Aryna Sabalenka y el Olor a Marihuana en el US Open
Aryna Sabalenka, número uno del mundo y gran favorita en el US Open, vivió una de esas escenas que solo parece ofrecer Nueva York: un partido encarrilado, un estadio histórico… y un fuerte olor a marihuana flotando sobre la pista de Louis Armstrong Stadium.
La bielorrusa había salido lanzada. 3-0 arriba ante Kamilla Rakhimova, dominio absoluto, ritmo alto desde el primer intercambio. Pero en su segundo turno de saque, el tenis dejó paso a la distracción. Sabalenka se detuvo, miró a la silla y decidió cortar por lo sano.
“Someone is smoking weed”, le dijo a la juez de silla Eva Asderaki-Moore, cuando servía con 30-0.
El gesto fue claro, casi instintivo: señalar hacia las gradas, comentar el olor, pedir una intervención. “Would you mind to… because it’s so strong”. El juego se frenó unos instantes, el murmullo del público subió, y después todo continuó como si nada. En la pista, al menos.
Fuera de ella, el tema no tardó en convertirse en protagonista.
Al terminar el encuentro, resuelto con autoridad en dos sets ante la uzbeka, Sabalenka explicó la situación con una mezcla de firmeza y buen humor. No se trataba de una cruzada moral, sino de un límite lógico para quien intenta rendir al máximo en un Grand Slam.
“Yo estaba en plan: chicos, podéis hacer lo que queráis, podéis fumar lo que queráis, relajaros todo lo que podáis, pero por favor no lo hagáis alrededor de las pistas de tenis”, contó sonriente.
“Es un poco complicado lidiar con ese olor mientras intentas competir a tu mejor nivel”.
En Flushing Meadows, el olor a cannabis se ha convertido en una presencia tan reconocible como incómoda. No es nueva la queja de los jugadores: el aroma se cuela entre los puntos, rompe la concentración, saca a cualquiera del partido durante unos segundos. El reglamento del torneo prohíbe fumar dentro del recinto, pero la realidad de la ciudad choca con la burbuja del tenis.
En Nueva York, el consumo recreativo de cannabis es legal para mayores de 21 años. Alrededor del complejo tenístico se extiende Flushing Meadows-Corona Park, un espacio abierto donde el humo viaja con libertad… y, cuando el viento decide, se cuela directamente en las pistas.
Sabalenka admitió que no era la primera vez que percibía ese olor durante el torneo, aunque nunca con tanta intensidad en pleno partido. El viento del viernes pareció actuar como un canal directo hacia el interior del estadio.
“Así de fuerte, sí. También porque hacía un poco de viento”, explicó. “No sé si venía del público o de fuera, porque el viento lo empujaba hacia dentro del estadio”.
El comentario, que empezó como una simple queja puntual, terminó convertido en un mensaje más amplio, casi una petición pública a quienes se acercan al tenis sin renunciar al ambiente de la ciudad.
“Solo espero que estén un poco más atentos con esas cosas”, añadió, antes de soltar una carcajada cuando las preguntas volvieron una y otra vez al mismo tema.
“Vamos, chicos. Creo que no hay nada más que decir sobre la marihuana. Solo pido a la gente que no la fume al lado de la pista de tenis”.
Entre risas y olor a cannabis, Sabalenka siguió su camino en el US Open sin perder un set. El tenis de élite, en Nueva York, ya sabe que no solo tiene que lidiar con la presión, el ruido y las luces. También con el viento… y con lo que arrastra.




