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El debate sobre el reloj de saque en el tenis tras el US Open

El US Open coronó a Alexander Zverev con su segundo título de Grand Slam consecutivo, pero la noche no terminó con el trofeo. Terminó con un debate. Uno que ya venía hirviendo y que Ben Shelton decidió encender del todo: el reloj de saque necesita un nuevo capítulo en el reglamento.

Zverev venció a Shelton por 6-3, 7-6 (7-2), 5-7 y 6-2 en la final masculina. Un campeón sólido, un tenis poderoso… y un ritmo que sacó de quicio a medio estadio. Cada punto parecía alargarse antes incluso de empezar. Botes y más botes de pelota. Miradas al cielo. Y el reloj, siempre al límite.

El hueco en la regla

La normativa es clara solo hasta la mitad del problema: 25 segundos entre punto y punto para iniciar el siguiente. El jugador debe comenzar el movimiento del primer saque dentro de ese margen. Hasta ahí, todo controlado.

El vacío llega después. Si el primer servicio es falta, la historia cambia. El reloj desaparece. No hay segundo cronómetro. Solo una frase elástica en el reglamento: el jugador debe sacar “sin demora”, a criterio del juez de silla. Traducido a la práctica: un margen enorme para ralentizar el juego entre primer y segundo saque.

Zverev recibió varias advertencias por tiempo tanto en la semifinal como en la final. Pero casi siempre ligadas al inicio del punto, no a lo que ocurría entre el primer y el segundo servicio. Ahí, su ritual de botes interminables se convirtió en un punto de fricción con aficionados, comentaristas… y rivales.

Shelton alza la voz

Shelton, finalista en Nueva York y una de las caras nuevas más potentes del circuito, no esquivó el tema en la rueda de prensa. Fue directo: hace falta un segundo reloj.

“En el primer saque deberías poder hacer lo que quieras y usar los 25 segundos completos cada vez”, explicó. Pero marcó una línea roja muy clara: “Tiene que haber algún tipo de regla que limite el tiempo en los segundos saques. No debería haber tiempo ilimitado. Es duro estar ahí sentado tanto rato esperando a que pase algo”.

El estadounidense no atacó a Zverev de forma personal. Apuntó al reglamento. A la estructura que permite que un jugador estire al máximo cada punto sin romper técnicamente la norma. Y, al mismo tiempo, puso voz a una sensación compartida en la grada: el tenis de élite no puede permitirse eternos paréntesis entre servicios, especialmente en partidos que acaban de madrugada.

Roddick, mismo diagnóstico, misma solución

Shelton no está solo. Andy Roddick lleva tiempo señalando el mismo agujero. El ex número 1, campeón del US Open y uno de los sacadores más temidos de su época, fue tajante en su podcast “Served”.

“Las reglas deben cambiar”, reclamó. Y fue muy preciso con el matiz: “Mientras lo haga dentro de los 25 segundos del reloj de saque, ¿qué vas a decir? Tiene que haber un reloj también para el segundo saque”.

Roddick apuntó al corazón del problema: “No puedes botar la pelota veintitantas veces entre primer y segundo saque. Y luego sorprenderte cuando terminamos a las 3 de la mañana. Simplemente no se puede”.

No hablaba un purista del ritmo, sino alguien que construyó buena parte de su carrera sobre el servicio. Si incluso un sacador histórico reclama recortar tiempos, el mensaje pesa más.

McEnroe va un paso más allá

En la cabina de ESPN, John McEnroe vio la final con la misma incomodidad que muchos aficionados. No solo por la duración de los rituales, también por la cantidad de lanzamientos de pelota abortados por Zverev.

Para el estadounidense, ahí hay otra frontera que el tenis debería revisar. “Esto debería entrar en el reloj de saque”, protestó en directo. Señaló una acción concreta: el reloj marcaba dos segundos cuando Zverev lanzó la pelota al aire. El alemán abortó el gesto. Para McEnroe, el veredicto era simple: “Debería ser falta”.

Su hermano Patrick McEnroe añadió una perspectiva desde el otro lado de la red. Para él, el restador también debería tener un margen de defensa psicológico: “Cuando un tipo está haciendo esto (botar la pelota tantas veces), como restador deberías poder apartarte justo antes de que saque”.

Ambos coincidieron en algo esencial: la dinámica actual coloca al restador en una especie de trampa mental. Obliga a sostener la concentración durante una espera que, a ese nivel de presión, se hace eterna.

Khachanov, molesto pero resignado

Karen Khachanov, derrotado por Zverev en semifinales, también dejó claro que el asunto no es una manía aislada. Es un tema de vestuario. El ruso admitió que la forma de sacar del alemán no solo le molesta a él.

“Su bote de pelota molesta, no solo a mí sino a otros jugadores del circuito”, reconoció. “Tarda muchísimo tiempo”.

Sin embargo, Khachanov también dibujó el límite actual de la protesta. Mientras Zverev se mantenga dentro de los 25 segundos entre puntos, la queja se estrella contra el reglamento: “Al final del día, si está dentro de las reglas con el tiempo entre puntos, no puedo decir nada en contra. Si se pasa del tiempo, recibe una violación de tiempo, así de simple”.

Es precisamente esa resignación la que alimenta el debate. Los jugadores sienten la incomodidad, pero el reglamento les deja poco margen para reclamar. De ahí que la presión se desplace hacia los organismos que regulan el circuito.

¿Hacia un nuevo reloj de saque?

La noche de la final dejó un campeón, un subcampeón y una pregunta abierta: ¿puede el tenis moderno seguir conviviendo con un segundo saque sin reloj?

Shelton pide un cronómetro específico. Roddick también. Los McEnroe reclaman ajustes aún más estrictos. Khachanov describe la molestia desde dentro del vestuario. Y el público, cada vez más impaciente, deja claro con sus reacciones que el espectáculo sufre cuando el juego se diluye entre botes y pausas.

Zverev levantó el trofeo en Nueva York. Pero quizá, sin quererlo, también haya encendido la mecha de la próxima gran reforma del reglamento. La siguiente pelota, esta vez, está en el tejado de los dirigentes.