en el baloncesto escolar

La voz de Taika sigue viva en la cancha

En Gisborne, este año el baloncesto escolar se jugó con un nombre escrito en la piel y en la memoria: Taika.

Antes de ser recuerdo, Taika fue base. Jugó en 2022 con el equipo Gisborne Under-13s B y en el Boys’ High junior development team. Tenía manejo de balón, visión de juego, tiro de media distancia y desde el perímetro. Pero quienes lo conocieron se quedan con otra cosa.

“Taika era un buen guard, manejador de balón, pasador, podía tirar de media distancia y triples. Más importante aún, era una gran persona, siempre feliz y sonriendo”, recordó Tong. No hablaba solo de un compañero de equipo. Hablaba de un amigo.

En 2024, Tong pasó una semana con él y su familia. Surf, exploración, días ligeros. “Fue la mejor época de mi vida, surfeando y explorando”, contó. La última vez que se vieron fue en enero, en la casa de Taika en Wainui. Una sesión en Makorori, un día juntos antes de que él se marchara. Tenían apenas una semana de diferencia de edad. Un abrazo, una frase sencilla: “Te veo pronto”. No hubo próximo encuentro.

Un torneo jugado con nombre propio

La semana pasada, Tong lideró a su equipo en el Basketball NZ AA Zone 2 secondary schoolboys tournament en Rotorua. Gisborne terminó 14º de 20, pero la tabla no cuenta toda la historia. Varios jugadores tenían a Taika en la cabeza en cada salto inicial.

“Santy, Sam Crosby, Aidan O’Brien, Ryland Bright y yo dedicamos nuestro torneo a Taika”, explicó Ollie. “Llevé su nombre en el brazo y en las zapatillas en cada partido. No puedo imaginar nada peor que esto; es lo más duro que he vivido. Taika era uno de mis mejores amigos. Tengo recuerdos muy felices de él”.

En la pista, Tong respondió como líder. Promedió 20,6 puntos por partido, octavo máximo anotador del torneo y único jugador de Gisborne en acabar todos los encuentros en dobles dígitos. Producción constante en medio de un torbellino emocional.

De la paliza histórica al giro inesperado

El torneo arrancó con un golpe seco. Día 1, Unison Arena. El vigente campeón, Mount Maunganui College, con dos jugadores de primera división y Junior Tall Blacks en sus filas, arrolló a Gisborne: 94-34. Sesenta puntos de diferencia. Un marcador que deja huella.

Pero la respuesta fue inmediata. En el segundo partido, Gisborne se rebeló contra la lógica. Tong firmó 39 puntos, Bright añadió 34 y Kelly-Morehu Paenga-Rangihuna sumó 15 en una victoria 95-93 sobre Ōtūmoetai College. De perder por 60 a ganar un duelo cerrado en cuestión de horas. Ningún Senior A de Gisborne Boys’ High había vivido nunca algo así: caer por 60 en un regional y ganar el siguiente encuentro.

El impulso no se detuvo ahí. Bajo la dirección de Felix Sparks y del padre Adrian, el equipo encadenó un 87-66 sobre Pāpāmoa. Gisborne mostraba carácter, puntos y una causa compartida.

El cuarto que cambió el rumbo

El problema llegó en el Game 4, ante St Paul’s Collegiate School. Un mal segundo cuarto les costó caro. Parcial 22-9 en contra en ese tramo, derrota final por 68-46 y un giro en el camino del torneo. Ese bache los dejó terceros de grupo y los envió a un preliminary quarter-final contra John Paul College (Rotorua).

Allí pelearon, pero no alcanzó: 87-78 y caída a los play-offs por los puestos del 9º al 16º. En ese tramo, otro tropiezo: 91-80 ante Te Awamutu College, que los empujó al playoff por el 13º-16º lugar contra Whakatāne High.

Esta vez, la respuesta fue contundente. Victoria 95-20, con Paenga-Rangihuna firmando 24 puntos. Un marcador casi simbólico: rabia deportiva convertida en defensa y ritmo ofensivo.

El cierre del torneo llegó en el duelo por el 13º-14º puesto frente a Taupō-nui-a-Tia. Bright anotó 17 puntos, pero Gisborne cayó 82-76. Sin final feliz en el resultado, sí en la forma de competir.

Un legado y una advertencia

Entre partido y partido, Tong no solo sumó puntos. Dejó un mensaje a quienes siguen y a los que vendrán en Gisborne Boys’ High.

“No lo dejen para demasiado tarde. Trabajen duro lo antes posible en su juego, mientras están en el colegio, sea el deporte que sea, marca una enorme diferencia”, afirmó. No son palabras vacías: su año lo respalda. “Definitivamente este año ha sido mi punto más alto en cuanto a actuaciones y torneos, pero hice grandes viajes en mis años junior y como senior. Ha sido un gran recorrido, solo con un final agridulce”.

Agridulce. Porque las cifras dicen que Gisborne fue 14º. El corazón del equipo, en cambio, sabe que este torneo se jugó por alguien que ya no está. Y que cada tiro, cada carrera en transición y cada nombre escrito en un brazo fue, en realidad, una forma de que Taika siguiera en la cancha.