Aryna Sabalenka avanza con facilidad en el US Open
Aryna Sabalenka apenas sudó. En 53 minutos despachó a la debutante del US Open Polina Iatcenko con un demoledor 6-1, 6-1, uno de los triunfos más rápidos de Grand Slam de su carrera. Una paliza. Pero su cara contaba otra historia.
La número uno del mundo dejó la pista con la misión cumplida, aunque sin la expresión relajada de quien acaba de arrasar. Y la tensión terminó de aflorar en la sala de prensa, donde un intercambio con un periodista encendió el ambiente.
Una temporada extraña, una presión enorme
Sabalenka, 28 años, persigue en Nueva York su primer grande de una temporada tan brillante como desconcertante. Arrasó en el inicio del año: final en el Australian Open, títulos consecutivos en Indian Wells y Miami, un nivel que hacía pensar en un dominio casi absoluto.
En sus primeros 27 partidos de 2026, solo una derrota: ante Elena Rybakina en Melbourne. Después de completar el Sunshine Double, el vértigo. Su balance se desplomó a 17-7 antes de llegar al US Open y, en los últimos cinco meses, apenas una semifinal WTA.
Ella misma reconoció, antes del último grande del año, que había estado “lidiando con varias cosas” y que su tenis estaba lejos de su mejor versión. Por eso el duelo ante Iatcenko no era solo una segunda ronda. Era un termómetro emocional.
El problema es que el marcador no dio demasiadas pistas sobre su nivel real. Ante la número 160 del mundo, una debutante de 22 años, casi todo fue demasiado fácil. El examen serio tendrá que esperar.
Lo que sí ganó Sabalenka fue algo de aire. Y algo de confianza. Necesita las dos cosas para sostener una misión casi imposible: revalidar el título y, de paso, intentar frenar el asalto de Rybakina al número uno.
La ecuación es cruel. Sabalenka está obligada a levantar de nuevo el trofeo en Nueva York para conservar alguna opción de seguir en la cima. Y aun así podría no bastar. Si Rybakina alcanza las semifinales, se quedará con el trono aunque Sabalenka complete el triplete en Flushing Meadows.
Un trámite feroz, una rival desbordada
Sobre la pista, la historia fue breve y contundente. El saque y la potencia de Sabalenka arrollaron a Iatcenko, que apenas pudo conectar tres golpes ganadores frente a los 24 de la primera cabeza de serie.
La rusa entró en el Arthur Ashe como un manojo de nervios. El escenario más grande del tenis, la número uno al otro lado de la red y el ruido del US Open no ayudaron. Tardó en respirar. Cuando por fin se estrenó en el marcador, con 5-1 en contra, se permitió una sonrisa de alivio. Un pequeño consuelo en medio del vendaval.
Fue un espejismo. Sabalenka cerró el primer set en blanco en menos de 90 segundos. Apenas 24 minutos de juego y ya estaba en el asiento de mando.
Iatcenko pidió entonces un descanso para ir al baño y cambiarse de ropa. Oficialmente, un ajuste de vestimenta. En realidad, un intento de reajustar la cabeza. Mientras tanto, Sabalenka se mantuvo activa, sacando una y otra vez, sin permitir que el cuerpo ni la mente se enfriaran.
El segundo set siguió el mismo guion. La número uno se escapó con doble break para 3-0. Hubo un pequeño bache: un juego de servicio flojo, un despiste, y la rusa recuperó un quiebre. Duró poco. Sabalenka apretó de nuevo, sumó dos roturas más y cerró la lección con autoridad.
Para Iatcenko, el golpe deportivo llega acompañado de una recompensa económica que puede cambiarle la carrera. Llegaba a Nueva York con unos 300.000 dólares acumulados en premios y se marcha con 190.000 más en el bolsillo. Dinero para invertir en entrenadores, viajes, calendario. Y, sobre todo, con la experiencia de haber jugado contra la número uno del mundo en el escenario más grande que ofrece el tenis.
Un cruce tenso con la prensa
El partido fue sencillo. La rueda de prensa, no tanto.
Sabalenka ya había dejado claro en días anteriores que atravesaba un periodo complicado. Tras la victoria, un periodista insinuó que, en la previa del US Open, se la había visto en “muchas fiestas”. La bielorrusa no dejó pasar la pregunta.
“¿Qué clase de pregunta es esa? Solo porque publiqué algunas actividades con marcas, piensas que he estado de fiesta y sin entrenar?”, replicó, visiblemente molesta.
La siguiente cuestión no ayudó. Le preguntaron si ahora, con el torneo en marcha, se estaba “poniendo seria”. La respuesta llegó cargada de ironía: “Ah, sí, no estaba siendo seria antes. Siguiente pregunta”.
Entre líneas, Sabalenka dejó ver el desgaste de una número uno que siente que cada gesto, cada publicación y cada resultado se diseccionan al milímetro. Y que, pese a una victoria aplastante, no encuentra demasiada indulgencia en el entorno.
En la pista, su mensaje fue más claro: “Estoy contenta con el nivel al que jugué, contenta con la concentración y contenta de haber pasado este partido”. Nada más, nada menos. El siguiente obstáculo será Kamilla Rakhimova en tercera ronda, una prueba algo más seria para medir el verdadero estado de su tenis.
Un cuadro femenino sin grandes terremotos
Mientras Sabalenka avanza con paso firme y carácter inflamable, el resto de aspirantes al número uno también hacen su trabajo.
Jessica Pegula, tercera cabeza de serie, siguió alimentando su sueño de estrenar palmarés de Grand Slam con una victoria cómoda ante su compatriota Sofia Kenin, 6-3, 6-1. Si la estadounidense levanta el trofeo, también podría desbancar a Sabalenka del trono.
Lo mismo ocurre con Coco Gauff, cuarta favorita, que mantiene vivas sus opciones de asalto a la cima con otro triunfo en dos sets. El margen de error en la parte alta del ranking es mínimo. Cada ronda cuenta. Cada set cuenta.
El día se completó con victorias sin sobresaltos para la subcampeona de Wimbledon Karolina Muchova, la dos veces semifinalista de grandes Marta Kostyuk y la joven sensación local Iva Jovic. Dos rondas y casi ningún batacazo en el cuadro femenino. Un arranque sin terremotos, pero con una tensión latente en la parte alta que promete estallar en la segunda semana.
Sabalenka ya ha lanzado su primera señal: sigue pegando tan fuerte como siempre. Falta por ver si ese tenis, bajo la presión de un posible “three-peat” y con el número uno en juego, aguantará cuando lleguen las noches grandes de verdad en Nueva York.




