Wasim Akram critica la falta de bateadores en el cricket de Test
La paciencia de Wasim Akram con el cricket de Test de Pakistán se está agotando. Y ya casi no se molesta en disimularlo.
En una charla franca con los medios en Lahore, el legendario ex capitán apuntó directo al corazón del problema: el país no está produciendo bateadores de nivel Test. No ahora. No desde hace tiempo. Y para él, la señal de alarma sonó hace rato… y nadie la atendió.
La herida de Bangladesh que nadie quiso mirar
Akram recordó la reciente derrota en la serie de Test, en casa y fuera, ante Bangladesh. Para un país que se enorgullece de su historia en el formato largo, aquel tropiezo debió ser un terremoto institucional.
“Eso debió forzar cambios inmediatos”, vino a decir con claridad. Pero en su lectura, poco o nada se movió. El sistema siguió igual, las decisiones siguieron el mismo patrón y el problema de fondo —la falta de bateadores formados para el cricket rojo— se mantuvo intacto.
Diez años de PSL… ¿y ni un solo bateador?
El torneo insignia del país cumple una década. Para muchos, es el escaparate perfecto de talento. Para Akram, la pregunta es incómoda, pero inevitable: ¿qué ha salido realmente de ahí para el formato largo?
“Han pasado 10 años desde que empezó la PSL, pero ¿ha salido un solo bateador de la PSL? Sí, hemos producido algunos bowlers, pero díganme, ¿hemos producido algún talento de bateo realmente destacable?”, cuestionó.
El mensaje es duro: el país celebra la PSL, disfruta el espectáculo, ve surgir lanzadores rápidos… pero el déficit de bateadores capaces de sostener una entrada de Test sigue sin resolverse.
El espejo en la India y el fenómeno adolescente
Para remarcar su punto, Akram miró al otro lado de la frontera. Señaló la irrupción de un talento adolescente, de apenas 15 años, en India, una referencia clara a Vaibhav Sooryavanshi. No lo hizo para elogiar al vecino, sino para mostrar lo que él cree que falta en Pakistán.
“Creo que cuando produzcamos un talento de bateo como ese chico de 14 años, veremos llegar la mejoría”, afirmó, usando esa comparación como vara de medida.
En su análisis, Pakistán sigue siendo competitivo en el cricket de bola blanca. Ahí el país se mantiene en la conversación. Pero cuando se trata del formato que construye leyendas, Akram no maquilló la realidad: definió el estado del cricket de Test como “malo”.
El debate del entrenador, minimizado
En un entorno donde se discute sin parar quién debe ser el próximo seleccionador o head coach, Akram bajó el volumen de ese debate. Para él, cambiar el nombre en el despacho no resuelve nada si la materia prima es la misma.
Da igual si el elegido es él mismo, Gary Kirsten u otro técnico: el problema estructural seguirá ahí. El entrenador trabajará con el mismo grupo de jugadores, con las mismas carencias, con el mismo sistema que no termina de producir lo que el Test cricket exige.
Su receta pasa por algo menos vistoso y mucho más difícil de sostener: paciencia.
Akram pidió que se deje trabajar al sistema doméstico durante tres o cuatro años, sin golpes de timón cada pocos meses. Habla de planificación a largo plazo, de aceptar que no hay atajos, de resistir la tentación de los cambios cosméticos.
Clubes olvidados y millones que deben bajar a la base
El ex capitán no se situó por encima del aficionado. Admitió estar tan decepcionado como cualquier otro paquistaní por las actuaciones recientes. Y fue específico en una propuesta: revivir el cricket de clubes.
“Si queremos mejorar en el cricket de bola roja, el cricket de clubes debe revivir”, insistió. Para eso, pidió que la PCB destine 100 millones de rupias tanto en Karachi como en Lahore. No lo ve como gasto, sino como inversión en el lugar donde, según él, nace el verdadero talento.
Su crítica también alcanzó la política de selección: demasiadas rotaciones, poca coherencia. Los nombres se repiten, pero entran y salen sin continuidad, sin construir un núcleo estable que asuma responsabilidad y desarrolle carácter de Test.
Inglaterra, técnica en evidencia y valentía ausente
El presente tampoco ayuda. La serie de Test en Inglaterra, aún en disputa, se ha convertido en otra vitrina de las carencias. Akram fue especialmente duro con el enfoque de los bateadores ante los lanzadores locales.
En su análisis, los pakistaníes han jugado “plantados en el crease” frente a bowlers como Ollie Robinson, sin adelantar el pie delantero, sin esa decisión técnica y mental que exige el swing inglés.
Para él, el problema no es solo de técnica, sino de coraje. “Hay que jugar con valentía”, señaló, para luego añadir que esa valentía se apoya en algo irrenunciable: talento. Sin base técnica, el atrevimiento se convierte en temeridad.
La fiebre de la velocidad y la realidad del día a día
Akram también puso el foco en un tema que conoce mejor que nadie: el fast bowling. No le impresiona la obsesión moderna por el radar.
Lanzar una bola a 150 km/h, dijo, “no es gran cosa” si solo ocurre una vez. Para él, el verdadero termómetro de un lanzador rápido es sostener una velocidad en torno a 140 km/h durante toda la jornada, sesión tras sesión. Esa consistencia, no el pico puntual, define a un auténtico quick.
Pidió calma ante la excitación por cada nuevo nombre que aparece en el radar de velocidad. Antes de coronar a nadie, hay que darles overs, tiempo, desgaste real. Solo entonces se puede juzgar su potencial.
Shaheen, la incógnita y un nombre propio: Akif Javed
En ese contexto, era inevitable que saliera el nombre de Shaheen Afridi. Akram lo describió como un lanzador ya experimentado, alguien que debería estar marcando el estándar. Reconoció que no sabe por qué su velocidad ha caído, pero dejó claro que, con su bagaje, tendría que haber viajado a Inglaterra.
No se quedó ahí. También mencionó a Akif Javed como un jugador al que le habría dado una oportunidad en esta gira. “Si dependiera de mí, habría pedido a Akif Javed, porque lanzó bien recientemente en Inglaterra”, apuntó, subrayando que hay opciones que el equipo no termina de explorar.
Un diagnóstico incómodo… y una elección para el futuro
Las palabras de Akram llegan en un momento de preocupación creciente por el nivel del cricket de Test en Pakistán y por la calidad de los jugadores que salen del sistema doméstico.
Su mensaje, sin embargo, no se limita a la crítica. Marca una disyuntiva clara: seguir cambiando nombres y entrenadores para calmar la presión pública o aceptar el golpe, invertir en la base, sostener un plan y esperar tres o cuatro años a que el trabajo silencioso empiece a dar frutos.
Pakistán ya sabe lo que es producir generaciones de talento que dominaron el mundo del Test cricket. La pregunta que deja Akram en el aire es brutal en su sencillez: ¿está el país dispuesto a hacer el trabajo incómodo para volver a hacerlo?




