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Ayao Komatsu y la situación de Haas: Sin prisa en medio de la crisis

Ayao Komatsu no quiere hablar de 2027. No todavía. Mientras el resto del paddock especula con el futuro de Haas y los nombres que podrían ocupar sus asientos, el director del equipo baja la persiana y mira al presente: sacar todo lo posible de Ollie Bearman y Esteban Ocon en medio de una temporada que se ha torcido con una velocidad incómoda.

“No tenemos ninguna prisa”, dejó claro antes del Gran Premio de los Países Bajos. Y la frase no sonó a maniobra de despiste, sino a diagnóstico interno: el problema de Haas hoy no está en los nombres, sino en el coche.

De la euforia al golpe de realidad

El año empezó como un pequeño cuento de hadas. Bearman firmó un P5 en el Gran Premio de China que sorprendió a medio mundo y colocó a Haas como la gran revelación de la zona media. El monoplaza parecía vivo, la ejecución en pista era sólida y el optimismo se coló en el garaje.

Ese impulso duró poco.

Mientras la temporada avanzaba, la realidad de las nuevas regulaciones se impuso. El resto de equipos de mitad de parrilla —Racing Bulls, Alpine y compañía— comenzaron a encadenar mejoras aerodinámicas con un ritmo que Haas simplemente no pudo igualar. El resultado es brutal: seis carreras consecutivas sin sumar un solo punto y una caída evidente en la jerarquía del grupo medio.

Komatsu no se esconde: “Este es el mayor cambio de reglamento de la historia. Siendo el equipo más pequeño, sabíamos que íbamos a sufrir para seguir el ritmo de los grandes en la carrera de desarrollo”. Lo que en marzo parecía una ventaja bien aprovechada, hoy se ha transformado en un espejo incómodo. El resto ha acelerado. Haas, no lo suficiente.

Bearman vs Ocon: los puntos no cuentan toda la historia

En el papel, la comparación es clara: 18 puntos para Bearman, 3 para Ocon. Pero dentro del equipo insisten en que esa tabla engaña. El propio Bearman ha reconocido que las diferencias no se explican solo por rendimiento puro, apuntando a una “inconsistencia” entre las piezas montadas en ambos coches.

Komatsu, lejos de alimentar debates internos, ha optado por cerrar filas. “Sabes de lo que son capaces. Ollie lo ha demostrado repetidamente. Esteban, cuando está contento con el coche, sabes lo que puede hacer”, subrayó. El mensaje es transparente: el problema no son los pilotos, es el paquete que tienen entre manos.

Por eso, cuando le preguntan por 2027, baja la persiana. Aunque se entiende que Bearman tiene más opciones de seguir que Ocon, y que nombres como Rafael Camara o Yuki Tsunoda rondan el radar, Komatsu se niega a entrar en el juego de las confirmaciones prematuras. “Tenemos que centrarnos en darles el mejor coche posible, la mejor adaptación de reglajes, y sacar lo máximo de ellos. Los dos están totalmente concentrados”.

Un equipo al límite de sus recursos

La fotografía técnica de Haas es la de un equipo que ha exprimido su arranque de temporada, pero que ahora se ve desbordado por la velocidad de evolución de sus rivales. Komatsu lo asume sin dramatismos, pero sin maquillaje: “Empezamos el año extremadamente bien, mucho mejor de lo que nadie podía imaginar. Desde entonces, esto es la realidad. Con nuestras limitaciones intentamos desarrollar el coche tan rápido como podemos, pero los otros ponen rendimiento en el coche más rápido que nosotros. Esa es la realidad”.

No hay reproches hacia dentro. Al contrario. El japonés protege a su gente: “No es nada contra los chicos del equipo, están haciendo un trabajo fantástico, trabajando juntos. Para que tengamos una oportunidad de seguir el ritmo, todo tiene que ser perfecto. Todo. Y en la vida, no puedes pedir que todo sea perfecto siempre”.

En ese contexto, Komatsu se coloca también bajo el foco. Reconoce que debe hacer más: “Necesito proporcionarles un mejor entorno, facilitarlo, para que puedan mostrar de lo que son capaces. Estoy seguro de eso”. El discurso no suena a consigna vacía, sino a un recordatorio interno de que el margen de error en un equipo pequeño es mínimo.

Sin cultura de culpa, con reloj en contra

Mientras los puntos se escapan y las dobles retiradas, como la del domingo en Zandvoort, golpean la moral, Haas intenta aferrarse a algo más profundo que una tabla de clasificación: la forma de gestionar la crisis.

“No hay cultura de culpa”, insiste Komatsu. En lugar de buscar culpables, el equipo se ha sentado a desmenuzar el problema: dónde falta carga aerodinámica, por qué la manejabilidad del coche no es buena, qué les complica la vida a los pilotos. Todos, asegura, están “en la misma página”, empujando en la misma dirección.

Las soluciones, sin embargo, no son inmediatas. “Muchas de las cosas que estamos poniendo en marcha tardarán tiempo en materializarse”, admite. Es la frase que ningún aficionado quiere oír, pero la única honesta en una Fórmula 1 en la que los recursos marcan la diferencia tanto como el talento.

Komatsu se aferra a la idea de que los últimos dos años ya demostraron que Haas sabe sobrevivir a los baches. Ahora, la pregunta es otra: con un reglamento gigantesco en contra, un coche que ha dejado de evolucionar al ritmo adecuado y un mercado de pilotos al acecho, ¿cuánto tiempo más podrá permitirse Haas vivir “sin prisas” antes de que el futuro le alcance por la fuerza?