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Alex de Minaur revive en Brisbane y lidera a Australia en la Copa Davis

Alex de Minaur necesitaba aire. Lo encontró en Brisbane, en una noche de Copa Davis que sonó a desahogo y a reencuentro con su mejor versión. En la pista dura del Pat Rafter Arena, el número 9 del mundo abrió la serie ante Polonia con una victoria contundente: 6-3, 6-0 frente a Maks Kasnikowski, apenas número 231 del ranking ATP, pero combativo en el arranque.

Durante 35 minutos, el primer set fue una pelea seria. Kasnikowski se sostuvo, encontró primeros saques y obligó a de Minaur a trabajar cada punto. El australiano mandaba, pero sin terminar de soltarse. Hasta que el ritmo cambió.

El marcador decía 6-3. El lenguaje corporal, otra cosa: hombros arriba, pasos más ligeros, miradas al público. El segundo parcial duró solo 20 minutos. Un rosco. Un aviso.

La presión, al fin, hizo efecto.

De Minaur aceleró, restó profundo, castigó cada segundo servicio del polaco y convirtió el partido en un monólogo. Cada break venía acompañado de un gesto hacia las gradas, un grito, un puño cerrado. Más que celebración, parecía necesidad. De conexión. De sentir que, por una vez, el circuito no le quedaba tan lejos de casa.

“Jugamos fuera de Australia diez meses al año, así que no tenemos muchas oportunidades de jugar aquí delante de un estadio lleno”, explicó después. “Fue una atmósfera increíble y la había echado de menos”.

No lo dijo, pero se notó desde el primer juego.

Un año duro detrás del ranking

La clasificación habla bien de él: número 9 del mundo. La temporada, no tanto. 2026 ha sido uno de los cursos más ásperos de la carrera reciente de de Minaur, maquillado solo en parte por un momento personal feliz: su boda con la británica Katie Boulter.

En la Race hacia las ATP Finals, el australiano figura 13º. Por ahora, fuera. Demasiadas salidas prematuras para un jugador que se había acostumbrado a pisar los cuartos de final en los grandes escenarios.

En los Grand Slams, solo alcanzó los cuartos en el Australian Open, donde cayó ante el posterior campeón, Carlos Alcaraz. Después, tropiezos ante rivales de menor ranking en París, Londres y Nueva York. El golpe más reciente, el revés en segunda ronda del US Open ante Botic van de Zandschulp, número 70 del mundo, apenas su segunda eliminación tan temprana en un grande desde 2023.

Y todo eso en un torneo sin el número uno Jannik Sinner y con Alcaraz regresando de una lesión de muñeca. Una oportunidad abierta. Y desperdiciada.

No fue la primera vez que se le vio abatido en una rueda de prensa de Slam, lamentando una despedida prematura cuando su tenis apuntaba, como mínimo, a la segunda semana.

La historia se repitió también en los Masters: tres derrotas en el debut. La única vez que alcanzó los cuartos, ante Valentin Vacherot, la derrota le costó puntos de ranking porque defendía unas semifinales de 2025. Un año que ha ido a contracorriente, casi siempre.

Davis, Laver y el refugio del equipo

Por eso esta semana en Brisbane no es solo una eliminatoria más. Es una oportunidad de reset. De usar la Copa Davis como trampolín emocional y competitivo.

Tras esta serie ante Polonia llegará la Laver Cup en Londres, donde de Minaur liderará a Team World frente a Europa. Él mismo lo ve como un momento clave, una rampa de lanzamiento: un tramo de calendario que, si le sale bien, puede cambiar el tono de su temporada.

“Sé que el tenis está ahí, no se ha ido a ninguna parte. Solo tengo que dar un paso al frente y seguir haciendo lo que estoy haciendo”, afirmó. El mensaje sonó firme, más como declaración de intenciones que como consuelo.

Hay algo en el formato por equipos que lo enciende. Lo reconoce sin rodeos: “Es un entorno diferente y creo que en estos entornos es donde más rindo, en las competiciones por equipos. Es distinto a tu día a día en el circuito. La presión es diferente. Diría que es mayor en los torneos por equipos porque no juegas solo por ti, juegas por los chicos que tienes al lado, y creo que eso saca lo mejor de mí”.

En la pista, se ve. El de Minaur intenso, eléctrico, que se alimenta del ruido y devuelve el doble. El que corre, muerde y no suelta. El que Australia necesita para soñar en la Davis y el que él mismo busca recuperar para el tramo final del año.

El calendario no espera. Tampoco el ranking. Pero en una noche calurosa en Brisbane, con un 6-3, 6-0 y el Pat Rafter Arena rugiendo, Alex de Minaur volvió a parecerse al jugador que quiere ser. Ahora falta saber si esta vez el impulso le alcanza hasta noviembre.