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Aryna Sabalenka responde a críticas en la sala de prensa

Aryna Sabalenka no solo arrasó en la pista. También marcó territorio en la sala de prensa. Después de barrer a Polina Iatcenko por 6-1, 6-1 en el Arthur Ashe Stadium, la número uno del mundo se hartó de una narrativa que considera tan repetitiva como injusta.

Un periodista sugirió que los actos y apariciones alrededor del US Open habían estado llenos de “fiestas y diversión”. La respuesta fue inmediata, frontal, sin filtro.

“Ustedes son, como, una broma. Fiestas, diversión… ¿por qué dirías eso? ¿Por qué siquiera pensarías eso? ¿Qué clase de pregunta es esa?”, disparó la doble campeona defensora del torneo, visiblemente molesta.

El comentario no venía de la nada. Ya en la primera ronda le habían cuestionado en la misma línea. Esta vez, Sabalenka decidió cortar en seco la insinuación de que su presencia en eventos de marca implicaba falta de trabajo serio.

“Solo porque publiqué algunas actividades con marcas, ¿ya piensan que he estado de fiesta y no entrenando?”, remató, antes de dar por terminada la discusión.

Dominio en la pista, foco en la cabeza

En la pista, el relato fue muy distinto: control absoluto. Sabalenka necesitó apenas un rato para desarmar el juego de Iatcenko, imponer su potencia y confirmar que en Nueva York sigue siendo la mujer a batir. Un marcador de 6-1, 6-1 que habla de autoridad, pero también de algo que ella misma subrayó: concentración.

“Estoy muy contenta con mi nivel y con mi enfoque”, explicó la cuatro veces campeona de Grand Slam tras otra noche dominante en el Arthur Ashe Stadium.

Lo interesante es cómo describe su propio proceso. Sabalenka, conocida por su intensidad casi feroz, asegura que ha cambiado ligeramente su mirada sobre el juego.

“He estado trabajando muy duro, pero siento que me estoy alejando un poco de intentar ser perfecta en la pista”, reconoció. “Sé que no puedes ser perfecta, y solo intento trabajar con lo que tengo ahora mismo”.

Entre la sequía de títulos y la defensa de la corona

El contexto añade peso a cada una de sus palabras. Sabalenka busca un tercer título consecutivo en Nueva York y, al mismo tiempo, evitar cerrar el año sin un grande. No levanta un trofeo desde el Miami Open, en marzo. Para una número uno, es una eternidad.

“Creo que tuve algunos problemas en el medio de la temporada”, admitió. No quiso entrar en detalles. “Una vez más, no voy a defenderme ni explicar por qué, qué pasó, pero estoy feliz con mi nivel”.

Lo que sí dejó claro es que siente que ha recuperado el pulso competitivo en los dos frentes que más la obsesionan: la mente y el físico.

“Definitivamente puedo decir que mentalmente estoy mucho más fuerte que a mitad de temporada, y físicamente también me siento más fuerte”, afirmó la jugadora de 28 años. “Siento que estoy en mi nivel de juego, y solo quiero llevar el enfoque correcto a cada partido, cada vez”.

Una campeona a la defensiva… y al ataque

La escena de la sala de prensa dibuja a una Sabalenka distinta a la que se desploma en finales por exceso de tensión. Ahora, cuando siente que la cuestionan por su profesionalidad, contraataca sin complejos.

No tolera que se confunda exposición mediática con desorden. No acepta que se use una foto con una marca como prueba de que no entrena. Para una jugadora que vive del control y la disciplina, la insinuación toca una fibra muy sensible.

En la pista, en cambio, todo parece encajar. Golpes limpios, marcador contundente, lenguaje corporal de campeona que sabe que el torneo es largo, pero que también intuye algo: si su cabeza sigue tan firme como su saque, en Nueva York no solo defiende un título.

Defiende una reputación. Y está dispuesta a hacerlo punto a punto, y pregunta a pregunta.