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Aryna Sabalenka conquista Nueva York y hace historia

Aryna Sabalenka ya no solo gana en el US Open. Impone una ley propia. La bielorrusa, dos veces campeona defensora, domó el caos, el ambiente y el tenis agresivo de Taylor Townsend para firmar su sexta clasificación consecutiva a los cuartos de final en Flushing Meadows, un logro que solo Serena Williams había alcanzado en este siglo.

Lo hizo a su manera: con dientes apretados, golpes descomunales y una frialdad que, no hace tanto, le costaba encontrar en noches así. Triunfo por 6-4 y 6-3, en 75 minutos, en un partido mucho más enrevesado de lo que marca el marcador.

Un inicio salvaje, diez quiebres y un pulso mental

El encuentro arrancó como un vendaval. Cinco quiebres consecutivos, devoluciones profundas, ángulos imposibles y muy poco margen para respirar. Ni una ni otra lograban sostener el servicio, pero Sabalenka fue la primera en poner orden en medio del descontrol.

Townsend, especialista en dobles y siempre creativa, saltó a la pista con un largo atuendo negro con plumas, como si llegara a un escenario más que a una pista. Y actuó en consecuencia: subidas constantes a la red, restos agresivos, variedad de alturas. incomodó a Sabalenka todo lo que pudo y más.

La estadounidense obligó a la número uno del mundo a cerrar el primer set al segundo intento. Y cuando se adelantó 3-1 en el segundo parcial, con la grada claramente de su lado, el duelo amenazó con escapársele a Sabalenka por la vía emocional.

Ahí cambió todo.

Consciente de que necesita el título para conservar el número uno, Sabalenka reaccionó con una autoridad brutal: contraquiebre en blanco, lenguaje corporal firme y un tenis cada vez más pesado. A partir de ese 3-1, la finalista se encendió. Y ya no soltó el control.

La racha final fue demoledora: cinco juegos seguidos, solo cinco puntos cedidos en ese tramo, y el partido cerrado con una sensación de inevitabilidad. Townsend se quedó sin espacio, sin tiempo y sin resquicios.

Serena en el retrovisor

La victoria tiene un peso histórico. Sabalenka encadenó su 18º triunfo consecutivo en el US Open y mantiene una racha de tres años sin perder en Nueva York, tras sus títulos de 2024 y 2025. Ninguna jugadora había alcanzado seis cuartos de final seguidos en el torneo desde Serena Williams en 2016.

La estadounidense también fue la última en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Sabalenka está a tres victorias de igualar ese registro. No es una comparación menor. Es territorio de leyendas.

En la pista, la bielorrusa dejó claro qué había cambiado en ella: “Solo intentaba mantenerme concentrada en mí misma, no solo punto a punto, sino bola a bola”, explicó tras el partido. “Estoy feliz de haber podido darle la vuelta al segundo set, creo que fue el momento clave”.

En otro tiempo, un ambiente tan volcado con su rival y un marcador adverso en el segundo set habrían encendido la versión más errática de Sabalenka. Esta vez, la presión la afinó.

También tuvo palabras para Townsend: “Qué jugadora tan increíble, subiendo a la red, gran restadora, se mueve bien, muy valiente. Podías ver lo concentrada que estaba. Fue realmente complicado jugar contra ella, especialmente aquí”. Y se tomó un momento para agradecer a la grada, que aun apoyando a la local, no le dio la espalda.

Un muro en Nueva York… y una temporada por completar

Sabalenka no falla en las grandes rondas del US Open. No se queda fuera de semifinales desde 2020. Este torneo es su refugio y su escaparate. Pero este año tiene un matiz especial: tras su eliminación en octavos de final en Wimbledon, corre el riesgo de cerrar su primera temporada sin un grande desde 2022.

El US Open se ha convertido, de golpe, en su última gran frontera del curso. Y la está defendiendo con uñas, raqueta y carácter.

Noskova sobrevive a un maratón emocional

En cuartos le espera Linda Noskova, campeona de Wimbledon y sexta cabeza de serie, que necesitó seis puntos de partido para derribar a Marta Kostyuk en un duelo de nervios: 7-5, 5-7 y 6-4, en dos horas y media de montaña rusa.

La checa, de 21 años, sirvió para partido en el segundo set y dispuso de sus dos primeras bolas de encuentro con 5-3. No cerró. Kostyuk resistió, rompió y se llevó el parcial, obligando a empezar de cero.

El tercer set fue un reflejo de todo lo anterior: tensión, quiebres intercambiados, inercias que cambiaban en un par de golpes. Noskova volvió a colocarse 5-3 arriba. Volvieron los fantasmas. Desperdició otras dos bolas de partido, permitió a Kostyuk llegar a iguales, salvó una bola de quiebre y dejó escapar una quinta oportunidad antes de, por fin, rematar el trabajo en la sexta.

Cuando lo logró, se desplomó en cuclillas, exhausta más por la carga mental que por la física. “Estoy más que aliviada, este partido fue muy duro, emocionalmente un poco más que físicamente”, reconoció. “Hoy estuvo muy cerca, podía haber acabado de cualquiera de las dos maneras. Con todas las oportunidades que tuve en el segundo set, fue difícil volver a arrancar”.

Lo consiguió. Y su premio es un pulso directo con la reina de Nueva York.

Sabalenka llega con una racha implacable y la historia llamando a la puerta. Noskova aterriza con un Wimbledon reciente en la mochila y la sensación de que no se rompe ni cuando el partido se le escurre entre los dedos.

En un torneo que se le ha rendido durante tres años, ¿encontrará Sabalenka su mayor desafío precisamente ahora, a tres pasos de la eternidad?