Ben Shelton derriba a Alcaraz en el US Open
La noche en Nueva York terminó convertida en amanecer cuando Ben Shelton, con 21 años y una fe inquebrantable, derribó al campeón defensor Carlos Alcaraz en un duelo salvaje que ya entra directo en la memoria del US Open. El estadounidense se impuso por 6-7(5), 6-1, 6-3, 1-6 y 7-6(10-7) en un partido que concluyó pasadas las 3.30 de la madrugada en el Arthur Ashe Stadium, en el final más tardío de la historia del torneo.
El reloj marcaba más de las 11 de la noche cuando ambos pisaron la pista, retrasados por tres encuentros maratonianos previos. El ambiente, lejos de apagarse, se fue encendiendo punto a punto. Noche de neones, cansancio acumulado, pero tenis de máxima intensidad.
Alcaraz golpeó primero. El español, octavo cabeza de serie y en su primer torneo desde abril tras una lesión de muñeca, se llevó un primer set de alta tensión en el desempate. Parecía el aviso de que el campeón volvía para mandar. Sin embargo, Shelton respondió con una autoridad que descolocó a todos: 6-1 y 6-3, imponiendo su potencia de servicio, sus latigazos de derecha y una energía eléctrica que conectó con la grada.
El partido cambió de tono cuando Alcaraz empezó a mostrar signos visibles de malestar físico. Se le veía tocado, pero no dispuesto a rendirse. El murciano apretó los dientes, se agarró al partido y devolvió el golpe con un cuarto set demoledor, 6-1, tirando de orgullo y de piernas cuando el cuerpo pedía descanso. Igualó el duelo a dos sets y encendió de nuevo la esperanza de una remontada épica.
La quinta manga fue puro drama. Cada turno de saque se defendía como si fuera un punto de partido. Shelton, empujado por un público que ya había olvidado la hora, mantuvo la calma en los momentos calientes. Alcaraz, exhausto pero combativo, siguió buscando líneas, tirando de talento incluso cuando las fuerzas se deshilachaban.
El desenlace quedó reservado para el superdesempate a 10 puntos. Ahí, el estadounidense mostró una madurez impropia de su edad. Agresivo, decidido, sin esconderse. El español, pese al cansancio y la enfermedad que arrastraba, siguió peleando hasta el último golpe, pero el impulso final fue de Shelton, que cerró el 10-7 y se dejó caer en la pista bajo una ovación atronadora.
Alcaraz, que regresaba a la competición grande después de meses fuera, se marchó con sentimientos encontrados. Habló de placer por volver a competir, de orgullo por la pelea, de decepción lógica por quedarse a las puertas de la victoria tras forzar el quinto set. Reconoció el desgaste físico, pero también la capacidad de empujarse un poco más cuando parecía no quedarle nada.
Shelton, por su parte, vivió la noche como lo que fue: una consagración. Volvió a declarar su amor por la ciudad y por el Arthur Ashe, al que definió como el mejor estadio del mundo, y bromeó con que ojalá sus acompañantes en la grada no tuvieran que fichar a las seis de la mañana. Entre risas y emoción, subrayó lo que significa compartir pista con Alcaraz y lo mucho que valora cada minuto a ese nivel.
El triunfo mete al estadounidense en sus segundas semifinales del US Open, un salto más en una carrera que avanza a toda velocidad y que empieza a acostumbrarse a las grandes noches.
Tiafoe se suma a la fiesta estadounidense
Horas antes, el público local ya había vivido otra montaña rusa emocional. Frances Tiafoe protagonizó una remontada descomunal ante su compatriota Alex Michelsen, al que derrotó por 5-7, 3-6, 7-5, 6-3 y 7-6(6) en un duelo cien por cien estadounidense que también rozó el límite de lo soportable.
Durante dos sets y un quiebre, Tiafoe parecía haber perdido toda la chispa que había mostrado en las rondas anteriores. Michelsen mandaba, sólido, valiente, a un paso de su gran golpe. Pero el partido dio un giro en el tercer set. Tiafoe encontró por fin ritmo y confianza, empezó a mandar con la derecha y se agarró al marcador hasta tener una mínima ventana. La aprovechó con un derechazo ganador que hizo temblar las gradas del Arthur Ashe.
A partir de ahí, el encuentro se jugó al son de Tiafoe. El undécimo cabeza de serie se adueñó del cuarto set y empujó el duelo hacia un quinto parcial que se decidió en el desempate. Otra vez, nervios de acero. Otra vez, una grada entregada. Tiafoe cerró el 7-6(6) y selló su tercera presencia en semifinales del US Open, confirmando su idilio con Flushing Meadows.
Con Shelton y Tiafoe en la penúltima ronda, el torneo se tiñe de acento estadounidense en la pista central. La madrugada en Nueva York dejó cansancio, ojeras y cafés urgentes, pero también una certeza: el US Open ha encontrado nuevos héroes locales para escribir el siguiente capítulo de su historia.




