Alcaraz demuestra su jerarquía en el US Open con once victorias seguidas
No fue un paseo, pero tampoco un drama. Fue, sobre todo, una demostración de jerarquía. Carlos Alcaraz volvió a mandar en Flushing Meadows y dejó a Tommy Paul sin respuestas reales, más allá de su resistencia numérica. El marcador habló de tres sets apretados; las cifras, de un partido con dueño claro.
El español terminó con 33 golpes ganadores por solo 18 de Paul, pese a que ambos acumularon exactamente 32 errores no forzados. La diferencia estuvo en la intención. Alcaraz atacó, asumió riesgo, vivió en la zona roja del juego. Paul, obligado a defenderse demasiado, apenas pudo arañar iniciativa.
Alcaraz subió 29 veces a la red y se llevó 23 de esos puntos. Elegía bien cuándo entrar, cuándo cerrar, cuándo cambiar el ritmo. Con el servicio, mantuvo un estándar de campeón: 67% de primeros saques dentro, solo una rotura cedida en 15 juegos al servicio y cuatro breaks convertidos de los 14 que generó. Ahí se decidió casi todo.
Paul, competitivo pero superado, salvó 10 de esas 14 bolas de rotura. Le dio aire, le dio tiempo, pero no le dio partido. A lo largo de los tres sets, el español ganó 99 de los 173 puntos disputados. Una diferencia amplia que el marcador, engañoso a simple vista, disimula más de lo que refleja.
El único susto, al final
El único tramo de auténtico peligro llegó cuando el partido ya parecía encaminado. Alcaraz servía con 5-4 en el tercer set y, de repente, se vio 15-40 abajo. Dos de las cuatro bolas de break que afrontó en toda la noche cayeron justo ahí, en el juego que podía alargar la historia.
La reacción fue la de un jugador que se sabe superior y no quiere dar segundas oportunidades. Borró las dos opciones de Paul, encadenó los siguientes puntos, abrió pista con el drive cruzado para firmar un ganador que le dio bola de partido y la cerró de inmediato con un servicio ganador. Ni concesiones ni suspense.
Con ese último punto, Alcaraz estiró una racha que ya empieza a pesar en la historia reciente del torneo.
Un idilio con los grandes escenarios
El murciano no pierde en Flushing Meadows desde 2024. Esta victoria supone su undécimo triunfo consecutivo en el US Open y el decimoctavo seguido en torneos de Grand Slam sobre pista dura, una secuencia que enlaza el título del año pasado en Nueva York con el de este curso en el Australian Open.
El premio inmediato: su 15º cuartos de final de Grand Slam. El horizonte: tres partidos más para convertirse en el primer hombre que defiende el título del US Open desde que Roger Federer encadenó cinco coronas entre 2004 y 2008.
La noche también movió un número de carrera que habla de él tanto como cualquier highlight. Su porcentaje de victorias en grandes sobre cemento se sitúa ya en un 86,79%, el tercero de la era Open. Solo Novak Djokovic y el propio Federer le superan, y el suizo apenas por unas centésimas, con un 86,82%. Alcaraz ya ha dejado atrás a Pete Sampras en esa lista.
No son solo sensaciones. Son datos de dominador.
Un plan claro para desactivar a Paul
Sobre la pista, Alcaraz explicó su propio partido con una claridad que encaja con lo que se vio. Su idea pasaba por no dejar que Tommy Paul encontrara ritmo ni confianza. Respetó el talento del estadounidense, su capacidad para golpear fuerte y variar, y decidió cortarle el oxígeno desde el primer intercambio.
Lo logró con la devolución. Él mismo apuntó que la presión constante en los juegos de resto le permitió jugar más suelto con su servicio, pensar con calma y elegir mejor. Cada turno de saque de Paul venía acompañado de la sensación de amenaza. Esa tensión acumulada terminó por decantar la noche.
Cuestionado por su estado físico tras cuatro meses y medio fuera, Alcaraz se remitió a su hoja de servicios en Nueva York: desde 2021, salvo un año, siempre alcanza como mínimo los cuartos de final. Para él, es una prueba de lo especial que es este torneo y de lo bien que se siente cada vez que pisa estas pistas.
Paul, otra vez frenado en Nueva York
Para Tommy Paul, la historia se repite en la ciudad que más se le resiste. Ya sabe lo que es alcanzar cuartos de final en el Australian Open, Roland-Garros y Wimbledon. En el US Open, en cambio, el muro sigue en octavos.
Llegó al torneo con el objetivo declarado de romper esa barrera. Se marcha de nuevo en cuarta ronda, por segundo año consecutivo, y con un balance cada vez más duro ante Alcaraz: siete derrotas en nueve enfrentamientos.
Compite, se acerca, fuerza intercambios largos, pero no encuentra la llave para tumbar al español cuando este aprieta en los momentos grandes.
Un cuadro que se endurece… y un mensaje claro
El siguiente paso de Alcaraz saldrá del duelo entre el estadounidense Ben Shelton, octavo cabeza de serie, y Stefanos Tsitsipas. Más adelante, en la misma mitad del cuadro, asoman Daniil Medvedev, campeón en estas pistas, y Frances Tiafoe, ídolo local y siempre peligroso bajo los focos neoyorquinos. En el otro lado espera Alexander Zverev, número uno del cuadro y campeón en Roland-Garros.
El camino se estrecha y se llena de nombres pesados. Pero con tres noches más como esta, el tema de conversación ya no será su muñeca ni su parón, sino algo mucho más incómodo para el resto: cómo se frena a un jugador que en los grandes escenarios de pista dura gana, simplemente, casi siempre.




