Alex de Minaur y Dane Sweeny: Contrastes en el US Open
Alex de Minaur abandonó el US Open antes de tiempo y dejó algo más que un hueco en el cuadro. Dejó abierta la puerta a perder su estatus de top 10 en cuestión de semanas, al cerrar en Flushing Meadows su temporada de grand slam más floja en tres años.
El número 7 del mundo cayó 6-4, 7-5, 6-2 ante el peligroso neerlandés Botic van de Zandschulp en la segunda ronda en Nueva York, un golpe que confirma la prolongada caída de nivel del australiano tras un inicio de 2026 brillante y lleno de promesas.
“Mi nivel hoy no fue suficiente. Es bastante sencillo”, admitió de Minaur. No buscó excusas. “Me di todas las oportunidades siendo competitivo, con buena mentalidad, buena actitud, pero fue uno de esos días en los que la sensación de la pelota en las cuerdas no estaba. Hice muchos errores, que no es mi estilo de juego. No puedo explicar por qué, pero cuanto más lo intentaba, cuanto más intensidad y más encendido estaba, más errores no forzados cometía… fue un día duro en la oficina”.
Para él, perder tan pronto en un grande es casi una anomalía: sólo le había ocurrido dos veces en sus últimos 13 majors. Este tropiezo llega, además, en un torneo donde había alcanzado los cuartos de final en las dos ediciones anteriores. Esta vez, se marcha en su eliminación más temprana en Nueva York en cinco años.
El favorito cae, el ‘wildcard’ vuela
Mientras de Minaur hacía las maletas, Dane Sweeny, invitado especial del torneo, se convertía en el único australiano en alcanzar la tercera ronda. El jugador de 170 centímetros, número 123 del ranking, firmó la victoria de su vida: 3-6, 6-1, 6-2, 6-2 ante el italiano Lorenzo Musetti, doble semifinalista de grand slam.
Un auténtico terremoto en el cuadro.
Sweeny, que hasta ahora sólo había probado este nivel de exigencia ante Ben Shelton en la segunda ronda del pasado Australian Open —derrota clara en sets corridos—, celebró su primer triunfo ante un top 20 y, con él, su debut en la tercera ronda de un grande. El premio es doble: un cheque superior a los 400.000 dólares y un ranking en vivo que ya lo sitúa, de forma provisional, en el número 109 del mundo. Su próximo desafío será otro italiano sembrado, Luciano Darderi.
“Estoy muy agradecido de poder siquiera competir en grand slams”, dijo Sweeny, todavía empapado de la adrenalina de la victoria. “He puesto mucho trabajo. El viaje en el tenis es una montaña rusa, y estoy increíblemente agradecido de jugar delante de un público increíble y de poder disfrutar este momento. Ganar, y conseguir un par de victorias, es increíble”.
Lo dice alguien que, hace menos de dos años, se tomó un parón de varios meses por una profunda crisis de resultados, justo cuando sentía que estaba a punto de entrar en la élite.
“Eso es lo bonito de perseguir algo con tanta intensidad como el tenis”, añadió. “El tenis puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos. Sólo tienes que seguir perseverando, y eso hice. No estaba consiguiendo resultados durante mucho tiempo, pero hay una ley de probabilidad. Sabía que de alguna forma iba a girar a mi favor si seguía, y seguí. Ahora estoy aquí, y fue la mejor decisión que tomé volver después de esos dos meses”.
De Minaur, atrapado en su propio juego
Mientras Sweeny disfrutaba de su gran noche, el partido de de Minaur fue un catálogo de todo lo que le ha venido lastrando en los últimos meses. Su servicio, bajo la lupa desde hace tiempo, volvió a fallarle: siete dobles faltas, sólo cuatro aces, 11 bolas de break concedidas y cinco rupturas sufridas.
El encuentro ofreció un momento que pudo cambiar la historia. En el segundo set, con un set abajo y 4-3 por detrás, de Minaur cometió una doble falta que lo dejó contra las cuerdas. Pero en el juego siguiente, tras una defensa espectacular, un revés suyo tocó la cinta y se coló en la pista de van de Zandschulp para un winner que le dio 15-40. El australiano igualó, tomó la delantera y pareció encontrar por fin una rendija.
No duró.
Con 5-5, de Minaur libró una batalla interminable al saque, salvó cuatro bolas de break, pero cedió en la quinta. El neerlandés se llevó el set y, con él, el control absoluto del duelo. Van de Zandschulp incluso pidió disculpas en ese juego por un golpe descentrado que cayó corto y arrastró al australiano a la red, abriéndole la pista para el passing de derecha. Pero la realidad es que de Minaur tenía margen para hacer más.
Con dos sets abajo, la estadística le miraba de frente: jamás había remontado ese marcador en 27 intentos. No lo haría esta vez. Tras pasar por vestuarios, intentó subir el ritmo, pero un derechazo largo en el tercer juego le costó otro break. Desperdició dos oportunidades de recuperación en el siguiente juego, y poco después van de Zandschulp volvió a romper para sellar la sentencia.
El resultado figura como sorpresa en el papel, no en la pista. El neerlandés llegaba en mejor forma y ya sabía lo que era tumbar a un gigante en Nueva York: hace dos años eliminó a Carlos Alcaraz en esta misma ronda. Nunca, eso sí, había logrado vencer a de Minaur en sus cuatro enfrentamientos previos. Hasta hoy.
Para el australiano, el golpe no es sólo estadístico. En julio, tras caer en Wimbledon ante Flavio Cobolli, habló de cómo le “rompía por dentro” no dar un paso adelante en los grandes escenarios. Intentó rebajar el dramatismo unas semanas más tarde en Washington, pero su tenis no ha terminado de responder. Desde febrero, sólo ha superado los cuartos de final en un torneo.
Sweeny, del anonimato a la gran escena
El camino de Sweeny hacia este US Open también tiene algo de destino caprichoso. Estaba programado para jugar la fase previa, hasta que una cadena de bajas permitió a Alexei Popyrin entrar directamente al cuadro principal. Ese movimiento liberó para Sweeny la invitación recíproca de Tennis Australia.
El jugador de 25 años convirtió ese wildcard en su primera victoria en un grand slam fuera de Melbourne Park, cuando el francés Corentin Moutet se retiró por una lesión en el brazo mientras perdía 7-6 (7-4), 6-4, 3-0. Ante Musetti, ya no necesitó la ayuda del rival para cerrar el trabajo.
El italiano, eso sí, se vino abajo físicamente a partir del segundo set. Pasó buena parte de los tres últimos parciales encorvado en la esquina de la pista, visiblemente indispuesto. Con 3-0 en contra en el tercer set, se marchó al vestuario para un tiempo muerto médico. Volvió con algún destello, pero Sweeny no aflojó ni un centímetro.
El australiano remontó dos veces un break en contra, sólo para devolverlo de inmediato a su favor con una agresividad inagotable desde el fondo y una movilidad asfixiante. El cuarto set siguió el mismo patrón: Musetti regaló un break de salida y se vio obligado a remar siempre detrás. Sweeny ya no soltó la presa.
Kyrgios, sanción y tratamiento
Lejos de la pista, el día también dejó un nombre propio australiano: Nick Kyrgios. La International Tennis Integrity Agency anunció que el jugador aceptó una suspensión de un mes por consumo de cocaína fuera de competición, dentro de un acuerdo que incluye su ingreso en un programa de tratamiento que reduce la sanción desde los tres meses iniciales.
Kyrgios ya había pedido disculpas el mes pasado a su familia, amigos y aficionados por cometer un “error enorme” cuando se conoció su suspensión provisional. Admitió ante la ITIA que consumió cocaína de forma recreativa en una salida nocturna antes de competir en Mallorca.
La suspensión terminó oficialmente el jueves, condicionada a que complete el programa de tratamiento. Como parte del castigo, perdió el premio en metálico y los puntos de ranking obtenidos en el torneo de Mallorca. Su excompañero de dobles Stefanos Tsitsipas, con quien mantiene una relación tensa desde hace tiempo, afirmó tras su debut victorioso en el US Open que la noticia no le sorprendía y que ya estaba al tanto de la situación.
Más contrastes australianos y un cuadro que tiembla
La jornada en Flushing Meadows rozó la épica para otro australiano. El clasificado Tristan Schoolkate llegó a soñar con otra gran sorpresa cuando se llevó el primer set ante el finalista de Roland-Garros, Cobolli, pero terminó cediendo 3-6, 6-3, 6-4, 7-5 ante el quinto cabeza de serie.
Alexei Popyrin también se despidió con un sabor amargo. Empezó mandando con autoridad, pero terminó derrotado 2-6, 7-6 (7-4), 7-6 (7-3), 6-2 ante el zurdo chileno Alejandro Tabilo, 25º preclasificado. Un inicio prometedor, un final sin respuestas.
En un día cargado de sobresaltos, también se marchó el tercer cabeza de serie, Felix Auger-Aliassime, derrotado en cuatro sets por Karen Khachanov. Coco Gauff, Iga Swiatek, Taylor Fritz y Naomi Osaka, en cambio, hicieron valer su condición y avanzaron sin sustos.
Al cierre de una jornada de contrastes, el mapa australiano en el US Open queda reducido a una historia improbable: la de Dane Sweeny, el jugador que hace dos años dudaba si seguir y hoy se gana a pulso un lugar en la gran escena. Mientras Alex de Minaur busca recomponer su tenis y proteger un ranking que se deshilacha, el foco se desplaza, por primera vez en mucho tiempo, hacia un compatriota que nadie esperaba.
La pregunta es inevitable: ¿quién marcará realmente la próxima página del tenis australiano en Nueva York, el top 10 herido o el ‘wildcard’ que se niega a despertar del sueño?




