Ben Shelton elimina al campeón Carlos Alcaraz en el US Open
Ben Shelton ya tiene su partido. Y no es cualquier partido. El estadounidense firmó una de las victorias más resonantes de su joven carrera al eliminar al dos veces campeón Carlos Alcaraz en un cuarto de final del US Open que se instala, sin discusión, entre los grandes clásicos recientes de Nueva York.
Fueron cuatro horas y 28 minutos de tensión, golpes imposibles y resistencia extrema, resueltos de madrugada en el Arthur Ashe Stadium con un marcador que lo dice todo: 6-7 (5-7), 6-1, 6-3, 1-6 y 7-6 (10-6). El desenlace, en el superdesempate del quinto set, llegó en el cierre más tardío de la jornada del torneo este miércoles por la mañana. El estadio, lejos de vaciarse, rugió hasta el último punto.
Shelton, octavo cabeza de serie y estandarte del tenis estadounidense en este US Open, aguantó el pulso mental en el momento más cruel del deporte: un quinto set a cara o cruz ante uno de los mayores competidores del circuito. No tembló. No se escondió. Y se quedó con la victoria ante un Arthur Ashe volcado con él, pese al enorme tirón popular de Alcaraz, que regresaba a un grande tras cuatro meses fuera por lesión y defendía corona.
El premio es mayúsculo: duelo en semifinales ante su compatriota Frances Tiafoe y la posibilidad real de ver a un finalista local en Nueva York por primera vez desde 2003. Casi dos décadas de espera se asoman, por fin, al final del túnel.
Un inicio de campeón, una respuesta brutal
Alcaraz, tercer cabeza de serie, entró en pista como lo que es: un campeón consumado a los 23 años, con siete títulos de Grand Slam en su palmarés. Se adueñó del primer set, más fino en los momentos clave del tie-break inicial, y pareció marcar territorio con esa mezcla de agresividad y desparpajo que lo ha convertido en referencia inmediata del circuito.
Pero la noche no estaba dispuesta a seguir el guion. Shelton subió una marcha, luego otra, y arrastró al español a una cadena de errores no forzados poco habitual en él. El estadounidense empezó a mandar con el servicio, a pegar con más limpieza desde el fondo y a alimentar a una grada que olió sangre en cuanto el partido giró.
El resultado fue demoledor: 6-1 y 6-3 para Shelton en los dos siguientes parciales, con el público convertido en un vendaval de apoyo. Cada punto ganado se celebraba como una rotura decisiva. Cada error de Alcaraz, como un síntoma de que el campeón, por una vez, era vulnerable.
Reacción de campeón… y un quinto set agónico
Herido en su orgullo, Alcaraz respondió como suelen hacerlo los grandes. El cuarto set fue suyo de principio a fin. Ajustó la puntería, recuperó profundidad en sus golpes y desbordó a Shelton para firmar un contundente 6-1 que devolvió el partido al equilibrio y encendió de nuevo las alarmas en la grada.
El duelo entre dos talentos de 23 años se encaminó así a un quinto set cargado de nervios, desgaste y pequeños detalles. Allí, el español volvió a sufrir físicamente en varios momentos. Llegó a dar la sensación de encontrarse mal durante un descanso, cuando pareció vomitar en la toalla, una imagen que resumía la dureza física del encuentro.
Pese a todo, no soltó el partido. Empujó hasta el final, estiró cada juego, se agarró a su habitual espíritu de remontada y mantuvo el marcador apretado hasta forzar el superdesempate definitivo. Pero esta vez su resistencia no alcanzó.
Shelton, sostenido por un Arthur Ashe que a esa hora ya era una olla a presión, jugó el tie-break con una frialdad impropia de su edad. Tomó ventaja, defendió con uñas y dientes cada mini quiebre y cerró el duelo con la determinación de quien siente que está viviendo la noche que cambia una carrera.
Un estadio en pie y palabras de respeto
Cuando todo terminó, tras más de cuatro horas y media de batalla, no hubo gestos de rabia ni miradas cruzadas. Hubo sonrisas, palabras de aliento y un abrazo largo en la red. El respeto entre ambos quedó tan claro como el esfuerzo compartido.
Shelton no tardó en señalar a los verdaderos cómplices de su gesta: las gradas del Arthur Ashe y la ciudad que no se fue a dormir.
Habló de sus entrenadores, de su equipo, de su familia y amigos presentes. Y, sobre todo, de Nueva York, que lo acompañó con cánticos de “USA” hasta las tres de la mañana. Dijo que eso lo mantuvo en pie, que eso le dio la victoria. Volvió a calificar a la ciudad como la mejor del mundo para el deporte y al estadio como el mejor escenario posible. Esta vez, nadie en las butacas pareció querer llevarle la contraria.
Sobre Alcaraz, Shelton fue igual de generoso. Lo definió como uno de los grandes campeones del circuito a pesar de su corta edad, habló de un “guerra” física y mental y confesó que, por momentos, lo que sacaba el español de la chistera le parecía sencillamente ridículo. Admitió que había sido el partido más disfrutable de su carrera.
Ahora, con el cuerpo castigado pero la confianza por las nubes, le espera Tiafoe y una semifinal cien por cien estadounidense que conecta de golpe al país con una época que creía lejana. La pregunta ya no es si Shelton está listo para estos escenarios.
La pregunta es hasta dónde piensa llegar en este US Open.




