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Coco Gauff: De la frustración a la confianza en el US Open

Hace un año, la imagen que perseguía a Coco Gauff en Nueva York era demoledora: sola bajo la lluvia fina en las pistas de entrenamiento del US Open, encadenando saques con gesto de frustración. El brazo encogido por la duda, la confianza hecha trizas, el golpe que debía sostener su tenis convertido en su mayor enemigo.

Doce meses después, la escena es otra. La misma ciudad, el mismo torneo, pero una Coco distinta. Más firme, más segura, con un servicio que ya no es un problema, sino el cimiento de su juego. Su victoria por 6-3 y 6-4 ante la turca Zeynep Sonmez en la primera ronda en Nueva York nació, sobre todo, desde la línea de saque.

Del yips al látigo

La transformación no ha sido casual ni suave. En la víspera del US Open del año pasado, Gauff tomó una decisión drástica: reordenar su equipo técnico y sumar a Gavin MacMillan, especialista en biomecánica, el mismo que ayudó a Aryna Sabalenka a domar sus propios fantasmas con el servicio.

Llegó a esa conclusión tras un torneo de Cincinnati plagado de dobles faltas. El saque ya no era solo un bache, era un agujero. Y tocar la técnica justo antes del Grand Slam de casa, con los focos del país entero sobre ella, era casi un salto al vacío.

El resultado fue un US Open tenso, con una eliminación en octavos de final y lágrimas sobre la pista. Gauff sabía que todas las miradas se clavaban en su servicio y sentía la presión de demostrar que la apuesta por MacMillan tenía sentido. En esas dos primeras semanas, el cambio apenas se vio. Normal, admite ahora. Pero entonces dolía.

Hoy el relato es otro. El saque sigue sin ser perfecto —todavía se le escapa alguna doble falta—, pero se ha convertido en un arma seria. MacMillan ha trabajado en detalles concretos: más estabilidad en el lanzamiento de la bola, evitar lanzarla demasiado hacia delante, muñeca más firme. Ajustes milimétricos que han dado un salto enorme en fiabilidad.

La prueba más reciente fue Cincinnati, esta vez con final feliz: título y datos que respaldan la sensación. Gauff saca más cerca de las líneas, mantiene la velocidad y gana precisión. No es una percepción, es una realidad medible.

Un inicio de torneo con autoridad

En Flushing Meadows, la nueva versión de su servicio se vio desde el primer punto. Gauff abrió el partido ante Sonmez con un juego en blanco que duró menos de 90 segundos. Un ace de 112 mph por el centro, un primer saque que no volvió y otro ace. Mensaje enviado.

En el primer set, cada vez que entraba el primer servicio, Sonmez apenas podía poner la raqueta. La número cuatro del mundo ganó el 93% de los puntos con primer saque en esa manga inicial. Con ese porcentaje, el resto del juego se simplifica: mandas tú, no la rival.

El segundo set trajo algo más de turbulencia. Gauff rompió de entrada para 1-0, pero el servicio perdió filo y Sonmez se agarró al partido. La turca igualó 2-2 y dispuso de tres bolas de break para adelantarse 4-2. Ahí apareció la Coco que no existía hace un año.

Primero, un ace preciso abierto. Después, un primer saque a 115 mph que ni tocó la raqueta de Sonmez. Juego salvado. Un juego que, por sensaciones, la Gauff de 2023 habría dejado escapar. Esa resistencia cambió el aire del partido.

El aguante al saque tuvo premio inmediato: ruptura para 4-3 y, a partir de ahí, cierre con autoridad. En el último juego al servicio, encadenó tres primeros saques sin respuesta, todos rozando las 120 mph, para fabricar tres bolas de partido. Sonmez cedió en la primera, tras un intercambio corto, sin encontrar ya respuesta ante la potencia y la convicción de la estadounidense.

Una mentalidad nueva desde la línea de fondo… y desde la línea de saque

La diferencia no es solo técnica, es mental. Gauff lo explica con claridad: hace un año se acercaba a la línea de saque con un deseo tímido, casi suplicante, de meter la bola dentro. Ahora sube con la idea de imponer, de ir a por el ace, de confiar en que, si impacta bien, el resto probablemente no volverá.

La estadística respalda esa sensación de dominio. La narrativa, también. Donde antes había miedo, ahora hay intención. Donde antes había lluvia y dudas, hoy hay sol y velocidad de crucero.

Con este triunfo, Gauff se instala en segunda ronda, donde le espera Paula Badosa o Daria Kasatkina. El cuadro aún es largo, el torneo apenas ha empezado, pero hay algo que ya ha cambiado de forma definitiva: en Nueva York, Coco Gauff ya no teme sacar. Disfruta haciéndolo. Y eso, para el resto del vestuario, es una noticia inquietante.