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Alex Michelsen: la sorpresa del US Open 2023

Si alguien apostó por ver a Alex Michelsen en los cuartos de final del US Open antes de que se golpeara la primera pelota, hoy está celebrando algo más que su intuición. El estadounidense de 22 años, sin condición de cabeza de serie, ha irrumpido en la segunda semana del torneo sin ceder un solo set en cuatro partidos. No es una racha, es una declaración.

Ahora le espera un examen mayor: Frances Tiafoe, cabeza de serie número 11 y compatriota, un rival que ya le ha derrotado en las dos ocasiones en las que se han cruzado. El escenario, el momento y la historia reciente señalan al favorito. Pero el tenis que está desplegando Michelsen invita a no dar nada por hecho.

Un juego afilado y sin concesiones

Michelsen está construyendo su irrupción en Nueva York con un patrón muy claro: saque demoledor y agresión constante desde el fondo. Su servicio, por momentos inalcanzable, le abre la pista; cuando la devolución vuelve, su revés a dos manos entra en escena como un martillo.

En este torneo, cada bola corta del rival se ha convertido en una invitación a castigar. Ante Tomas Martin Etcheverry, en octavos, acumuló 44 golpes ganadores, un dato que retrata su plan: mandar, arriesgar, vivir en la línea fina que separa el acierto del error… y de momento caer siempre del lado correcto.

El marcador de su camino hasta cuartos habla por sí solo:

  • Primera ronda: victoria ante Federico Cina por 6-4, 6-1, 6-0
  • Segunda ronda: triunfo frente al cabeza de serie número 16, Brandon Nakashima, por 6-3, 6-4, 6-4
  • Tercera ronda: 7-6 (7-5), 6-4, 6-3 contra Daniel Merida
  • Cuarta ronda: 7-6 (8-6), 6-4, 6-4 ante el número 27, Tomas Martin Etcheverry

Ni un solo set perdido. Ni una sola concesión real al nerviosismo de un gran escenario.

De promesa universitaria a profesional precoz

Michelsen nació en Aliso Viejo, California, y se formó académicamente en Laurel Springs School. Sobre el papel, su futuro inmediato estaba en el tenis universitario: firmó una carta de intención con el programa masculino de la Universidad de Georgia como el jugador nacido en Estados Unidos mejor clasificado de su generación en 2023.

Ese plan duró poco. Nunca llegó a pisar Athens. Ese mismo año decidió dar el salto al profesionalismo, respaldado por un historial amateur que ya lo señalaba como algo distinto. En 2022 conquistó el título de dobles junior en Wimbledon y alcanzó la final de la misma modalidad en el Abierto de Australia junior. Ese mismo curso debutó en un Grand Slam en dobles en el US Open de 2022, aunque cayó en primera ronda.

En 2023, ya como profesional, recibió una invitación para el cuadro principal del US Open, donde disputó por primera vez un grande en individuales. Hasta esta edición, su techo en Grand Slam era un cuarto de ronda alcanzado en el Abierto de Australia de 2025. Nueva York ha roto esa barrera.

Ranking, dinero y un salto de estatus

La irrupción de Michelsen no solo se mide en titulares. También en números muy concretos. Actualmente ocupa el puesto 46 del ranking ATP. Si consigue colarse en semifinales del US Open, se disparará hasta el top 30, lo que supondría la mejor clasificación de su carrera.

El impacto económico también es notable. En lo que va de 2026 había superado ligeramente el millón de dólares en premios. Su presencia en los cuartos de final en Flushing Meadows ya le garantiza 780.000 dólares adicionales. Un botín que, más allá de la cifra, consolida su entrada en la élite del circuito.

Tiafoe, el siguiente muro

El próximo capítulo llega el martes 8 de septiembre, con Frances Tiafoe al otro lado de la red en los cuartos de final. El historial directo no engaña: dos partidos, dos victorias para Tiafoe. Experiencia, carisma y un juego explosivo frente al impulso de un Michelsen que está descubriendo, casi a la vez que el público, la dimensión real de su tenis.

Tiafoe sabe cómo manejar el ruido y la electricidad del US Open. Michelsen, en cambio, está aprendiendo a surfear esa ola sobre la marcha. Hasta ahora, no ha temblado. No ha aflojado el brazo. No ha negociado su propuesta ofensiva.

La pregunta ya no es si este torneo marcará un antes y un después en su carrera. Eso está asegurado. La duda, ahora, es hasta dónde puede estirar esta irrupción un jugador que ha convertido una invitación silenciosa al cuadro principal en una de las historias más ruidosas de la quincena.