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Coco Gauff y Elena Rybakina se enfrentarán en semifinales del US Open

Coco Gauff pasó de estar desbordada a desatada. De verse contra las cuerdas, a imponer su ley en la Arthur Ashe. Salvó dos puntos de partido, remontó un set en contra y acabó tumbando a Mirra Andreeva para meterse en las semifinales del US Open, donde le espera la nueva número uno del mundo, Elena Rybakina.

Marcador: 2-6, 7-6 (9-7), 6-2

Un primer set para olvidar

Durante 26 minutos, Gauff fue una espectadora más. Andreeva, descarada, precisa, sin complejos, la arrolló en un primer parcial que la estadounidense jamás logró siquiera agarrar con las manos. El 2-6 reflejaba una diferencia de ritmo y claridad de ideas que heló al público neoyorquino.

La cuarta cabeza de serie no encontraba el saque, no mandaba con la derecha y apenas podía imponer su velocidad de piernas. Andreeva, en cambio, jugaba suelto, cambiando alturas y direcciones, castigando cada bola corta.

Parecía una noche larga para la campeona de 2023.

El caos del segundo set y un ‘tie-break’ de nervios

El partido cambió de tono, no de orden. El segundo set fue un territorio de errores, rachas y dudas. Gauff logró romper el saque, pero Andreeva devolvió el golpe. Dos veces. Cada vez que la estadounidense parecía abrir una rendija, la rusa la cerraba de golpe.

La calidad dejó paso al pulso mental. Nadie dominaba de forma sostenida, pero Gauff, empujada por una grada claramente de su lado, se negó a soltar el partido. El set desembocó en un desempate de 16 puntos, una montaña rusa emocional.

Allí apareció la campeona. Gauff salvó dos puntos de partido, se sostuvo en los intercambios largos y apretó cuando tocaba. Cerró el ‘tie-break’ por 9-7 y la Arthur Ashe rugió como en las grandes noches. Andreeva, que había tenido la victoria al alcance de la mano, vio cómo el duelo se le escapaba de golpe.

Más tarde, Gauff reconocería que no estaba sola en esa remontada. Se inspiró en la reacción de su compatriota Frances Tiafoe ante Alex Michelsen la noche anterior. Ese espíritu de resistencia se trasladó a su raqueta.

Del sufrimiento al control

Con el partido ya igualado, el tercer set se convirtió en una cuestión de carácter. Y ahí, Gauff fue implacable. La estadounidense, ya liberada, empezó a dominar los intercambios, a encontrar ángulos, a mover a Andreeva de lado a lado. El marcador se inclinó con rapidez.

El 6-2 final reflejó una superioridad física y mental. La rusa, que había rozado la sorpresa, ya no encontró respuestas. Gauff, al contrario, se agrandó con cada punto, decidida a no dejar escapar una segunda vida.

El triunfo la coloca en sus segundas semifinales consecutivas de Grand Slam y en sus primeras en Nueva York desde aquel título de 2023. Con solo dos grandes en su palmarés, ya juega con la naturalidad de una veterana en las rondas finales.

No lo ocultó al hablar de la presión de la Arthur Ashe: “Queremos hacerlo bien delante de este público. Solo intentaba salir de la pista sin arrepentirme de nada”, explicó tras el partido.

Rybakina también remonta y ya espera

Al otro lado del cuadro, Elena Rybakina también tuvo que remar. La segunda cabeza de serie perdió su primer set en todo el torneo ante Zheng Qinwen, que se llevó el arranque por 6-3 y llegó a disponer de bola de ‘break’ en el set definitivo.

La respuesta de Rybakina fue la de una futura número uno. Ajustó el saque, endureció el golpeo y se adueñó del centro de la pista. Firmó un 6-1 en el segundo parcial y cerró el duelo con un 6-4 en el tercero, sin ceder más terreno cuando el partido se apretó.

El resultado, 3-6, 6-1, 6-4, la impulsa a unas semifinales que tienen aroma histórico: por primera vez desde Wimbledon 2009, las cuatro primeras cabezas de serie alcanzan las semifinales de un cuadro femenino de Grand Slam, después de que Aryna Sabalenka y Jessica Pegula sellaran su pase el martes.

Ahora, Gauff y Rybakina chocarán en una semifinal de alto voltaje: la campeona defensora ante la inminente número uno del mundo, en una Arthur Ashe que ya ha comprobado que Coco, cuando parece perdida, es más peligrosa que nunca.