Warriors: Activos Clave y Decisiones Críticas para el Futuro
Los Golden State Warriors ya saben qué les van a pedir cada vez que suene el teléfono. Y también saben qué nombres no van a estar sobre la mesa.
Stephen Curry está blindado, aunque nadie lo haya escrito en un papel. Según contó Brian Windhorst, en su renovación no hay negociación real: la franquicia simplemente espera a que, con 38 años, Curry diga cuántos años y por cuánto quiere seguir. Punto.
Jimmy Butler y Moses Moody tampoco entran en ningún paquete. Mike Dunleavy fue claro en agosto: ninguno de los dos estará en el estreno del 21 de octubre y no existe un calendario definido para sus regresos. Eso reduce el catálogo de activos reales a tres piezas. Pocas, pero muy valiosas.
No. 3 – Kristaps Porzingis y un contrato perfecto para mover
Kristaps Porzingis llegó desde Atlanta en febrero, dentro del traspaso de Jonathan Kuminga, y en junio los Warriors le pusieron delante un acuerdo que decía mucho de cómo lo ve la franquicia: dos años, 40 millones de dólares, con opción de jugador en el segundo curso.
John Hollinger explicó que el contrato se redactó como extensión, lo que dejó a Porzingis disponible para ser traspasado de inmediato. Esa letra pequeña no es casualidad.
En la pista, el letón firmó 16,7 puntos y 5,2 rebotes en 32 partidos el curso pasado, solo 15 de ellos con Golden State. Números sólidos, pero lo que realmente seduce a las oficinas rivales es otra cosa: esos 19,5 millones de salario. Suficientes para igualar contratos de un jugador importante, pero lo bastante manejables como para encajar en casi cualquier operación seria.
Para una directiva que apostó por la continuidad todo el verano, ese contrato es la llave de acceso a cualquier estrella que pueda quedar suelta en los próximos meses. Porzingis aparece tercero en la lista porque un interior de 31 años que apenas ha jugado 15 partidos con su nuevo equipo no sostiene por sí solo un traspaso de gran calibre. Es un gran complemento, no el pilar central del paquete.
No. 2 – Las primeras rondas propias, el verdadero tesoro
La liga acaba de recordar cuánto valen las elecciones de primera ronda: la sanción a los Clippers por el caso Kawhi Leonard incluyó cinco futuras primeras rondas. Ese es el baremo actual.
Un análisis de mayo mostraba a Golden State todavía en posesión de sus propias primeras rondas de 2027, 2028, 2029, 2031 y 2032, con la de 2030 protegida top 20 a favor de Dallas: solo viaja si cae del puesto 21 hacia abajo. Para una franquicia construida sobre Curry y un Draymond Green de 36 años, conservar tanto futuro es casi una anomalía.
Y por eso mismo, tiene un valor enorme. Nadie sabe qué serán los Warriors en 2029. ¿Un equipo en reconstrucción profunda? ¿Un proyecto a la deriva tras el final de la era Curry? Esa incertidumbre es oro para cualquier rival, que estaría dispuesto a pagar fuerte por el simple derecho a apostar contra el futuro de Golden State.
La organización ya dio una pista de su pensamiento en junio: mantuvo el pick 11 y eligió a Yaxel Lendeborg en lugar de usarlo como moneda de cambio. Pero el día que este vestuario necesite un salto de calidad real, esas futuras primeras rondas serán lo primero que se ponga sobre la mesa. Son la palanca que lo cambia todo.
No. 1 – Brandin Podziemski, el jugador que nadie quiere soltar
El nombre que más se repite cuando llaman a los Warriors es siempre el mismo: Brandin Podziemski. Y, paradójicamente, es también el que Golden State menos quiere incluir en cualquier conversación.
Tiene 23 años, jugó los 82 partidos de la temporada pasada y promedió 13,8 puntos, 5,1 rebotes y 3,7 asistencias. Producción, salud y margen de crecimiento. Todo eso por 5,7 millones en el último año de su contrato rookie.
Dunleavy ya marcó su postura en agosto: prefiere cerrar una extensión antes que dejar que la situación se alargue hasta la agencia libre restringida del próximo verano. Lo resumió con una frase que pesa mucho en los despachos: “Cuando él está en la pista, somos un mejor equipo”. Nada está firmado todavía y la ventana para acordar la extensión se cierra el 19 de octubre.
Ese detalle convierte a Podziemski en un activo aún más atractivo para cualquiera que se atreva a intentarlo: quien lo consiga no solo se lleva a un escolta joven y barato, también sus derechos como agente libre restringido. Si explota esta temporada, el precio subirá, pero el control seguirá siendo de la franquicia que lo tenga.
Para los Warriors, es justo al revés: cada buen partido encarece la decisión de desprenderse de él. Y cada mala racha del equipo empuja a preguntarse si no es precisamente ese tipo de jugador el que debería liderar el siguiente capítulo post-Curry.
Una decisión que no puede esperar
Golden State cerró el último curso con un 37-45 y un décimo puesto en el Oeste. Un registro que no encaja con la imagen de dinastía, pero sí con la realidad de un proyecto que camina por la cuerda floja entre exprimir al máximo los últimos años de Curry y empezar a construir algo nuevo.
Con Butler y Moody fuera de combate para el inicio de temporada, Dunleavy tiene un margen muy claro: de aquí a febrero debe decidir qué representan realmente estos activos. ¿Son el combustible para un último gran intento alrededor de Curry o la base del equipo que llegará cuando él ya no esté?
El plan, hoy, se dibuja con una línea bastante nítida: mantener a Podziemski y acumular primeras rondas salvo que aparezca una estrella de verdad, con años de contrato por delante. Y estar dispuesto a mover a Porzingis si surge el acuerdo adecuado.
El mercado lo sabe. La liga también. La pregunta es si, cuando llegue la oferta que toque todos esos botones, los Warriors se atreverán a decir que sí.




