Elena Rybakina alcanza la final del US Open tras una remontada
En el marcador ya figuraba un set abajo, pero Elena Rybakina aún no había aterrizado de verdad en el Arthur Ashe Stadium. Mientras tanto, Coco Gauff volaba. Cubría cada centímetro de la pista acrílica, se alimentaba del rugido de las 22.000 personas en la grada y jugaba como si quisiera devorar a la kazaja. Rybakina, en cambio, estaba irreconocible: desbocada desde el fondo, sin control en los golpes y con su saque, ese arma que suele marcar la diferencia, completamente apagado.
Pero nadie llega a la cima del tenis profesional sin saber sobrevivir a los días malos. Ahí emergió la otra Rybakina, la que no siempre se ve en los resúmenes: fría, obstinada, capaz de desmontar un vendaval a base de soluciones. Desde ese pozo del primer set construyó una remontada de manual para imponerse por 3-6, 6-4, 6-4 y alcanzar su primera final del US Open.
Una campeona que gana sin jugar perfecto
Seis partidos después, Rybakina sigue sin desplegar su mejor tenis en Nueva York. Ni un encuentro redondo, ni una exhibición completa. Pero ahí está: en la final. Su avance por el cuadro habla menos de brillantez y más de madurez competitiva. Es ya su cuarta final de Grand Slam, la tercera en pista dura desde que levantó su primer grande en Wimbledon 2022. Tardó cuatro años en sumar su segundo major; ahora se ha colocado a un paso de cerrar una temporada con dos grandes en la misma campaña.
Este US Open ya era, antes de las semifinales, uno de los torneos más significativos de su carrera. Llegó a Nueva York con una oportunidad dorada: asaltar el número 1 del mundo. Lo hizo arrastrando una inquietante lesión en el tendón de Aquiles y con un historial discreto en Flushing Meadows. Aun así, siguió avanzando ronda tras ronda, sin estridencias, pero sin ceder terreno.
El gran golpe llegó en cuartos, cuando certificó el liderato del ranking con una tensa victoria ante Zheng Qinwen. Podía haber caído en la autocomplacencia. No lo hizo. Dejó claro que el objetivo no era el puesto en la clasificación, sino el trofeo. Y ahora se jugará el título ante la jugadora con la que ha compartido el pulso de la temporada: Aryna Sabalenka, la número 1 saliente, en una reedición de la final del Australian Open que ya ganó la kazaja.
Gauff, traicionada por su derecha
Para Coco Gauff, esta semifinal era un examen en el mismo escenario donde, hace un año, su servicio la llevó al borde del llanto. Paradójicamente, el saque fue lo que menos la condenó esta vez. El problema vino de la derecha, el golpe que siempre ha sido su frontera. Firmó 15 errores no forzados con ese lado y la técnica no aguantó la presión constante de una de las pegadoras más feroces del circuito.
El contexto era histórico: por primera vez en 51 años, las cuatro primeras cabezas de serie alcanzaban las semifinales del cuadro femenino del US Open. No ocurría algo así en un grande desde Wimbledon 2009. Una foto nítida de la fortaleza de la élite actual. Y, sin embargo, dentro de ese grupo, el duelo entre la número 2 y la número 4 todavía era una rareza. Hasta el mes pasado, en el Canadian Open, solo se habían cruzado una vez. Allí también ganó Rybakina en tres sets tras remontar.
Gauff llegaba a la penúltima ronda con dudas recientes. En cuartos, ante Mirra Andreeva, había tenido que salvar dos bolas de partido y convivir con 12 dobles faltas. El servicio tembló entonces, pero en el primer set contra Rybakina respondió. Sacó bien en los momentos clave, se sostuvo con su defensa y obligó a la kazaja a pegar siempre un golpe más. Así se llevó la manga inicial, empujada por el público y por la sensación de que el plan funcionaba.
El giro del partido
El problema para Gauff es que Rybakina no se resigna nunca a ser un blanco estático. En el segundo set cambió el mapa del duelo. Empezó a buscar más ángulos, a abrir la pista con el revés cruzado y a sacar a Gauff de su zona de confort. Los golpes, al principio descontrolados, comenzaron a encontrar línea. En un suspiro, la kazaja mandaba 4-1.
No fue un set limpio. Hubo errores a ambos lados de la red, puntos trabados, rachas y frenazos. Pero la diferencia se concentró en ese viejo talón de Aquiles de Gauff: la derecha. Cada vez que Rybakina la arrinconaba sobre ese lado, la estadounidense se encogía. Con 4-5, Gauff firmó su peor juego al servicio del partido: tres errores de derecha y una doble falta. Regalo de set. Y cambio total de inercia.
La tercera manga trajo, por fin, a la Rybakina del saque demoledor. Dos aces estruendosos para cerrar el juego del 2-1 fueron el aviso. A partir de ahí, sus turnos de servicio se convirtieron en un muro. Saques planos, segundos agresivos, puntos cortos. Con la kazaja blindada al saque, la presión se trasladó por completo al otro lado de la red.
Con 2-3, Gauff encaró dos bolas de break en contra. Se sostuvo con orgullo, encontró primeros servicios y escapó a 3-3. Pero el margen era mínimo. En el 3-4, cedió el saque. Rybakina se plantó en la línea de fondo para servir por el pase a la final.
Resistencia y zarpazo final
Gauff, fiel a su carácter, se negó a desaparecer. Con 3-5 y 30-30, conectó un passing de revés cruzado perfecto, un latigazo que levantó al estadio y le abrió la puerta del break. Se puso 4-5, otra vez con vida, otra vez empujada por la grada.
El impulso duró un suspiro. Rybakina hizo lo que viene haciendo todo el año: sacudirse la decepción en un par de segundos y volver a atacar. Se metió dentro de la pista, restó agresiva, fue a por las líneas. No esperó el error, lo provocó. Le arrebató de inmediato el servicio a Gauff y cerró el partido con un juego de devolución que sonó a declaración de intenciones.
La nueva número 1 del mundo jugará su primera final en Nueva York frente a la número 1 saliente. Rybakina contra Sabalenka, otra vez, ahora en el escenario más grande del tenis. Una rivalidad que ya marca la temporada se asoma a su capítulo más ruidoso. Y la pregunta, a estas alturas, ya no es si Rybakina puede ganar otro grande, sino cuántos más está dispuesta a coleccionar.




