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Wasim Akram advierte sobre el desastre del cricket paquistaní

En Nueva Delhi, Wasim Akram no se anduvo con rodeos. Antes incluso de que comenzara la serie de Tests en Inglaterra, el legendario ex capitán de Pakistán ya veía venir el desastre.

“Sabía antes de la serie que íbamos a perder 3-0 contra Inglaterra”, declaró a The Athletic.

No lo dijo con sorpresa, sino con la frialdad de quien conoce las entrañas del cricket paquistaní. Dos Tests después, la realidad le da la razón: 0-2 abajo, sin apenas haber inquietado al rival, y con un tercer y último encuentro que parece más trámite que esperanza.

Un diagnóstico implacable

Akram desnudó el problema sin adornos: “Nuestro bateo está sufriendo, nuestro bowling es por debajo del promedio y nuestro fielding es peor. No es ciencia espacial”. Una frase dura, pero difícil de discutir viendo el nivel mostrado en Inglaterra.

Sus palabras pesan más que las de cualquiera. Akram fue pieza clave de las históricas tres series consecutivas que Pakistán ganó en Inglaterra, en 1987, 1992 y 1996, esta última ya con él como capitán. Conoce lo que significa competir y ganar en esas condiciones. Por eso su juicio golpea con tanta fuerza.

Hoy, aquel equipo que dominaba en los swings ingleses parece un recuerdo lejano. Pakistán no solo pierde, se descompone en el campo: colapsos con el bate, ataques sin filo, manos que fallan en los momentos clave. La brecha con una Inglaterra sólida y agresiva se ha hecho evidente desde el primer día.

Terremoto en el PCB y una crítica al sistema

El desastre deportivo encendió la mecha en los despachos. Tras el segundo Test, el Pakistan Cricket Board reaccionó con un giro drástico: siete jugadores enviados de vuelta a casa y destitución del seleccionador Sarfaraz Ahmed y todo su cuerpo técnico.

Las decisiones sacudieron al mundo del cricket. Ni siquiera alguien tan curtido como Akram quedó indiferente. Dice que siente lástima por los jugadores, pero no los exime de responsabilidad. Y recurre a un dicho popular en su país: “En Pakistán tenemos un dicho: ‘Solo puedes aplaudir con dos manos’”.

El mensaje es claro. La culpa no es solo de los dirigentes ni solo de los jugadores. Es un círculo vicioso. Akram insiste en que el problema va mucho más allá de un mal tour o de un seleccionador equivocado.

“Me preguntan todo el tiempo: ‘¿Puedes hacer algo para ayudar al cricket paquistaní?’ Pero los problemas son mucho más profundos. Estos son los mejores jugadores, no hay nada más detrás. Los sistemas por debajo no existen”, lamenta.

Su crítica apunta directo a la estructura doméstica: “La estructura de first-class a nivel local ha estado por todas partes en los últimos años y no hay consistencia, no hay paciencia”. Un campeonato que cambia, se rompe y se recompone sin un plan estable termina por vaciar el talento de base. Y cuando no hay base, la selección se queda sin relevo.

Ese caos, según Akram, no se queda en los despachos. “Eso se filtra también hacia los aficionados. Ven que el equipo pierde y quieren romperlo todo también. Lo hemos hecho tantas veces que ahora ya no queda realmente nada”. Una frase demoledora, casi un epitafio para un sistema que se ha autodestruido a golpe de reacción impulsiva.

Imran Khan, la preocupación más personal

En medio de la tormenta deportiva y estructural, Akram también se detuvo en un asunto que trasciende el cricket: la salud de su amigo y ex capitán de Pakistán, Imran Khan.

Reconoció que no habla con él desde hace tres años, pero su preocupación es evidente. “No he hablado con él en tres años. Es muy desafortunado, políticamente, lo que le está pasando. La corte de justicia es la corte de justicia. Pero en lo que respecta a su salud, no puede haber compromiso”.

Akram recordó que hay un movimiento en Inglaterra y en otros lugares para mejorar las condiciones de Imran, pero duda de que ocurra lo mismo en su propio país. “Aquí (en Pakistán), no estoy tan seguro”, confesó.

“Estoy hablando desde el corazón como alguien que está preocupado por él como persona. Condenado o no condenado. Cárcel o no cárcel. Tenemos que salvaguardar su salud. No sabemos qué está pasando, el gobierno dice que aparentemente su salud está bien. Pero yo estoy preocupado. Le echo mucho de menos”.

Es la voz de un hombre que fue parte de una de las eras más gloriosas del cricket paquistaní, guiado por Imran Khan dentro del campo, y que hoy ve cómo su viejo capitán lucha en otro tipo de batalla, lejos de los estadios.

Mientras Pakistán se prepara para un tercer Test que parece sentenciado antes de empezar, el eco de Akram resuena más allá del marcador. No solo alerta sobre un 3-0 casi asumido. Señala un sistema que se desangra y una figura histórica cuya salud se ha convertido en motivo de inquietud nacional.

La serie en Inglaterra terminará pronto. La verdadera pregunta es si el cricket paquistaní, y quienes lo dirigen, están dispuestos a escuchar lo que uno de sus mayores iconos lleva tiempo advirtiendo.