Alfie Hewett conquista su quinto US Open tras vencer a Tokito Oda
Alfie Hewett llevaba seis semanas esperando exactamente este partido. Se notó desde la primera bola. El británico arrolló a Tokito Oda por 6-0 y 7-6 (7-5) para levantar su quinto título de individuales en silla de ruedas en el US Open y cortar de raíz el sueño del japonés de firmar el Grand Slam de calendario en 2026.
No fue solo una victoria. Fue una respuesta.
De la humillación en Wimbledon al desquite en Nueva York
Hace apenas unos meses, en la final de Wimbledon, Oda había pasado por encima de Hewett con un demoledor 6-1, 6-1. El japonés ya se había coronado en el Abierto de Australia en enero y volvió a imponerse al británico en Roland Garros. Seis títulos de Grand Slam consecutivos en individuales, una racha que parecía no tener freno.
Aquella paliza en la hierba dejó marca. Hewett lo reconoció en declaraciones a BBC Sport: Wimbledon le obligó a “mirarse al espejo”. Sintió que había dejado de ser él mismo, que había perdido su esencia competitiva. Habló de querer “ser un poco más como yo” en la persecución de su undécimo grande individual. Recordó que su sello siempre había sido la valentía, el coraje en los puntos que deciden torneos, y que en Londres no se pareció en nada a ese jugador. “Estaba callado, tímido, era una sombra de mí mismo”, admitió.
Seis semanas después, el tono cambió por completo.
Un primer set “poseído”
La final en Nueva York arrancó con aviso para navegantes. Oda dispuso de una bola de break en el primer juego. Hewett la salvó, apretó los dientes y, desde ahí, jugó un set que él mismo describió como “poseído”.
A partir de ese momento, el británico dominó cada intercambio. Se adueñó del ritmo, castigó con el revés y se movió con una agresividad que había echado en falta en Wimbledon. No concedió concesiones ni resquicios. El 6-0 no fue un accidente, fue una declaración de intenciones.
El cierre del parcial lo resumió todo: un resto ganador de revés, limpio, profundo, que dejó a Oda sin respuesta y al público en pie. Hewett había recuperado su identidad en la pista, la del jugador que se crece cuando el partido quema.
Oda reacciona, Hewett resiste
La reacción del número uno del mundo no tardó. Herido en su orgullo, Oda elevó el nivel en la segunda manga. Ajustó direcciones, encontró más primeros saques y empezó a abrir pista con mayor precisión. El guion cambió: el japonés se colocó con doble break de ventaja y parecía encaminar el duelo hacia un tercer set.
Ahí apareció la otra cara de Hewett: la del competidor que se niega a soltar una final. Bajo presión, el británico ajustó el resto, apretó cada segundo saque de Oda y empezó a recuperar terreno punto a punto. Rompió una vez. Luego otra. Y, cuando Oda dispuso de tres bolas de set para igualar el partido, Hewett se sostuvo con frialdad quirúrgica.
El set desembocó en un tie-break cargado de tensión. Cada punto pesaba como un ladrillo. Oda buscaba desesperadamente estirar la racha de seis grandes seguidos; Hewett olía la oportunidad de cerrar cuentas pendientes. En ese desempate, el británico volvió a ser ese jugador “intrépido, valiente y corajudo” del que hablaba. Apretó en los intercambios largos, eligió bien los momentos para atacar y acabó sellando el 7-5 que le daba el título.
Fin del sueño del Grand Slam… y justicia deportiva
Para Oda, la derrota tuvo un sabor especialmente amargo. Él mismo lo reconoció en la pista: su objetivo era completar el Grand Slam de calendario. El US Open era la última pieza del puzle. Se quedó a un partido.
El japonés, que había encadenado los seis últimos títulos de Grand Slam en individuales, vio cómo esa racha se rompía precisamente ante el rival al que había dominado con tanta autoridad en la primera mitad del año. Esta vez, sin embargo, la balanza se inclinó hacia el otro lado. Y Oda lo aceptó con deportividad: “Alfie se lo mereció hoy”, afirmó ante el público.
Un doblete para recordar
El triunfo completa una semana perfecta para Hewett en Nueva York. El británico ya se había proclamado campeón de dobles el viernes, formando pareja con su compatriota Gordon Reid. Con este nuevo trofeo individual, añade otro capítulo a una carrera que ya roza la leyenda en el circuito de tenis en silla de ruedas.
Cinco coronas en individuales en el US Open. Once títulos de Grand Slam en su cuenta personal. Y, quizá más importante que las cifras, la sensación de haber recuperado la versión que lo llevó hasta la élite.
Hewett llegó a Nueva York con dudas internas, con la herida de Wimbledon aún fresca. Se marcha con un doblete, un gigante derribado y la certeza de que, cuando juega “más como él mismo”, sigue siendo uno de los hombres a batir en cualquier grande.




