Jornada dorada para el tenis australiano en Nueva York
En Flushing Meadows se vivió una de esas jornadas que cambian el pulso de un país tenístico. James Duckworth, Alexei Popyrin, Kim Birrell, Maya Joint y Taylah Preston firmaron un arranque de US Open que roza lo histórico: cinco australianos en segunda ronda y un botín conjunto que ya asciende a 1,325 millones de dólares australianos… con margen para engordar la cifra.
Duckworth derriba a un cabeza de serie
El golpe más estruendoso lo dio James Duckworth. Sin focos previos, sin rótulo de favorito, el australiano tumbó al cabeza de serie número 30, Matteo Arnaldi, semifinalista de Roland Garros, con una remontada de carácter: 5-7, 6-3, 6-2, 7-6 (10-8).
Perdió el primer set, pero no el pulso. Ajustó el saque, se adueñó de los intercambios largos y fue desarmando al italiano hasta llevarlo al límite en un desempate agónico. Allí, la fe y la racha de buen juego que arrastra desde hace semanas hicieron el resto. El “underdog” australiano se ganó, por juego y por temple, un sitio en la conversación del torneo.
Popyrin vuelve a la vida ante Dimitrov
Si lo de Duckworth fue un batacazo, lo de Alexei Popyrin no se quedó atrás. El número 130 del mundo, castigado por lesiones y una racha negra de resultados, se plantó en la pista para medirse a Grigor Dimitrov, ex número 3 del ranking y habitual de las rondas finales de Grand Slam. Salió tocado del primer set, 3-6. No se hundió.
Desde el segundo parcial cambió el guion. Más agresivo, más suelto, más fiel a su tenis directo, Popyrin encadenó tres sets impecables: 6-3, 6-2, 6-2. Neutralizó el revés del búlgaro, castigó su segundo saque y se permitió un lujo que parecía lejano hace unos meses: volver a celebrar una victoria en un grande. El resultado no solo lo mete en segunda ronda; lo reinstala en el mapa.
Birrell, del punto de partido en contra al desahogo
La historia más sufrida del día la escribió Kim Birrell. La número 71 del mundo se vio al borde del abismo ante Petra Marcinko. Perdió el primer set 3-6, se enredó en un segundo parcial tenso, plagado de nervios, y terminó salvando una bola de partido antes de forzar el “tie-break”. Lo ganó 7-4 y se ganó algo más que un set: se compró una noche de incertidumbre.
La lluvia interrumpió el encuentro y lo empujó a la reanudación al día siguiente. Con el duelo suspendido, la mente no descansa. Birrell volvió a la pista con la mochila de tres derrotas seguidas en estrenos del US Open (2023, 2024 y 2025) y la sensación de que esta vez no podía dejar escapar la oportunidad. No la dejó. Cerró el partido con un sólido 6-3 en el tercero y firmó por fin su primera victoria individual en Nueva York.
El premio no es solo emocional. Con la segunda ronda asegurada, Birrell se garantiza 265.000 dólares australianos, un impulso que llega en un momento muy personal. Se casará a final de año con su entrenador, Matt Fraser, y no ocultó que ese cheque tendrá destino muy concreto: un poco de luna de miel, muchas flores y, sobre todo, la hipoteca.
Joint se rebela y Preston abre el camino
La fiesta australiana no se detuvo ahí. Maya Joint se levantó tras un mal inicio ante Liudmila Samsonova, jugadora mejor situada en el ranking, y dio la vuelta a un partido que parecía torcido. Perdió el primer set 3-6, pero encontró ritmo y confianza para imponerse 6-2, 6-2 en los dos siguientes.
No fue solo una victoria de marcador. Fue una declaración de resistencia después de un inicio de 2026 para el olvido. En la Arthur Ashe no jugaba, pero el eco de su triunfo se sintió igual: Australia tiene otra raqueta en plena reconstrucción.
La primera en abrir el camino había sido Taylah Preston, que ya el lunes había asegurado su pase a la segunda ronda. Su triunfo, sumado a los de Duckworth, Popyrin, Birrell y Joint, completa una estadística que habla por sí sola: cinco australianos en segunda ronda tras los dos primeros días de competición. Cinco cheques de 265.000 dólares australianos y un horizonte que invita a soñar con tercera ronda y más allá.
No todos, claro, encontraron la puerta abierta. Rinky Hijikata chocó con el tercer cabeza de serie, Felix Auger-Aliassime, y cayó en cuatro sets. Aleksandar Vukic se dejó el alma en un maratón a cinco mangas frente a Rei Sakamoto, también interrumpido por la lluvia, y terminó despidiéndose por detalles. El día, sin embargo, se inclinó claramente del lado australiano.
Alcaraz vuelve como campeón, Sabalenka no afloja
Mientras la armada australiana celebraba, el cuadro masculino vio regresar a uno de sus gigantes. Carlos Alcaraz, defensor del título, volvió a la acción tras cuatro meses fuera por una lesión de muñeca y lo hizo con una autoridad que despeja dudas: 6-4, 6-4, 6-4 ante Roman Safiullin.
El español llevaba cinco meses duros, lejos de la competición, y eligió el escenario más grande para su regreso: Arthur Ashe Stadium. Superó su primer examen sin ceder sets, con la mezcla habitual de potencia, imaginación y una serenidad impropia de su edad. Para él, no es un torneo más; es el lugar donde ya sabe lo que es levantar el trofeo.
En el cuadro femenino, Aryna Sabalenka arrancó su intento de triplete en el US Open con la frialdad de las campeonas que conocen el camino. Venció 6-2, 6-4 a Camila Osorio, en un partido en el que la colombiana ofreció resistencia, pero nunca logró descolocar del todo a la segunda cabeza de serie.
Sabalenka mantuvo su sello: agresiva, dominadora, decidida a cerrar rápido cada punto. Reconoció el esfuerzo de su rival, que la obligó a trabajar en cada intercambio, y se marchó de la pista con la sensación de haber cumplido el primer objetivo: avanzar sin desgaste excesivo y sin ceder sets.
En una sola jornada, el US Open recordó por qué es el Grand Slam más ruidoso, más imprevisible, más eléctrico. Australia encontró motivos para ilusionarse con una generación que golpea fuerte, mientras Alcaraz y Sabalenka reafirmaron sus credenciales de aspirantes al título.
La pregunta, ahora, no es si esta oleada australiana ha sido un simple destello. La cuestión es hasta dónde pueden llegar cuando la presión, el ruido y las noches largas de Nueva York se vuelvan todavía más intensos.




