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Aryna Sabalenka alcanza otra final del US Open

NUEVA YORK — En una noche pesada, húmeda, casi pegajosa sobre el Arthur Ashe Stadium, Aryna Sabalenka volvió a imponer su ley. Derrotó a Jessica Pegula por 7-5 y 6-2 y se metió de nuevo en la final del US Open, a un solo triunfo de un histórico triplete consecutivo en Nueva York.

Del otro lado la espera Elena Rybakina, la jugadora que el lunes la desbancará del número uno del mundo. El duelo tiene algo de relevo simbólico en la cima del circuito… y a la vez, la oportunidad perfecta para que Sabalenka recuerde quién manda en las pistas duras de los grandes escenarios.

El Grand Slam más difícil de repetir

Defender título en Flushing Meadows es una de las tareas más ingratas del tenis. Llega al final de una temporada larga, con cuerpos castigados, cabezas saturadas y margen mínimo para la inspiración. El torneo suele premiar al que aún tiene gasolina cuando otros ya van en reserva.

Por eso, lo que está a punto de firmar Sabalenka roza lo extraordinario. Más todavía si se mira su hoja de ruta en 2024: un inicio de año casi intocable, seguido de cuatro meses irregulares, llenos de dudas, errores en momentos grandes y derrotas que muchas veces nacieron de su propia raqueta.

Esa versión vulnerable, la que se desmoronaba sola, se ha quedado fuera de la ciudad. Desde que aterrizó en Nueva York, en su último intento de levantar un Grand Slam esta temporada, Sabalenka ha recuperado la piel de campeona. Igual que hace un año, otra vez llega aquí con la presión de salvar el curso, pero entonces venía de perder sobre todo finales. Ahora, venía de perderse a sí misma.

Tras el triunfo, fue clara: se siente fuerte, física y mentalmente. Y se nota.

Nueva York, su combustible

Hace una semana, Sabalenka estaba tensa, a la defensiva, casi a la gresca con todo. Seis victorias después, su lenguaje corporal ha cambiado por completo. El jueves, en la pista que más ama en el mundo —tanto que llamó Ash a su cavalier King Charles spaniel— jugó una versión fluida, suelta, agresiva pero controlada. Parecía disfrutar cada impacto.

Adora esta ciudad. Lo repite siempre que puede. Le alimenta la energía de las gradas, el ruido constante, el caos organizado de Flushing Meadows. Ese entorno que a otros les abruma, a ella la enciende.

El ranking, en este contexto, pasa a segundo plano. Sabe que el lunes dejará de ser la número uno, gane o pierda la final. Lo ha asumido. Lo único que le importa ahora es volver a sostener el trofeo del US Open.

Y contra Pegula jugó exactamente como alguien que solo piensa en eso.

Sin resquicios para Pegula

El Arthur Ashe, lleno con unas 24.000 personas deseosas de empujar a una de sus favoritas locales, buscó un resquicio para meterse en el partido. Sabalenka no lo concedió. Apenas dejó aire a Pegula, que solo dispuso de una opción de break en todo el primer set. Cuando apareció ese pequeño hueco, Sabalenka lo cerró de inmediato: gran primer saque, derechazo aún más grande y problema resuelto.

Pegula insistió con su plan: golpes planos, profundos, por el centro, tratando de recortar ángulos y forzar el error de la campeona defensora. Quería que Sabalenka se pegara con sus propias líneas, como tantas veces en estos meses.

Nada que ver con lo que ocurrió en Berlín, su último enfrentamiento, donde Pegula le endosó un 6-0 sobre hierba. Aquella superficie, baja y rápida, castiga la altura de Sabalenka y complica su derecha cargada de topspin. Aquí, el guion es otro.

En pista dura, Sabalenka se siente en casa. Y en esta pista dura, aún más. Lo explicó: son canchas rápidas, pero con bote vivo, que le permiten empujar a la rival hacia atrás. Exactamente lo que hizo con Pegula durante casi todo el encuentro.

Un primer set al límite… hasta el 5-6

El primer parcial fue de una limpieza notable. Peloteos cortos, violentos, servicios inquebrantables. Once juegos seguidos sin un solo break, con Sabalenka soltando algún error nervioso y Pegula atreviéndose con ganadores puntuales, pero sin que ninguna lograra romper el equilibrio.

Hasta el 5-6.

Pegula se puso al saque con el set pendiendo de un hilo. La potencia de Sabalenka provocó dos errores de la estadounidense. La presión hizo el resto: doble falta de Pegula. En el segundo punto de set, Sabalenka atacó duro por el centro; Pegula dejó la bola en la red. En un suspiro, la bielorrusa ya estaba a medio camino de la final.

La segunda mitad del trayecto fue aún más contundente. Con un gesto sobrio, un simple puño cerrado hacia su box, Sabalenka selló el pase a su cuarta final consecutiva en Nueva York, con la opción real de un triplete que solo está al alcance de dinastías.

Una rival sin salidas

Pegula, número tres del mundo y casi una garantía de rondas finales este verano —22 victorias y 5 derrotas desde que cayó en primera ronda de Roland Garros—, se encontró con un muro. Lo admitió después: Sabalenka prácticamente no le dio nada.

Los números del servicio de la campeona defensora lo reflejan bien. No estuvo brillante con el primer saque, apenas un 55% de primeros dentro. Pero el daño llegó con el segundo: tantos efectos, tanto veneno, que ganó dos tercios de los puntos con esa bola teóricamente vulnerable. Cuando una jugadora domina su segundo saque así, el partido se le pone muy cuesta arriba a cualquiera al otro lado de la red.

Pegula, que venía de buenos resultados ante Sabalenka, terminó rebajándose a sí misma en la comparación. Asumió que, una vez que la bielorrusa se acomodó al ritmo plano y duro que ella propone, se quedó sin vías de escape. No tiene el saque demoledor de Rybakina para salir de los apuros ni la elasticidad salvaje de Coco Gauff para estirar puntos imposibles. Ante la versión que vio este jueves, dijo, Sabalenka habría ganado a cualquiera.

La ciudad de sus grandes Slam

Queda una pregunta esencial: ¿puede hacerlo una noche más?

Los últimos cuatro años, Sabalenka ha dominado los Grand Slams en pista dura. Esta será su cuarta final consecutiva en el US Open. Ya ha ganado dos. En el Australian Open, misma historia: cuatro finales seguidas, dos títulos. Una regularidad brutal en las superficies donde su tenis encuentra su punto exacto de ebullición.

En Melbourne, el tercer título se le ha escapado dos veces seguidas en el partido decisivo. Nueva York, cree, puede escribir otro final. Y si algo dejó claro en esta semifinal es que, mientras siga sintiendo que esta ciudad la empuja, nadie debería sentirse demasiado cómodo al otro lado de la red. Ni siquiera Elena Rybakina.