Everton remonta con polémica y deja a Lampard furioso con el VAR
Thierno Barry firmó un doblete, Kiernan Dewsbury-Hall puso la puntilla al final y Everton acabó volteando un partido que Coventry había encarrilado tras el descanso. El 3-1 en Goodison no solo deja a los locales instalados en la quinta plaza. Deja también a Frank Lampard con la sensación de haber peleado contra algo más que once futbolistas.
Un partido que se rompe… y un penalti que nunca llegó
Coventry salió valiente, serio, ordenado. El plan funcionaba. Tras el descanso, Yann Gboho culminó esa buena puesta en escena y adelantó a los visitantes. El golpe silenció el estadio y reforzó la idea de que el guion podía girar del todo.
Pero para Lampard, el partido ya venía torcido desde bastante antes.
En la primera parte, James Tarkowski se enredó con Caleb Yirenkyi dentro del área. El central de Everton, en el salto, tiró del pelo del atacante de Coventry. Stuart Attwell lo vio, escuchó las protestas y dejó seguir. Nada de penalti. Nada de revisión que cambiara su decisión.
La norma sobre los tirones de pelo se ha relajado esta temporada: no todo contacto implica falta ni, mucho menos, tarjeta roja. Se valora la fuerza excesiva, la intención, el contexto. Aun así, Lampard no compró la explicación.
“Dicen que no es suficiente tirón”, lamentó el técnico. “Has decidido que es un tirón, pero no lo bastante. Si la regla dice que es falta, para mí es falta”.
No pedía una expulsión. Pedía un penalti. Y un punto de apoyo en un partido que ya se le empezaba a escapar de las manos.
La sensación, viendo las repeticiones, es clara: el movimiento del brazo de Tarkowski hacia el pelo de Yirenkyi existe. No hace falta violencia para que sea pena máxima. Solo que sea falta. El VAR, con Timothy Wood al mando, no intervino. Y Coventry se quedó con la duda clavada.
El filo del área y otra acción al límite
Nada más arrancar la segunda parte, otra jugada gris. Taiwo Awoniyi encaró y Vitalii Mykolenko llegó tarde. Contacto, caída, el área como frontera.
Lampard lo vio nítido: “Taiwo para mí, en la línea del área, es penalti. Hay que pitar la falta en tiempo real”. El árbitro dejó seguir. El VAR revisó. Las cámaras alineadas con el borde del área señalaron que el toque se producía fuera. Ahí el videoarbitraje no puede subir el listón para un simple libre directo. O es penalti claro o no entra.
Todo quedó en nada. Una acción que, dentro del área, habría generado otra tormenta. Fuera, se perdió entre la secuencia de decisiones que iban cayendo del mismo lado.
Barry, mano o milagro
El partido cambió de verdad cuando Thierno Barry decidió adueñarse del marcador. Primero, empató. Después, llegó la jugada que incendió definitivamente a Coventry.
En su segundo gol, el balón pareció rozar el brazo del delantero antes de entrar. El gesto, la trayectoria, esa mínima desviación que tantas veces ha bastado esta temporada para anular un tanto. No esta vez.
El VAR revisó la jugada y Wood dictaminó que no había pruebas concluyentes de mano. Gol válido. Protestas visitantes. Y una comparación inevitable: otros tantos sí se han anulado por situaciones muy similares, como aquel de Nottingham Forest ante Tottenham.
Lampard fue directo: “Lo de Barry es mano. He oído que dicen que no toca, pero he visto un ángulo donde la última acción es con la mano. El VAR está para eso”.
Para él, la imagen muestra un toque que cambia la dirección del balón y lo lleva a la red. Para el videoarbitraje, no había certeza suficiente para tumbar la decisión de campo.
Al otro lado, David Moyes defendió a su delantero: negó cualquier mano de Barry y, de paso, apuntó a la confusión que sigue rodeando a la norma del tirón de pelo. El técnico escocés, aun beneficiado por el criterio, calificó de “ridícula” la existencia misma de esa regla tal y como está redactada.
Tres decisiones, una misma dirección
Entre el tirón de Tarkowski, el pisotón de Mykolenko y la posible mano de Barry, el balance es claro: tres jugadas de VAR, dos en las que Coventry tiene motivos de sobra para sentirse perjudicado y una tercera que, como mínimo, admite debate.
Lampard lo resumió con resignación contenida. No reclamó que le dieran las tres. Aceptó que alguna pudiera caer del lado local. Pero dejó una idea flotando: con que una o dos hubieran ido en sentido contrario, el partido habría sido otro.
La realidad de la tabla es fría. La derrota deja a Coventry en el puesto 16 de la Premier League, mirando más hacia abajo que hacia arriba. Everton, en cambio, se instala en la quinta plaza con la inercia de un equipo que sabe sufrir y golpear cuando el rival se descompone.
La pregunta, mientras tanto, queda en el aire: ¿cuántas noches como esta puede permitirse un equipo que lucha por no caer al abismo antes de que la frustración pese más que los puntos?



