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Carlos Alcaraz y su regreso al US Open: luchando contra pensamientos intrusivos

Carlos Alcaraz, ante su regreso en Nueva York: “Los pensamientos intrusivos fueron lo más duro”

Durante más de cuatro meses, el rival más incómodo de Carlos Alcaraz no estuvo al otro lado de la red, sino en su propia cabeza. No fue un sacador de dos metros ni un peloteador incansable. Fue la incertidumbre. Ese runrún constante sobre su muñeca, sobre los plazos, sobre si volvería a tiempo.

A sus 23 años, siete grandes en la mochila y sin disputar un solo partido individual desde mediados de abril, el español aterriza en el US Open con una mezcla de alivio y desafío. Vuelve al escenario donde ya reina: campeón en 2022 y 2025, defensor del título y segundo cabeza de serie. Pero también vuelve con la memoria reciente de una lesión que le ha tenido demasiado tiempo fuera.

Una batalla interior

Alcaraz no esconde que el tramo más duro de su ausencia no estuvo en el gimnasio ni en la camilla de fisioterapia. Estuvo en el silencio de los entrenamientos sin fecha clara de regreso.

“Cuando empecé a entrenar un poco pero sin saber cuándo iba a volver, esos pensamientos fueron muy difíciles de manejar”, admitió. La duda se instaló justo cuando el cuerpo comenzaba a responder. ¿Cincinnati? ¿Nueva York? ¿O toda la gira americana a la basura?

Cada día de trabajo llegaba con la misma pregunta sin respuesta. Cada golpe, con la sospecha de si la muñeca aguantaría un cinco sets. Esa idea se convirtió en su gran rival. “Esos pensamientos intrusivos fueron lo más difícil de todo este proceso”, reconoció el murciano.

La presión, esta vez, no venía de un marcador ajustado, sino del calendario.

Una muñeca bajo vigilancia

El origen de todo está en una zona maldita para muchos tenistas: la muñeca. En su caso, un problema que se considera tenosinovitis, inflamación de la vaina que protege el tendón en la parte interna. Un punto delicado en cualquier jugador; en alguien que genera tanta potencia con la derecha como Alcaraz, aún más.

Su derecha, esa que rompe ritmos y arrincona rivales, también castiga sin piedad la articulación. El riesgo de forzar demasiado pronto era alto. Y el margen de error, mínimo.

Por eso, el español ha tenido que aprender a convivir con la paciencia. Nada de heroísmos innecesarios. Nada de tirar una temporada por precipitar una semana. Hoy sigue luciendo una manga de compresión en el brazo ejecutor, una protección visible que recuerda que la historia de esta lesión todavía no se ha cerrado del todo, aunque él insista en que llega “genial” a la cita.

Vuelta al cemento… con Serena como prólogo

Antes de volver al fuego real del cuadro individual, Alcaraz ya sintió de nuevo la adrenalina de la pista en Flushing Meadows. Lo hizo en el US Open, pero en un contexto muy distinto: el dobles mixto, al lado de Serena Williams, leyenda con 23 títulos de Grand Slam individuales.

Ese regreso simbólico al cemento neoyorquino sirvió como puente emocional. Un primer contacto con la competición, con el ruido del estadio, con la sensación de volver a pertenecer al circuito, aunque todavía no se tratara de la exigencia brutal del cuadro masculino.

Ahora sí, llega lo serio. El defensor del título abrirá su campaña ante el ruso Roman Safiullin, un rival potente, incómodo, ideal para medir de inmediato cuánto le puede pesar la falta de ritmo competitivo. No habrá margen para esconder dudas: el partido promete examinar su muñeca, su físico y, sobre todo, su cabeza.

Preparación justa, fe absoluta

Alcaraz no maquilla la realidad: llega con menos rodaje del deseado. La preparación, en términos ideales, no ha sido perfecta. Demasiado tiempo sin competir, demasiado poco margen para encadenar torneos previos.

“Es muy exigente. Probablemente, en términos de preparación y de todo, no es el mejor momento”, admitió. Pero ahí se detiene el discurso conservador. A partir de ahí, sólo aparece la convicción.

“Mi equipo y yo creemos que estoy listo”, subrayó. Y sobre esa fe en su círculo más cercano ha construido su regreso. “Tengo que confiar en mi equipo, en mi gente, que me dice que todo va a ir bien. Sólo tengo que ir al 100%, y con los entrenamientos que he hecho hasta ahora, todo ha ido bien. Estoy intentando mantenerme alejado de cualquier miedo y estoy jugando normal”.

No es sólo una declaración de intenciones. Es una forma de blindarse ante la tentación de especular, de contenerse, de jugar con freno de mano. El mensaje interno es claro: o se compite sin miedo, o en un Grand Slam te pasan por encima.

El reto de defender la corona

La historia reciente del torneo añade otra capa de presión. Alcaraz no sólo vuelve de una lesión; vuelve para defender un título que ya ha levantado dos veces y que le ha visto ganar finales de alta tensión, como la del año pasado ante Jannik Sinner.

El cuadro, la pista, el ruido de Nueva York… todo le es familiar. Lo nuevo es la incógnita de su cuerpo tras una ausencia tan larga. Y ahí se jugará buena parte de su torneo: en cómo responda esa muñeca a la acumulación de horas, a los peloteos extensos, a los cambios de ritmo que definen su tenis.

Alcaraz asegura sentirse listo para maratones a cinco sets. Lo dice sin titubeos. Lo respalda con trabajo. Lo sostiene con confianza en los suyos. Ahora sólo falta la última validación, la única que cuenta en este nivel: la que otorga la pista, cuando la bola vuela, el reloj no se detiene y los pensamientos intrusivos ya no tienen sitio.

En Nueva York, donde ya se ha coronado dos veces, el reto es distinto: demostrar que la mente que venció a la lesión puede volver a gobernar también el cemento.