Carlos Alcaraz conquista su primer título en París Masters
Carlos Alcaraz ya tiene su primera corona en el Paris Masters. La levantó con rabia contenida, con el recuerdo aún fresco de aquella derrota en el US Open ante Ben Shelton. Esta vez no hubo remontada del estadounidense ni drama a cinco sets: 7-6(7-5), 7-5, en dos mangas de máxima tensión y tenis eléctrico.
El primer set fue un pulso a cara de perro. 65 minutos sin una sola rotura, un intercambio de golpes en el que Shelton dispuso de seis bolas de break y no pudo cerrar ninguna. Cada servicio se defendía como si fuera el último, cada segundo saque llevaba veneno. Alcaraz, paciente, aguantó el chaparrón y llevó el parcial al ‘tie-break’. Ahí apareció el campeón. Ajustó el resto, apretó con la derecha y, cuando cerró el 7-5, rugió hacia la grada de París, como si se quitara de encima semanas de frustración en esta pista.
El segundo set pareció seguir el mismo guion. Igualdad, tensión, miradas desafiantes. Hasta que Shelton cambió el ritmo. Con 3-2, firmó un juego perfecto al resto: break en blanco, dos aces, autoridad total. Por un instante, el fantasma de Nueva York sobrevoló el Accor Arena.
La respuesta de Alcaraz fue inmediata. Nada de dudas, nada de esperar. En el siguiente turno de resto se lanzó encima de la línea, restó profundo, atacó la red y recuperó la rotura a la primera oportunidad. 4-4 y el partido, otra vez, en sus manos.
A partir de ahí, el español olió la sangre. Se adueñó del ritmo, encendió al público con sus gestos y su intensidad, y apretó sobre el servicio de Shelton. El juego clave llegó cuando el estadounidense intentó sorprender con una dejada. Mala idea. Alcaraz voló hacia delante y conectó un ganador demoledor que levantó al estadio. Ese punto valió un break decisivo y, en la siguiente oportunidad, el 7-5 definitivo. Título en París. Cuentas saldadas.
Este primer trofeo en la capital francesa no es un triunfo aislado: es la confirmación de una racha feroz. Nueve victorias consecutivas, cinco títulos en seis finales en 2026, y un tramo de temporada que lo ve encadenar coronas de Vienna a París, diez partidos ganados en apenas 14 días. Números de jugador dominante, de número 3 del mundo que se comporta como si quisiera algo más.
Alcaraz no solo ganó; supo cómo ganar. Supo sufrir sin perder la calma ante un Shelton que ya le había llevado al límite en aquel maratón de 4 horas y 28 minutos en el US Open de septiembre. El estadounidense volvió a ser agresivo, volvió a presionar al resto, volvió a ponerlo al borde. Esta vez, el desenlace fue distinto.
Tras el partido, el murciano dejó claro lo que significa este título para él y su equipo. Recordó las derrotas dolorosas en París, el tiempo que llevaban persiguiendo esta copa, la sensación de que por fin el torneo se abría. “Nunca nos rendimos”, subrayó, agradeciendo la fe con la que habían regresado este año a una pista que tantas veces le había negado el paso.
Shelton, derrotado pero lejos de estar hundido, devolvió el elogio. Subrayó la dificultad de ganar torneos consecutivos, de pasar de Vienna a París y sumar diez partidos en dos semanas. Destacó la versatilidad de Alcaraz, su capacidad para adaptarse a cada superficie y rival, y admitió que cada vez que se cruzan siente que saca lo mejor de sí mismo. Un respeto mutuo que no es pose, sino la huella de dos batallas recientes de máximo nivel.
París ya tiene nuevo rey. Y Alcaraz, por fin, tiene el trofeo que se le resistía en uno de los escenarios más grandes del circuito. Con esta versión implacable, con esta mezcla de talento y resistencia, la pregunta ya no es qué ha ganado. La pregunta es hasta dónde puede llevar este impulso en lo que queda de temporada.




