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Carlos Alcaraz regresa al tenis con una victoria impresionante

Carlos Alcaraz vuelve como si nunca se hubiera ido

Durante cuatro meses y medio, el tenis se quedó sin una de sus firmas más reconocibles: la creatividad descarada de Carlos Alcaraz. Bastó un punto, casi al final del primer set de su regreso, para recordar lo que el circuito había estado echando de menos.

Con 5-4 y 30-15 en el primer parcial ante Roman Safiullin, el español lanzó un saque abierto, se abalanzó sobre la red y se encontró un revés tenso, bajo, directo a los pies. Cualquier otro habría bloqueado la bola. Alcaraz, no. Amortiguó una media volea exquisita por encima de la cinta, limpia, delicada, inalcanzable. Ganador. Sonrisa amplia. Y la sensación inmediata de que el viejo Carlos estaba de vuelta.

Ese destello de genio fue el preludio de lo que vendría después: un triunfo sólido por 6-4, 6-4, 6-4, sin sobresaltos, que marcó su regreso a un Grand Slam sin un solo partido de preparación en la mochila. Ni torneos previos, ni rodaje competitivo. Directo al mejor de cinco sets tras una larga ausencia por la lesión de muñeca.

Un regreso bajo la lupa

La incógnita era doble. Por un lado, el estado real de la muñeca tras tanto tiempo parado. Por otro, el rival: el golpeo pesado de Safiullin, capaz de castigar cualquier duda física y de obligar a absorber una velocidad de bola incómoda para cualquiera que regresa de una lesión.

La respuesta de Alcaraz fue contundente desde la primera pelota. Sin rastro de miedo, sin gesto de protección, empezó a azotar su derecha, esa derecha que muchos ya consideran la mejor del mundo. No la escondió, la exhibió. Mandó desde el fondo, abrió ángulos, cambió direcciones y apretó líneas: 20 golpes ganadores con la derecha por solo nueve errores no forzados con ese mismo golpe. Cada vez que se complicaba un juego al servicio, encontraba una derecha que lo sacaba del apuro.

“Ahora mismo no tengo dolor”, explicó después sobre la muñeca. “Me sentí genial. No sé cómo se vio desde fuera, pero desde dentro mi sensación era que estaba pegando normal. Estaba jugando bastante normal, jugando mi estilo, y el brazo, la muñeca, todo se sentía genial. Voy a seguir cuidándola, obviamente, estos días y antes de los partidos y todo eso, pero estoy muy feliz de que por fin no haya dolor”.

Sin miedo a golpear, pero con freno en el saque

Hubo, eso sí, un matiz llamativo en su juego: el saque. Las cifras no engañan. Alcaraz mantuvo las velocidades contenidas, con una media de apenas 113 mph en primeros servicios. Para un jugador de su potencia, es un dato moderado, casi prudente.

El vendaje bajo la manga de compresión en el brazo derecho confirma que el español no está para desafíos innecesarios. Tiene sentido: después de una lesión de muñeca, la última locura sería forzar el servicio al máximo en su primer torneo largo. Aun así, esa decisión tiene un precio. Sin demasiados puntos gratis con el saque, cada juego al servicio exige más piernas, más concentración, más golpes ganadores. Y en un Grand Slam, esa factura física se acumula.

La gran incógnita, por tanto, no está en la calidad de su tenis, que apareció de inmediato, sino en cuánto podrá sostener ese nivel sin disponer de un servicio a plena potencia. El torneo, a medida que avancen las rondas, dará la respuesta.

Un día difícil… y hermoso

En lo emocional, el partido tuvo otro peso. Alcaraz no regresaba solo. En su box, sus padres, sus hermanos, su equipo de siempre. Y, como nota de color, la presencia del rapero Travis Scott siguiendo de cerca cada punto. Un escenario perfecto para un regreso cargado de nervios.

“Fue un día difícil para mí, para ser honesto, pero al mismo tiempo, muy bonito”, confesó el murciano. “Empecé el día muy nervioso. Muy, muy nervioso, pensando: ‘Lo voy a conseguir, voy a competir otra vez’. Tenía más nervios de lo habitual, pero estaba feliz, porque para mí, mi objetivo aquí es competir, disfrutar, y ver cómo va a reaccionar mi cuerpo después de los partidos, después de la competición otra vez”.

Su discurso no habla de rondas, ni de finales, ni de favoritismos. Habla de sensaciones. De volver a sentir el ritual del día de partido. “No sé hasta dónde voy a llegar en el torneo. No sabía si iba a perder este partido, si voy a llegar a segunda ronda, a la final. No sé hasta dónde voy a llegar. Pero lo que de verdad quiero hacer es disfrutar cada vez que vaya a entrar a la pista, sentir la energía de la gente, sentir la competición, levantarme pensando: ‘Vale, es día de partido’. Eso es lo que voy a hacer en este torneo”.

De momento, primera misión cumplida: competir, disfrutar, ganar y salir de la pista sin dolor. El resto, el cuadro, los rivales, las rondas que vengan, dependerá de cuánto tiempo pueda seguir jugando así, con la muñeca en silencio y la derecha rugiendo como antes. Porque si algo quedó claro en este regreso es que, cuando el cuerpo le responde, Carlos Alcaraz no necesita demasiados partidos para recordar quién manda.