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Ben Shelton avanza a la final del US Open tras vencer a Tiafoe

NUEVA YORK — En una noche cargada de memoria y ruido, Ben Shelton ganó la batalla entre compatriotas ante Frances Tiafoe y se metió en la final del US Open: 4-6, 6-3, 6-3, 7-5, en 3 horas y 17 minutos de tenis intenso, irregular por momentos, pero imposible de apartar la vista.

En el Arthur Ashe Stadium, con 24.000 personas llenando cada asiento y con los homenajes a las víctimas de los atentados del 11 de septiembre como telón de fondo, dos estadounidenses nacidos en extremos distintos del país —Shelton, originario de Georgia y criado en Florida, y Tiafoe, de Maryland— ofrecieron exactamente lo que se esperaba: ráfagas de tenis brillante, puntos caóticos, derechas demoledoras y rachas emocionales que iban y venían como oleadas.

Una noche histórica para el tenis estadounidense

La victoria de Shelton no es solo un paso más en su explosión deportiva. Es historia pura. Se convierte en el primer hombre negro estadounidense en alcanzar la final de individuales del US Open desde Arthur Ashe en 1972, y el primero en disputar una final de Grand Slam desde MaliVai Washington en Wimbledon 1996. Más de medio siglo separa a Ashe de Shelton en la pista que lleva el nombre del pionero. El simbolismo se respiraba en cada punto.

El cierre del partido fue casi anticlimático para el estándar emocional de la noche. Nada de la ya célebre celebración del “dialed-in” al convertir la bola de partido. El desenlace llegó con una doble falta de Tiafoe que se estrelló en la red. Silencio de un segundo. Luego, rugido. Shelton levantó los brazos, pero sin estridencias. Sabía lo que acababa de conseguir.

Al terminar, el propio Shelton se encargó de subrayar la dimensión personal del duelo, recordando la relación casi fraternal que mantiene con Tiafoe y el significado especial de compartir Arthur Ashe Stadium con él en estas rondas altas. Para ambos, este torneo es casa. Esta pista, un escenario soñado.

Del sufrimiento al control

El partido arrancó con autoridad por parte de Shelton, abriendo con un ace que marcó la pauta de lo que sería su principal arma: un servicio zurdo que llegó a superar los 150 millas por hora y que le dio puntos rápidos, oxígeno y confianza. Sin embargo, el primer golpe lo asestó Tiafoe.

En el primer set, las opciones de quiebre fueron contadas. Todo se decidió en el noveno juego, cuando Tiafoe aprovechó un bache de Shelton: dos errores de revés y una doble falta le entregaron el break al jugador de Maryland. Tiafoe no dudó. Consolidó el quiebre con un juego de servicio impecable y se llevó el parcial inicial, 6-4, con la sensación de tener el guion bajo control.

Shelton respondió como lo hacen los jugadores que están listos para dar un salto de categoría. Ajustó el resto, subió el porcentaje de primeros saques y empezó a mandar con esa derecha pesada que, cuando entra, arrincona a cualquiera. El segundo set se inclinó hacia su lado a base de potencia y convicción. El servicio se convirtió en martillo: 20 aces en total a lo largo del encuentro, muchos de ellos en momentos clave.

La presión fue cambiando de lado. El tercer set se convirtió en una batalla psicológica, con largos intercambios y un juego final eterno, más de 15 minutos de tensión pura. Shelton necesitó cuatro oportunidades para cerrar el parcial. Lo logró cuando una volea de derecha de Tiafoe se quedó en la red. Grito, puño apretado, y la sensación de que el partido empezaba a pertenecerle.

Tiafoe se queda corto, Shelton mira a lo más alto

Ambos llegaban de maratones en cuartos de final, pero el cansancio no fue excusa. Shelton había sobrevivido a un duelo de más de cuatro horas ante Carlos Alcaraz, que terminó a las 3:33 de la madrugada del miércoles. Tiafoe, por su parte, había remontado dos sets en contra ante Alex Michelsen. El desgaste estaba en las piernas, pero la adrenalina de una semifinal del US Open los mantuvo de pie.

En el cuarto set, el pulso se apretó. Tiafoe se negó a soltar el partido, peleó cada juego de servicio, buscó la red, trató de variar alturas y ritmos. Pero Shelton ya había encontrado la medida del encuentro. Su saque seguía abriéndole autopistas y sus golpes de fondo imponían la cadencia. El desenlace, de nuevo, se decidió en los detalles. Con 6-5, el número 11 del cuadro al servicio, la tensión se adueñó del estadio. Y entonces llegó la doble falta. El punto final. El pase a la final.

El resultado impulsa a Shelton hacia un nuevo estatus. A sus 23 años, escalará hasta el número 4 del ranking, la mejor posición de su carrera. Tiafoe, pese a la derrota, también saldrá reforzado: su recorrido hasta semifinales le permitirá alcanzar el número 8 del mundo, también su techo hasta ahora.

Zverev, la última barrera

Ahora espera Alexander Zverev, primer cabeza de serie, que superó a Karen Khachanov por 6-3, 7-6 (7), 7-6 (6). La final del 13 de septiembre ofrece un doble aliciente para Shelton: la opción de conquistar su primer Grand Slam y la oportunidad de romper una sequía que pesa como una losa sobre el tenis masculino estadounidense. Ningún hombre de Estados Unidos levanta un grande desde Andy Roddick en este mismo escenario, en 2003.

Pero no será solo una cuestión de historia nacional. Shelton encara también un reto personal mayúsculo. Nunca ha derrotado a Zverev en cinco enfrentamientos previos. En su último cruce, en las ATP Finals de noviembre, cayó en sets corridos. La estadística es clara. El momento, no tanto.

Shelton ya ha roto barreras simbólicas y deportivas en Nueva York. Le queda la más grande: tumbar al número uno, acabar con 21 años de espera y confirmar que esta irrupción no es una anécdota, sino el inicio de una nueva era para el tenis estadounidense.