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Alcaraz acelera en Nueva York: triunfo sólido y sensaciones crecientes

Carlos Alcaraz ya no parece un jugador que vuelve de una lesión larga. Parece, sencillamente, un candidato serio a levantar de nuevo el trofeo en Flushing Meadows.

En la Arthur Ashe, el español barrió a Wu Yibing con un marcador rotundo: 6-3, 6-4, 6-1. Dos horas y 20 minutos de partido que dejaron una impresión clara: cada vez está más cerca de su mejor versión.

De la incertidumbre al ritmo de campeón

Su debut en este US Open tenía trampa. Habían pasado 139 días desde su último partido individual, una eternidad en el circuito, castigado por una lesión de muñeca sufrida en abril. Volvía con dudas razonables, más físicas que tenísticas.

Superó la primera ronda en tres sets, pero en la segunda tuvo que remontar ante Jaime Faria, cediendo el primer parcial y obligándose a competir de verdad desde el fondo, desde la incomodidad. Le vino bien.

Ante Wu, ya no hubo concesiones. Mandó con el servicio, restó profundo, castigó con la derecha y, sobre todo, dio la sensación de controlar el encuentro desde el primer intercambio serio. El marcador lo cuenta, pero el lenguaje corporal lo subrayó: Alcaraz se movió suelto, sin miedo al golpeo, con esa mezcla de agresividad y creatividad que le distingue.

“Para ser sincero, estoy mejor de lo que pensaba”, admitió después. Esperaba sufrir más físicamente tras el primer partido. No ha sido así. “Me estoy recuperando muy bien. Estoy haciendo grandes cosas fuera de la pista para estar en buen estado. Ahora mismo creo que mi nivel es realmente bueno. Creo que he cogido el ritmo de la competición”.

La clave, según él mismo, sigue siendo simple: cada vez que entra en pista, vaciarse. “Solo intento mejorar, ser mejor en cada partido y creo que estoy llegando a ese punto”.

Un cuarto duelo con aroma a costumbre

En octavos le espera Tommy Paul, cabeza de serie número 20. Un rival peligroso, con tenis para incomodar a cualquiera en pista dura, pero con un dato demoledor en contra: Alcaraz le ha ganado las seis veces anteriores.

El estadounidense conoce de sobra la montaña que tiene delante. El español, por su parte, sabe que el historial no gana partidos, pero le ofrece una plataforma de confianza ideal para seguir afinando su tenis sin perder de vista lo esencial: el físico está respondiendo, y eso lo cambia todo.

Un cuadro que se abre… y una oportunidad mayúscula

El contexto del torneo también juega a su favor. La parte alta del cuadro masculino ha saltado por los aires en pocos días.

Jannik Sinner, número uno del mundo y gran ausente por lesión, dejó un vacío en la cima. El hombre que encabeza ahora el cuadro es Alexander Zverev, campeón de Roland Garros y finalista en Wimbledon, pero el alemán viene sufriendo: dos partidos, dos maratones a cinco sets, y finales de madrugada que desgastan tanto la mente como las piernas.

Alcaraz, como segundo cabeza de serie, solo podría cruzarse con Zverev en una hipotética final. Hasta entonces, el panorama se ha ido despejando de nombres pesados. Novak Djokovic se despidió de forma inesperada en primera ronda ante Mariano Navone. Felix Auger-Aliassime, tercer cabeza de serie, cayó en segunda ronda frente a Karen Khachanov.

El resultado es un escenario casi insólito para un gran torneo: a día de hoy, el único top-10 que podría cruzarse con Alcaraz antes de semifinales es Ben Shelton, octavo favorito. En unas hipotéticas semifinales, el rival de mayor peso sería Daniil Medvedev, séptimo cabeza de serie.

Los antecedentes también ayudan al murciano. Ha ganado los tres partidos que ha disputado ante Shelton y domina 6-3 el cara a cara con Medvedev. El ruso, eso sí, ya le recordó este mismo año, en Indian Wells, que su tenis incómodo y cambiante puede descolocar incluso a los mejores.

Mientras tanto, por el otro lado del cuadro, Zverev mira de reojo posibles cruces con Taylor Fritz, ídolo local, y con el italiano Flavio Cobolli, finalista en Roland Garros. Caminos distintos, exigencias diferentes.

Alcaraz, de momento, se limita a lo suyo: recuperar sensaciones, encadenar victorias y reforzar la idea que deja cada vez que sale a pista en Nueva York. No parece un campeón que vuelve. Parece un campeón que quiere más.