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Carlos Alcaraz se recupera y avanza en el US Open

Carlos Alcaraz tuvo que mirarse al espejo en la noche de Nueva York. El vigente campeón del US Open coqueteó con el abismo durante un set ante el portugués Jaime Faria, pero reaccionó con la autoridad de quien se sabe dueño del torneo. Remontó por 4-6, 6-0, 6-3 y 6-2 y dio otro paso en una edición que, de repente, se ha quedado sin varios de sus grandes colosos.

No fue una noche plácida. Fue una noche de respuestas.

Del golpe al orgullo

El inicio fue un aviso serio. Faria, número 72 del mundo, entró suelto, sin complejos, aprovechando cada duda del murciano. Alcaraz, 23 años, aún en pleno proceso de regreso tras una larga lesión en la muñeca derecha, tardó en encontrar el ritmo. Un break, un set perdido y un murmullo en las gradas: ¿está realmente listo para defender su corona?

El propio español lo admitió: fue un partido duro, marcado por su falta de tiempo para ejecutar en ese primer parcial. Pagó caro cada titubeo. Pero el punto de inflexión llegó cuando el marcador todavía no lo anunciaba.

En el primer juego del segundo set, con dos bolas de break en contra, Alcaraz se plantó. Salvó ambas con agresividad, sin esconder el golpe de derecha que tanto ha condicionado su regreso. Ese juego cambió el tono del duelo. Y, en realidad, cambió la noche.

A partir de ahí, solo hubo un dueño en la pista.

El campeón despierta

El 6-0 del segundo set fue una declaración. Alcaraz pisó la línea de fondo, mandó con el drive, subió a la red sin miedo. El cuerpo respondió, la muñeca no protestó y la confianza creció a cada intercambio. El tercer set, 6-3, consolidó la sensación: el campeón había vuelto al modo torneo grande.

En el cuarto, el marcador se deslizó hacia el 6-2 con una naturalidad casi cruel para Faria, que había firmado un arranque valiente y se encontró, de pronto, atrapado en una tormenta de tenis. El portugués, de 23 años, se vio superado en intensidad, en ritmo y en jerarquía.

Alcaraz, que ya había explicado tras su debut ante Roman Safiullin que se sentía “normal” en pista, insistió en la misma idea: no se está guardando nada con la derecha. En su cabeza, la lesión ya no puede ser una excusa. “Una vez que entro en pista, tengo que ir a por todas cada vez. Tengo que sentirme normal. Golpear como lo hacía antes de la lesión. Me siento genial. No hay razón para tener miedo ni para no pegar normal”, subrayó.

La victoria, más que un simple pase a tercera ronda, le sirvió como examen físico. Cuatro sets, casi tres horas de exigencia competitiva y un cuerpo que, de momento, responde.

Un test necesario

Tras un estreno sin sobresaltos, la gran incógnita era cómo reaccionaría su físico con solo dos días de margen. La respuesta fue contundente: aguantó la carga, mantuvo la intensidad y cerró fuerte. Él mismo reconoció que, lejos de lamentar no haber ganado antes, el partido largo le vino bien para probarse.

“Al final me di cuenta de que jugar cuatro sets fue muy bueno para mí, para poner a prueba todo físicamente, para probar mi cuerpo, cómo me siento y cómo me voy a sentir mañana después de este partido”, explicó.

El cuadro, sin embargo, no le va a regalar nada. A medida que avance, llegarán rivales de mayor rango que Safiullin y Faria, y el verdadero examen será encadenar partidos al mejor de cinco sets tras una ausencia tan prolongada. Ahí se verá si la muñeca y el resto del cuerpo aguantan la presión de un torneo que no perdona.

Lo que sí ha cambiado es el paisaje del torneo.

Un cuadro que se abre

Sin Jannik Sinner, lesionado, y con Novak Djokovic ya fuera de combate, el US Open pierde a dos de los grandes nombres del circuito. Y, inevitablemente, la mirada se dirige a Alcaraz. El cuadro se ha abierto, y el español empieza a verse con opciones muy reales de “llegar hasta el final” en un torneo que ya ha conquistado dos veces.

Su próximo obstáculo será Wu Yibing, número 113 del mundo, en la tercera ronda. Un rival peligroso si se le deja jugar, pero muy por debajo del nivel teórico que se espera en la segunda semana de un grande. El objetivo de Alcaraz será claro: seguir afinando sensaciones sin gastar más energía de la necesaria.

En el horizonte aparece también un posible cruce en octavos con Tommy Paul, otro de los nombres propios del día. El estadounidense, cabeza de serie número 20, avanzó con un sólido 6-2, 6-3, 5-7 y 6-4 ante el croata Dino Prizmic. Ahora se medirá a Alexander Bublik, 15º cabeza de serie, que arrolló al veterano francés Adrian Mannarino con un contundente 6-3, 6-1, 6-1.

Estados Unidos sueña con romper la sequía

La jornada dejó también señales claras del hambre local. Ben Shelton, octavo cabeza de serie, sigue alimentando el sueño estadounidense de ver a un campeón nacional por primera vez desde Andy Roddick en 2003. El zurdo se impuso en un duelo tenso a Hubert Hurkacz por 6-3, 5-7, 7-6 (7-3) y 7-5, apoyado en su servicio y en una agresividad que encaja a la perfección con el cemento neoyorquino.

Frances Tiafoe, dos veces semifinalista en el torneo y otro favorito del público, también dio un golpe de autoridad. Venció por 6-3, 7-6 (7-2) y 7-5 al japonés Rei Sakamoto, confirmando que llega con ritmo y confianza para volver a pisar la segunda semana.

No todos salieron vivos. El gran batacazo del día fue la derrota del español Rafael Jodar, 12º cabeza de serie, barrido por el chino Bu Yunchaokete, número 124 del mundo, por un inapelable 6-2, 6-1, 6-1. Un marcador que agitó aún más un cuadro ya revuelto.

Un torneo en manos de los valientes

Entre lesiones, sorpresas y caídas sonoras, el US Open se ha convertido en territorio para los que se atreven a mandar. Alcaraz ya ha dejado claro que no piensa esconder la derecha ni administrar esfuerzos. Quiere jugar como antes de la lesión. Quiere volver a reinar en Nueva York.

La pregunta es sencilla y brutal: ¿aguantará el cuerpo el ritmo que exige su ambición en un cuadro que, de repente, parece hecho a su medida?